Viernes, diciembre 09, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: ENERO 23 DE 2014.

El amor mueve a la conversión.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que nos recrea en constante bondad y que en este fin de semana de manera especial nos invita a “volver” de corazón al proyecto de Dios. Él nos ama y esa es la razón fundamental para volver al camino.

“Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los Cielos”

Así comienza la predicación Jesús cuando se fue a vivir a Cafarnaúm (Mt. 4, 12-23)

La primera invitación que nos hace el Señor es a disponernos de corazón para recibir el Reino que está cerca. “Está cerca”… puede llegar a significar no solo que está llegando sino que también es un hecho, es real: Ya Dios está caminando con nosotros.

El tiempo del Bautista ha terminado, el precursor ha sido encarcelado y el acontecer de Dios no puede silenciarse. Ahora es Jesús el protagonista, quien continúa la obra iniciada por Dios. En el disminuir o menguar de Juan nos brilla una luz que disipa la tiniebla. Hemos comenzado a salir de la esclavitud, de todo aquello que nos oprime.

Jesús predica la conversión, Jesús camina por nuestra ciudad, Jesús nos mira en la cotidianidad de la vida y nos invita a “pescar hombres” Así llamó a los primeros que sin dudarlo dejaron todo para seguirlo y con ellos anduvo predicando, enseñando, proclamando la buena nueva y curando. Dios que en Jesús se hace buena noticia, sanación y liberación. Dios en Jesús que se hace cercano al pueblo, a la gente, Dios que en Jesús nos llama y nos invita a seguirle.

Estamos en los inicios de la vida pública de Jesús. Se ha preparado en el desierto, ha resistido las tentaciones, ha tomado la decisión de comenzar a trabajar en el proyecto de su Padre. Predica, invita, camina por la ciudad. Jesús está en movimiento, Jesús sabe que tiene que salir. Invita a disponer el corazón, a creer en Dios. Si convertirse es volver a Dios y volver a Dios es la invitación concreta de Jesús hay que mostrarle a la gente que le escucha el por qué Dios vale la pena. El por qué seguir a Dios es lo mejor que nos puede pasar. Lo que nos mueve al cambio, a la conversión es el amor que Dios nos tiene. Su amor tiene que ser la razón primera para regresar a Él.

La historia de amor comienza con Dios que nos busca y el amor que se deja encontrar.

Cuando el corazón se dispone realmente para la conversión o para el amor entonces se encuentran las razones para perseverar, para dejar todo, para seguir al Señor en fidelidad. Esto seguramente fue lo que le sucedió a los primeros 4 discípulos de Jesús cuando él al pasar por el lago donde estaban pescando los invitó a hacer parte del proyecto del Reino, continuadores de la obra. Seguramente ya Jesús les había hablado del amor de Dios, de su misericordia infinita, de su bondad. Ya Dios había comenzado a ser parte de la historia, no de un grupo exclusivo que se había apoderado religiosamente de Él y sus revelaciones, sino que también ahora era Dios de los pescadores, de los enfermos, de los endemoniados. Era Dios con ellos; Dios estaba con ellos. De nuevo “contaban”; hacían parte de una historia que le daría sentido a la vida. No se sentían indignos, ni pecadores. Se dieron cuenta que no estaban tan lejos de Dios porque Dios había venido a buscarlos, a llamarlos.

Todos, tú y yo, somos también parte de esta historia en la que Dios acontece en amor.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd