Viernes, diciembre 09, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: JULIO 16 DE 2015

Y ahora de nuevo con Jesús


Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo que lleva los mejores deseos de paz y bien para el fin de semana y que Dios nos conceda poder descansar en su amor y en su bondad.

En el texto del Evangelio de Marcos (6, 30-34) que encontraremos en la liturgia de la Palabra del próximo domingo Jesús invita a sus discípulos a descansar un poco después que han regresado de la misión a la que los había enviado.

Todo da a entender que fue una misión de mucho trabajo; hicieron cosas y enseñaron y ahora vuelven a Jesús que los escucha. Todo lo hecho por los apóstoles estaba en la fuerza del envió; ellos habían ido con el poder que Jesús les dio; todo los hecho fue todo por el Reino. Los días pasaron, al parecer nada les hizo falta  y ahora están de nuevo con Jesús. Llegó el momento de evaluar, de recoger lo más significativo de la experiencia; de tomar fuerzas y seguir adelante.

Así es nuestra vida. Un ir y volver. Un entregarlo todo; entregarse todo a la causa del Reino y luego regresar al origen, a la meta, a Jesús que nos llena de fuerza, de sabiduría, de sus dones que nos hacen capaces de volver a partir sanos, sin heridas ni cansancios. Jesús restaura nuestra fuerza.

Es importante que en la vida nosotros aprendamos también a darnos y a recogernos; a hablar y a silenciarnos; a ir y volver. Salir de lo interior y saber regresar. Tener un punto de referencia desde el corazón siempre será importante. Volver a dónde eres amado y salir para amar. Todos tenemos necesidad de no perder la fuente, de no olvidar el origen. Dios está al origen de lo que somos; el amor es lo que le da sentido a nuestras partidas y entregas y donaciones y amores pero también es el que más hay que cuidar y el que más necesita de un ir y volver. Sin Dios acabamos creyendo que lo damos todo cuando en verdad no damos nada. Sin Dios damos un amor que cansa y se cansa; nos entregamos más por amor propio que por amor a los demás; servimos más por la recompensa que por la convicción de haber sido enviados a hacer el bien. De Dios hay que salir para darse y a Dios hay que volver para recuperarse.

Dios es compasivo:

Marcos 6,30-34 nos hace ver que la compasión de Jesús hacia los demás comienza por los suyos; los discípulos son los primeros y más cercanos “otros” a quienes servir, a quienes darse. Él los ve cansados y se los quiere llevar a un lugar apartado de la gente, del ruido: se compadece, es decir, se hace uno con ellos y los anima y conforta. Jesús se compadece de los suyos y de la multitud. Sabe del cansancio de la gente que lo busca. Sea la razón que sea; sean variados los motivos de la búsqueda de la gente y lo que les motive a encontrar a Jesús en cualquier sitio, Jesús sabe que tienen hambre de Palabra, que quieren escuchar y saber de Dios, que necesitan milagros pero también paz en el corazón. La multitud busca líderes, pastores, maestros y en esa necesidad van a donde sea necesario. Esto lo deberían entender muchos de nuestros líderes religiosos. Nos falta pastoreo, cuidar a las ovejas y calmarles el ansia con la que viven su propia fe. Hay necesidad de anunciar  la conversión y no de amenazar; hay necesidad de hacer milagros, de sanar y de liberar; hay necesidad de enseñar. Jesús está congregando a las ovejas en torno a su palabra y a su amor. Les da seguridad y paz. Jesús apacienta a las ovejas, las cuida y sobre todo siente compasión de las mismas Esa misma compasión a la que nosotros estamos invitados en el trato con los demás.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd