Martes, diciembre 06, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: FEBRERO 6 DE 2014.

Llamados y elegidos para que junto con Dios construyamos una humanidad nueva.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Los abrazo y a cada uno le deseo lo mejor para el fin de semana que se acerca. Dios les conceda bendiciones y que estos días sean un compartir en el amor con la familia y los amigos.

La reflexión para este fin de semana nos habla de cómo el ser cristiano; ser discípulo de Jesús, trae consigo unas implicaciones prácticas. El Evangelio, el mismo Jesús, más que doctrina enseñan una manera de vivir fundada en el amor, el servicio, el perdón y sobre todo, en el respeto de la dignidad de los demás.

Hemos sido llamados y elegidos para que juntos con Dios construyamos una humanidad nueva en la que logremos poder ser la plenitud de la creación y hagamos del mundo un cielo y de la tierra el lugar de Dios.

El Evangelio de Mateo con el que nos encontraremos el domingo (5,13-16), nos dice que somos luz del mundo y sal de la tierra. Somos una ciudad puesta en lo alto de la montaña.

Estamos para algo, existimos con sentido para llenar todo de sentido. Estamos vivos para dar vida. Nuestra existencia va mucho más allá del tener o del poder. La vida en la actualidad nos invita a ser generosos, a gastarnos, a ir hasta donde sea necesario para ayudar a los demás. La vida nos está pidiendo justicia, sinceridad, bondad, ternura, piedad. Es decir amor. Y los cristianos debemos liderar esta restauración, de volver a la fuente, al paraíso. Ganar hombres y mujeres para Dios implica hacer de la humanidad un espacio, un lugar, una presencia de algo que trasciende al ser mucho más allá de su propio corazón y sentir.

La meta por alcanzar es que todos puedan dar gloria a Dios a través de nuestra vida. Nosotros ya somos la sal que da sabor y la luz que ilumina. Con esa certeza debemos vivir. No es un querer ser, no es una meta para alcanzar, es una certeza: Ya somos y estamos para dar testimonio y para iluminar. Somos instrumentos de Dios para la humanidad siendo parte de la misma. Estamos de parte de Dios, trabajamos por el Reino y por la restauración de la justicia desde el amor.

Los cristianos hablamos de vida después de la muerte, de tenerlo todo siendo pobres, de ganar la vida perdiéndola, de morir para vivir, de ser pequeños para ser grandes. Hablamos de lo extraordinario en lo cotidiano y damos sabor a la vida, iluminamos la oscuridad y nos convertimos en punto de referencia de una vida en lo alto, desde Dios. Y todo tratamos de hacerlo desde la vida, con el ejemplo. Debemos dar testimonio de lo que predicamos.

Hay que tener cuidado para no perder el sabor o para no estar en el lugar equivocado. La idea es que no acabemos sirviendo para nada. Lo normal de la sal es que de sabor y de la luz es que alumbre. Lo normal del cristiano es que siendo creatura nueva entienda que el amor es lo más natural de su esencia de Dios.

Estamos para el servicio, para los demás, somos una proyección de la experiencia de Dios en la vida. Solo reflejamos el interior, el “Ser” que llevamos y del cual somos imagen y semejanza. El cristiano es una presencia, una proyección discreta que va contagiando desde dentro. Es quien muestra a Dios en lo que hace y dice. Es la luz que guía, previene de los peligros.
Seamos lo que somos para el bien de la humanidad.
Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd