Jueves, diciembre 08, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: ENERO 29 DE 2015.

Jesús pasa, nos sana y nos libera.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo.

Reciban mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor que pasando por nuestras vidas nos hace reconocer que podemos ser mejores y vivir en plenitud la libertad que solo el amor nos regala.

Desde la lectura del Evangelio de Marcos 1,21-28 podríamos acercarnos a dos realidades que de alguna manera nos acompañan: la del bien y la del mal. La que libera y la que ata; la que silencia y la que es palabra; la de la vida y la muerte; la de la libertad y la de atadura. Dos realidades que se personifican, que toman carne. El ser humano es capaz de vivir la dos realidades y en la medida que nos dejamos habitar por alguna de ellas somos buenos o somos malos.

El mal nunca desconoce el bien ni el bien al mal. En el proyecto de Dios el mal debe salir, debe abandonar al ser humano para que éste renovado y liberado plenamente en el encuentro con Jesús sea una creatura nueva.

La fuerza de Dios domina, su Palabra se hace realidad, tiene autoridad y es reconocida como poderosa. La Palabra Dios libera, se hace alegría y paz porque tiene autoridad. La Palabra de Dios nos hace nuevos. No por reconocer que Dios es Dios o que es el Santo la vida es otra, el hombre se renueva o somos buenos, que esto hasta los demonios lo hacen, hay que atreverse a algo más, a recibir a Jesús en el corazón. El mal se vence cuando se escucha la Palabra de Dios y se le obedece.

Este pasaje del Evangelio de Jesús en la sinagoga también nos enseña que el mal siempre reconoce la presencia del bien y le incomoda. La presencia de Dios siempre será motivo de disgusto para el mal. Por eso hay que llenar el corazón de Dios porque si somos del Él, si le abrimos el corazón a la experiencia de Dios el mal nunca tendrá lugar en nuestras vidas ni en el corazón. Dios nos hace fuertes; Jesús nos hace libres.

Dejémonos seducir por su amor, dejemos penetrar por su Palabra y atrevámonos a ser de Él para que todo espíritu de mal nos abandone, salga en el nombre de Jesús.

Más que endemoniados o poseídos existen seres humanos sin Dios. Más que gente mala existen personas que no le han abierto el corazón a Dios. Que no le han entregado su vida.

Y Es que solo el contacto con Jesús ya cambia la vida, ya nos libera; ya nos llena de fuerza. Dios y el mal nada tienen que ver porque Dios nunca quiere nada con los espíritus inmundos así éstos le reconozcan.

Hay que estar siempre atentos porque el espíritu del mal tiene la capacidad de engañarnos y lo puede hacer de tal manera que hasta en los lugares de oración o sagrados exista como en este caso que nos presenta san Marcos. Esto nos tiene que llevar a estar revisando constantemente nuestros actos, nuestras palabras, nuestra manera de ser. Porque si el corazón se ha llenado de cosas que le atan, de envidias, rencores, soberbias. Si hemos dejado de ser pacientes, de amar. Cada uno debe hacer el esfuerzo de mandar fuera el mal, de expulsar todos estos espíritus inmundos y llenar de nuevo el corazón de Dios y de su amor. Y aunque resulte ser doloroso hay que hacerlo, ponerse en las manos de Jesús que pasa y nos sana y nos libera.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd