Viernes, diciembre 09, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: DICIEMBRE 26 DE 2013.

En la familia existimos los unos en los otros.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de San José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Un abrazo que exprese todo el sentimiento de acogida, de reconciliación y de amor que implica la Navidad.

El próximo domingo estaremos celebrando la fiesta de la sagrada familia. Ser hombre es ser familia, se entra en la historia siendo familia y entendiendo el concepto de familia como quien vive y comparte nuestro espacio y nuestra vida. Familia es, en este tiempo, con quien vivo y quien me acoge en su amor.

Fiesta de la sagrada familia en la que la Iglesia nos llama la atención sobre la importancia de la pareja, del hogar y sobre todo del liderazgo que se debe asumir para llevar la familia adelante. No es solo decir sí enamorados, es también luchar, caminar, desplazarse. Es cuidar, proteger, llenar de vida y de plenitud a las personas por las que hemos optado como carne de nuestra carne.

En el Evangelio nos encontraremos con José obedeciendo a Dios, llevando a cabo la tarea a la que se había comprometido cuando tomó a María por esposa y se la llevó a su casa. Su compromiso iba más allá de la palabra; su palabra era verbo, acción. No importaba la propia comodidad o seguridad, importaba su hijo Jesús; el proyecto de Dios y María. (Cfr. Mt 2, 13-15)

Debemos aprender que el que se compromete debe, al menos, acompañar con actos lo que promete. Eso no solo para los padres sino también para los hijos.

En ese proceso en el cual cada uno de nosotros pretende dejar “el libreto” que los demás han escrito o quieren para uno; en ese proceso de liberación tan necesario para sentir que somos y que podemos hacer las cosas; en esa tendencia a no depender y que en muchas oportunidades, la tendencia, se llena de orgullo o de soberbia, debemos entender que existen unas personas a las que debemos “honra”, esto es, respeto y obediencia por la implicación que tienen en nuestra propia vida o mejor por la existencia de ellos en cada uno. Somos tan originales que siendo uno con nuestros padres somos diferentes, llamados a ser otros con las características propias de quien se sabe heredero de dos historias que fueron una y que se siguen escribiendo una para la otra.

Es el día de la sagrada familia, de tu familia y de la mía. La fiesta que nos llama la atención porque todavía sigue siendo un valor, un principio y un sueño tener familia.

La familia no ha dejado de ser un referente real en la mayoría; doloroso en algunos; imaginario en otros, pero para todos, sigue siendo el marco ideal de la vida en donde cada uno quiere dar a la otra persona lo mejor de sí.

La familia te da historia; eres, en la diferencia, lo que son tus padres y tus hermanos. Ellos están en ti como tú en ellos; existimos los unos en los otros siendo uno y siendo distintos. Por eso hay que tratar a los demás con honra, con el amor mismo que nos merecemos.

En la familia no debe haber espacio para el odio. Navidad es tiempo de reconocer el amor con el que se nos ha amado y con el estamos capacitados para amar.

En la familia estamos llamados al respeto por encima de las diferencias, cada uno queremos ser, cada uno y en esa ruptura, aunque haya dolor, cada uno va forjando la vida.

El amor es la fuente, el origen de la familia. Ese amor que se hace camino, entrega y renuncia.

Lo que yo pretendo con esta reflexión es que nosotros volvamos a recuperar la dimensión de lo que es la familia, pero no como el lugar de dependencia y como aquel lugar que siempre se debe recordar o aquel sitio al que, de cuando en cuando, tenemos que regresar.

Veamos la familia como lugar en donde aprendemos no solo a sobrevivir sino también en donde se ama y se puede amar, en el que se aprende la caridad y en el que la misericordia marca también la relación de unos y otros.

¡Somos familia, todos somos familia, en cualquier lugar somos familia!

En lo que hacemos y en el cómo lo hacemos somos familia.

Somos responsables de la familia en cuanto estoy llamado a construirla desde lo que soy pero también desde lo que cada uno es. En la familia se aprende a vivir la diversidad, el respeto, la bondad en donde mejor se descubre a la persona como regalo para mi vida.

Seamos familia.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd