Viernes, diciembre 09, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: ENERO 30 DE 2014.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Ya vamos llegando al final de este primer mes del año y quiero que juntos le demos gracias a Dios porque nos permite siempre soñar con la luz cuando hay oscuridad, con una sonrisa cuando se llora, con la eternidad cuando hay muerte y porque la fe se llena de esperanza en cada acontecimiento.

Ha llegado también el momento de despedirme de La Habana y de esta comunidad que con tanto amor me acogió y cuidó durante el tiempo que permanecí entre ellos. La próxima semana estaré con la nueva comunidad de santa Teresa de Jesús de la ciudad de Quito; de nuevo el Señor me envía a otras tierras y le pido que Él mismo sea el que haga fecunda la siembra, la pesca, el anuncio. Gracias por todo lo que me llevo en el corazón y les dejo a Jesús que en su amor nos sigue haciendo libres.

El domingo estaremos celebrando la fiesta de la presentación del Señor. La vida que se acerca a la eternidad, la humanidad que se consagra a la divinidad.

Jesús es ofrecido a Dios; es presentado en un gesto de gratitud al Padre a través del cual es insertado en la vida religiosa del Pueblo de Israel. Ahora es de Dios, de su divina y eterna realidad. La alianza de Dios con su pueblo se renueva en cada ofrenda de la vida. Dios que sigue liberando y el hombre que se deja liberar.

La familia de Jesús no es ajena a la realidad de fe de su pueblo que se siente plenamente seguro de Dios que toma como la mayor ofrenda de amor lo que con el mayor amor se le presenta como rescate: los hijos. Ellos son el precio del rescate, de esa acción liberadora de Dios que pasa por el pueblo haciendo de la libertad un canto de alabanza y eterna gratitud.

La presentación se hace en el templo que es el lugar que simboliza toda relación, toda alianza, todo pacto de Dios con el pueblo. El pueblo que se sabe elegido y escogido por Dios ahora elige y escoge a Dios en acto de fe y de ofrenda sagrada. Le entrega la vida de los primogénitos para que la vida en Él siga cobrando vida. El sacrificio de los animales se convierte en una realidad cargada de significado porque es en la muerte también que Dios da la vida.

María y José acuden con el niño Jesús al templo para cumplir la doble prescripción de la ley mosaica: presentación del primogénito varón al Señor y purificación de la madre a los 40 días después del parto (Ex 13, 1; Lev 12,8)

Y es en el templo donde nos encontramos con Simeón y Ana, dos ancianos que no se han cansado de esperar en las promesas de Dios (Lc. 2, 22-40) y en cuyas palabras encontramos una presentación de Jesús: Consuelo de Israel; el Mesías del Señor; Salvador que ha sido preparado para el bien de los pueblos; luz y gloria del pueblo de Israel. Jesús viene a consolarnos, a iluminarnos a salvarnos.

Es a Jesús a quien nosotros escuchamos y seguimos. Es en Jesús en quien hemos puesto la fe y la vida. Y es desde Jesús que nosotros seguimos siendo presentados al Padre. Es por eso que viviendo el misterio de Jesús, el sabernos de él debe hacernos sentir como hombres y mujeres libres, iluminadas, salvadas y la vida debe testificar esta realidad al ser nosotros también capaces de vivir como ofrenda de amor capaz de prolongar el misterio de iluminar y salvar a la humanidad.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd