Domingo, diciembre 04, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: JULIO 18 DE 2013.

El bien, sin experiencia espiritual, sin oración se nos puede convertir en una expresión de egoísmo.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien para el fin de semana y que el estar en casa, con la familia, sea la oportunidad también para acoger al Señor, sentarnos a sus pies y servirle con amor en cada una de las personas con las que nos encontraremos.

Marta y María son dos hermanas, muy conocidas por nosotros (Lc. 10, 38-42)
Eran las hermanas de Lázaro. Se conocen con Jesús el día que él llega al pueblo y Marta lo recibe en su casa. Ella está inquieta se preocupa porque el Señor se sienta bien atendido. Está nerviosa. María se encarga de escuchar al invitado que tiene mucho para contar, para enseñar.

Marta y María somos todos aquellos que invitamos al Señor a que venga a nuestra casa, que comparta nuestra vida, que encuentre un lugar donde pueda descansar. Nuestra casa debe convertirse en un lugar de encuentro, de servicio, de escucha de la Palabra. En la casa hay que dejar espacio para la Palabra. Ser capaces en los momentos de agobio, de nerviosismo, de sentarse y ponerse a los pies del maestro.

Jesús siempre tiene algo para decirnos, para enseñarnos y las preocupaciones de la vida, las tareas de cada día no nos pueden hacer perder el rumbo. Lo más importante es construir sobre la Roca todo lo que hacemos. Sigue siendo importante una vida interior fuerte; una espiritualidad que nos haga entender que aunque el servicio canse y agobie es también una manera de servir y de acoger al Señor que llega a la casa.

Estamos siendo invitados a que escojamos la mejor parte, que no es no hacer nada, sino saber, a la luz de la Palabra, hacer las cosas. Seguro que a los pies del maestro, en la escucha de la Palabra conseguiremos la paz que no se pierde en el mucho qué hacer ni se agota en el mucho cansancio.

Jesús es Palabra. Él tiene palabras de vida eterna y por eso si le entregamos a él nuestra vida, si hemos creído en él y ahora nuestra vida es cristiana, debemos volver sobre su Palabra que es viva y eficaz, que tiene autoridad y que expresa el querer de Dios. La Palabra le da solidez a lo que hacemos, nos sana y nos invita a cambiar. La mejor parte es la Palabra porque desde ahí se toman las decisiones que más convienen en la vida para ganar la vida eterna.

El problema no son los oficios, el mucho trabajo, el servicio. El problema es llegar a agobiarnos de tal manera que el servicio se convierta en una carga tan pesada que ya no se le encuentre sentido desde el amor a lo que se hace. El problema es que el bien, sin experiencia espiritual, sin oración, sin encuentro con Jesús, se nos puede convertir en una expresión de egoísmo o de narcisismo o de atadura y esclavitud.

La enseñanza de Jesús tiene que convertirse en nuestro patrimonio y debe penetrar de tal manera nuestro ser que nada ni nadie nos la pueda quitar. Que la Palabra sobre la que construimos la vida de fe sea la razón de las cosas que hacemos porque en esa Palabra está expresado el amor que nos redime.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd