Viernes, diciembre 02, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: JULIO 10 DE 1014

Jesús sale a sembrar y en su caminar encuentra, conoce, llama, sana, libera, perdona...

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor que nos invita a acoger el don de la Palabra de Dios y que espera produzca, en nosotros, los frutos para la vida eterna. Esa Palabra que nos conforta y nos ayuda a comprender los momentos que vamos viviendo día a día.

Cada uno de nosotros, para Dios, tiene posibilidad de dar frutos. Somos tierra fértil, fecunda. Esta tierra que es nuestro cuerpo; este cuerpo que es nuestra oportunidad de relacionarnos con los demás, es cuidado por Él. Somos la tierra que Dios enriquece con el don de su Espíritu, tierra que acoge la Palabra y de la que Dios y el mundo, esperan los frutos.

Jesús sale, recorre nuestras ciudades. Jesús nos invita a caminar con él, a que demos frutos.

Jesús sale a anunciar el Reino; predica la conversión y el perdón de los pecados. Jesús en su caminar encuentra la gente y se conmueve, ayuda a los enfermos sanando, alimenta a la multitud que le sigue, expulsa demonios. Jesús en su caminar encuentra hombres y mujeres de todas las creencias. Va a tierra de paganos y al corazón de la religión judía, Jerusalén.

En el caminar de Jesús hay quien le grite pidiendo un milagro, una curación; hay quien no le quiera cerca como le pasó una vez que quiso ir a Samaria o después de expulsar demonios en tierra de los Gerasenos. Están los que se le acercan angustiados pidiendo un milagro, una curación, un volver a la vida, como lo hicieron algunos leprosos; Marta la hermana de Lázaro o la mujer enferma de flujos de sangre. En su caminar, en el pasar por la vida de tantas personas, Jesús, suscita inquietudes: Herodes quiere conocerlo; el centurión viene a su encuentro, el ciego de Jericó le grita fuerte que le tenga misericordia.

Jesús come con los fariseos y pecadores. Pasa, algunos días, en casa de sus amigos como en la casa de la suegra de Pedro o de Marta y María. Y en su caminar es que Jesús va descubriendo la necesidad que el mundo tiene de Dios.

La gente tiene hambre de Palabra. La gente le sigue y le escucha y son capaces de estarse con él varios días sin importar otras hambres o las noches o las distancias. ¡Cuando Dios toca el corazón Él es el que nos importa!

En su caminar, Jesús, llama a los discípulos porque necesita de obreros para trabajar en la mies que es abundante. El mundo está dividido. Hay necesidad de perdonar, de ayudar, de solidaridad. En el mundo hay necesidad de hacer experiencia de Dios Padre que es compasivo y misericordioso. El mundo necesita de la conversión del ser humano para que llegue a plenitud la vida y toda la creación.

¡El mundo necesita de los frutos de los cristianos para alimentarse!

En su caminar, Jesús, se da cuenta que es el mismo ser humano la raíz del mal; el que causa mal, el que daña a su hermano y enferma de muerte la creación. Del hombre está saliendo el mal. De lo que hay en el corazón hablan los labios; lo que hay en el corazón, lo que sale de él, cuando ha hecho ausencia de Dios, es que hace daño.

A donde llega Dios el mal sale, no tiene lugar; el demonio es expulsado. Hay que sacar del corazón el mal y dejar de nuevo que Dios sea el protagonista. Ahora es Dios, en amor, en bondad, en ternura, el que tiene que salir. Por eso Jesús ha venido a liberar, a quitar las ataduras.

La siembra está, tú tienes la Palabra en el corazón. Permite que fructifique.

¿En dónde la Palabra de Dios se nos pierde?, ¿en qué momento de la vida por no entender la Palabra o por inconstantes en los propósitos, nos pudo el mal, la tentación, la tribulación?

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd