Miércoles, diciembre 07, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: JULIO 17 DE 2014.

Somos la buena semilla

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo y los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que con amor paciente sigue llenando nuestra vida de oportunidades.

El mal aparece cuando menos lo esperamos, el mal nos acecha. En la vida hay personas que quieren nuestro mal. Y conscientes de eso no hay que desesperarse, todo tiene su tiempo y su momento y al final, el día de la cosecha triunfará el bien, la verdad, el reino. Hay que ser fuertes. Hay que vivir en una profunda experiencia de Dios que será lo único que nos hará maduros ante las constantes asechanzas del mal y las inoportunidades de nuestros enemigos. Saber y creer que Dios nos ama, nos protege y nos hará justicia esa tiene que ser nuestra fuerza. Esa fuerza interior que Jesús llama mansedumbre y nos hará poseedores del reino.

Nuestro modelo es el mismo Padre Dios que es paciente con todas las creaturas, que a todos trata con amor. Que hace llover sobre justos e injustos, sobre buenos y malos y es que la paciencia es fruto del amor. El que ama no se cansa de esperar ni mucho menos de llenar de oportunidades al ser amado cuando este falla o se equivoca.

Vemos, solemos ver, mucho cuando las otras personas se equivocan o son malas, pero nos falta agudizar la vista para asumir los errores cuando nos equivocamos. Somos impacientes cuando alguien nos hace el mal pero pedimos paciencia, en cambio, cuando somos nosotros los que fallamos. Duros y exigentes con el pecado del otro, benévolos y suplicantes de bondad y misericordia frente a nuestro propio pecado.

¡Que con los demás se aplique la justicia y con nosotros la misericordia!

No podemos impacientarnos cuando en este proyecto del reino, del cual somos partícipes, protagonistas, tantas personas están comprometidas unas en serio y otras no tanto.

Este proyecto, que lo encontramos en el Evangelio ha tenido y sigue teniendo muchos enemigos que no valoran la verdad propuesta por el reino. Propuestas de justicia, de servicio, de amor.

Un proyecto que defiende la vida, la verdad. Un proyecto que tiene como causa la redención del pobre y la pobreza. Un proyecto que habla de visitar, ayudar, liberar. De nada de odios ni de venganzas. Un proyecto con estas propuestas obviamente genera enemigos porque muchas personas albergan en su corazón solo egoísmo, envidia, rencor. Hay gente que se declara, de entrada, enemiga del reino porque eso de ser pequeño, de no buscar los primeros puestos, de no querer someter o tiranizar, no va con ellos. Este proyecto no es de tanta gente aunque se digan, indignamente que son cristianos.

Y es que el reino, la experiencia de Dios, por ser de amor y del corazón, es de silencio, de prudencia, de ir tocando corazón por corazón. Es un proceso de limpieza, de purificación interior. El reino de los cielos no transforma con el poder de las armas o del miedo como lo quieren imponer muchos estados o líderes religiosos. El reino de los cielos se construye, desde la Palabra revelada, con el ejemplo de la vida.

Los frutos del reino se esperan con paciencia pero no porque en muchos se pierda se deja de sembrar. Se esperan con misericordia y no porque muchos no cambien se deja de perdonar. Se esperan con amor aunque a ratos el amor exija entregar la vida.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd