Miércoles, diciembre 07, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: ENERO 8 DE 2014.

El Bautismo nos invita a ser complacencia de Dios.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Reciban mi saludo cargado de bendiciones y además con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que nos unge con su Espíritu haciendo de nosotros seres capaces de darnos a los demás en amor y mantenernos firmes en la tribulación.

El domingo estaremos celebrando la fiesta del Bautismo del Señor y terminaremos así este tiempo de Navidad que tantas alegrías nos ha traído y que también deja en cada uno tareas importantes a realizar. Navidad es un tiempo que nos reta a ser cada día más de Dios, más divinos, más amados. Después de Navidad: más amor, más gozo. El empeño de querer vivir en paz y con sencillez cada acto de la vida.

Se termina la Navidad como tiempo pero ahora Jesús, que ha nacido en los corazones, reclama su lugar. El verbo se ha hecho carne, se ha hecho vida en la vida para llenarla de vida y se hace camino en el quehacer de cada uno. Ahora Jesús ha nacido y no para quedarse anónimo, para ser un desconocido. Ha nacido para vivir, para sanar, para perdonar. Ha nacido en el corazón y somos nosotros los que en él sanamos y perdonamos y llenamos la vida de amor. Jesús existe en nosotros, con los otros y a través de nosotros.

Después del nacimiento y pasados unos años con los suyos, en la escuela de valores y de virtudes que es la familia, Jesús emprende su camino. Ha venido al mundo para el mundo. Ha llegado la hora de salir y de anunciar. De proclamar la buena Noticia. El mundo lo espera; Juan Bautista lo anunciaba y lo esperaba. Le ha preparado el camino. Y Jesús llega al Jordán en donde ya era conocido por el anuncio del Bautista que lo había presentado como un “poderoso” ante el cual cualquier gesto o acto de humildad es poco; lo ha presentado también como aquel que tiene el Espíritu Santo y que bautizará transformando al que cree en Él desde dentro. Llenándolo de poder y de fuerza.

El anunciado, el proclamado, el esperado ya tenía rostro. Y era el rostro humano con la historia propia, la cultura y ser del humano. “semejante en todo a nosotros menos en el pecado” Y para que la gente trascienda, para que en el humano descubran a Dios, la divinidad; para que la gente sepa que este Jesús es el ungido, el Espíritu se posa sobre él y una voz se escucha desde el cielo.

El momento del bautismo de Jesús se convierte también en una Epifanía o manifestación. Es el Padre el que ahora se hace cercano por la voz venida de lo alto y que es escuchada por la multitud. Ha llegado la hora de mostrar al mundo que Jesús es el Hijo Amado en quien el Padre se complace y a quien tenemos que escuchar.

Ya todo está dado. Jesús es el Hijo de Dios que une lo humano y lo divino y que hace de lo temporal algo eterno. Comienza su ministerio con y desde la fuerza de Dios.

El Bautismo es también nuestro comienzo como discípulos, llenos, ungidos por el Espíritu. El Bautismo nos habla de la condición y dignidad de hijos de Dios y nos invita a ser, desde la experiencia de Jesús, complacencia de Dios. Que en cada uno el Padre se complazca.

Comencemos también nosotros a ser discípulos, hemos sido ungidos por el Espíritu y llenos de Dios. Seamos verdaderos y fieles al proyecto al que hemos sido convocados y que un día aceptamos en fe. Queramos todos construir un mundo nuevo.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd