Jueves, diciembre 08, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: ENERO 2 DE 2014.

Vamos a encontrar a Jesús que vive entre nosotros

Mis queridos amigos de santa Teresita, de San José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi saludo de año nuevo lleva los mejores deseos de paz y bien. Que el Señor los colme de bendiciones y los ilumine en las decisiones que se deben tomar para este año que apenas comienza.

El domingo próximo en muchos lugares se estará celebrando la fiesta de la Epifanía del Señor. Solemnidad que se convierte para cada uno de nosotros en una invitación concreta a “encontrar” a Jesús que vive entre nosotros.

Y es que no quiero llegar a pensar que la gran mayoría de los cristianos, nosotros, hemos perdido la novedad, la alegría de saber que tenemos un Dios que es amor, que es Padre y que ha hecho por nosotros y nuestra salvación; por nuestra libertad, vida y alegría lo que menos pensamos e imaginamos. “Nos ha nacido el que será el Pastor del pueblo”.

La fiesta de la Epifanía debe tener para nosotros el sabor propio de la humildad. Que Dios se haya hecho carne, que lo haya hecho por nuestra salvación, que Dios camine con nosotros y sanando, perdonando, acogiendo, esto debe hacernos sentir alegres, debe hacer que nuestra vida sea plenamente feliz.

Dios y que no se nos olvide, es Padre. Nos ha hecho hijos en el Hijo, nos ha dado su Espíritu Santo que nos permite llamarlo “Abba” Padre. Dios nos ha iluminado haciéndose Él mismo la luz. Nos ha rescatado haciéndose esclavo, nos ha dado vida muriendo su Hijo en la cruz. Esto es novedad, esto es alegría. Esto sucede por ti, por mí, por todos. Alegrémonos y vivamos como hombres y mujeres libres, dando lo mejor de cada uno.

La noticia de un salvador que nace, la noticia que un rey nace, la noticia que un justo y humilde y misericordioso nace, que el hijo de Dios, nace, no puede pasar desapercibida; hay que llegar de todos los lugares, hay que dejarse guiar por la estrella. Hay que disponer todo para darle la bienvenida. Hay que cantar gloria a Dios.

Sería muy triste que para ti esa noticia tan conocida ya no diga nada, ya no signifique nada.

No dejes de celebrar la fe porque la experiencia real de Jesús aporta a la vida alegría, ensancha el corazón y lo llena de amor.

Epifanía significa manifestación, revelación. Dios se da a conocer plenamente en Jesús. Ya no hay misterios, ya no hay silencios. Ahora todo es entrega, donación. Ahora puedes “saber de Dios”, ahora puedes “ver” a Dios.

Y al Rey, al Señor, al Omnipotente se le recibe con alegría, se le abre el corazón y la vida. Ya no tienen sentido las vidas anónimas porque Él a todos nos ha hecho un pueblo nuevo, personas nuevas. Al Rey se le sirve en los demás. Todos somos herederos, nuestra casa es el cielo y hay muchas moradas preparadas.

Epifanía nos quita el miedo. En Dios solo perderemos lo que desdice de nuestra grandeza y dignidad de seres humanos. En Dios perderemos, (si dejamos que nos llene de su gracia), el egoísmo y la indiferencia. Dios nos dará, nos enriquecerá y nos enviará a predicar la buena noticia, a curar a los enfermos y anunciar el año de gracia a los demás. Él ha venido para hacerte su apóstol, su discípulo, su palabra viva.

Hemos encontrado al que muchos buscaban. Hemos encontrado al que es justo, santo, mensajero de la paz. Hemos encontrado al Salvador del mundo. Y eso no se debe callar. Eso debe convertirse para todos los creyentes en una Epifanía, en una revelación. Dios también se manifiesta en el bien que con convicción haces, se manifiesta en el perdón de corazón que brindas. En la comida que das al hambriento y la bebida que das al sediento. Dios se manifiesta para que sepas que también en los pobres, en los humildes, en los presos, en los enfermos y en los marginados o emigrantes Él también está. Dios se sigue manifestando en la pobreza del pesebre con unas personas tan concretas como son los pastores y sus padres. No hay que estar indiferentes ante este acontecimiento del Dios que nos asume y nos salva en la condición humana.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd