Miércoles, diciembre 07, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: JULIO 24 DE 2014

¡El Reino está, existe! Y es delicadamente sutil, paciente y amoroso.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo cargado de bendiciones para cada uno y mi deseo constante que el Reino de los cielos, Jesús, sea de verdad el tesoro que, encontrado, nos impulse a tomar decisiones radicales en la vida.

El domingo nos encontraremos con unas parábolas, las últimas de este discurso que nos hablan del Reino y de lo que éste puede generar en las personas que lo encuentran (Mt. 13, 44-52)

El Reino de los cielos genera grandes cosas en la persona que realmente se propone quedarse con él y en él; en la persona que siente que el Reino le pertenece.
El Reino tiene su valor propio, su grandeza, su realidad y quien se encuentra con el Reino, quien lo encuentra, sabe que pueda dejar todo, vender todo, arriesgarlo todo por el Reino de los cielos.

Todos sabemos lo que es un tesoro, aunque pueda variar el contenido dependiendo de nuestros gustos e intereses. El tesoro existe, hemos oído hablar, nos ha cautivado y es por eso que muchos se atreven y salen a buscarlo, a su encuentro. Así mismo es el Reino. Existe, está ahí como agua para el sediento, como pan para el hambriento, como gracia para el pecador, como fuerza para el débil, como salvación para el condenado, como amor para el que es odiado.

El Reino está, existe para quien busca un cambio de vida, para quien quiere paz para sí y para el mundo, para quien busca posibilidades, para quien quiere darle razón al bien que hace. Existe para quien sueña con el perdón, con la reconciliación, con el servicio. ¡El Reino está, existe! Y es delicadamente sutil, paciente y amoroso. Tiene su tiempo.

Hay que buscar, hay que salir, hay que caminar, hay que pescar. Y es que el Reino es como la luz, alumbra aunque muchos quieran caminar en tinieblas; el Reino es levadura para quien quiere un buen pan. El Reino fermenta, hace crecer en dignidad engrandeciendo a los humildes, dando entendimiento a los ignorantes del mundo y abrazando y perdonando de corazón a quien ha fallado.

El Reino es una semilla para quien quiere llenar la vida de frutos; es un grano de mostaza para quien sueña con acoger y abrigar. El Reino de los cielos es todo. Jesús es todo; el Reino es la paz, la alegría, la bondad. El Reino es lo que seguramente muchos andábamos buscando fuera de nosotros mismos y fuera de Cristo y ahora sabemos dónde está y cómo nos habita. El Reino es Jesús quien llena de vida y de esperanza la vida. Hay que entrar al Reino que nos habita. Ser más profundos para comprender y vivir nuestra inmensidad.

Por Jesús hay que vender, hay que dejar, hay que pescar. Tenemos, por el Reino, que renunciar a tantas cosas que no son el Reino o no lo son en plenitud. El Reino cuesta tus otros tesoros, tus otras perlas. El Reino implica tiempo, discernimiento y comenzar en la vida a elegir lo que realmente te conviene: los mejores peces. Hay que sacar las cosas buenas del baúl; sacar a Jesús para que Éll reine plenamente en la vida.

El Reino genera alegría, te cambia la vida. Por eso será que sigue estando ahí, como propuesta y como reto para una humanidad que sueña con cosas grandes, de mucho valor. Y el Reino seguirá estando ahí como el camino seguro que transformando el corazón del ser humano enriquece y da el valor pleno y real a la vida de los demás. Y es que el Reino está en mí y en ti y en los demás como el gran tesoro por el que vale la pena luchar.

Demos a conocer el Reino, la gente busca lo que el Reino ofrece, lo que el Reino tiene, por eso hay que salir, predicar, hablar y sobre todo enamorar de Jesús.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd