Jueves, diciembre 08, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: DICIEMBRE 18 DE 2104.

Dichosos los que le creen a Dios.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo.

Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que viene a cada hogar, a cada uno de nosotros, para llenarnos de fuerza y para enseñarnos que el camino del amor sigue siendo la opción fundamental de Dios y por el cual estamos siendo todos invitados a caminar. Jesús quiere nacer en el corazón que en esta navidad se hace pesebre por la sencillez y humildad con el que esperamos su llegada.

Como María digámosle “Sí” a Dios.

Hay formas o maneras de decirle a Dios sí ante las cosas que Él nos está pidiendo. Dios sigue actuando, sigue presente en el mundo, sigue con el proyecto del Reino. Dios desea pero también quiere nuestro querer, nuestro consentimiento. El mundo le duele a Dios, la creación le duele a Dios. Le dolemos a Dios. Y viene en su Hijo a salvar al mundo de la condenación. Ya no más excluidos por causa de la religión, ya no más personas condenadas por nuestra indiferencia o injusticia.

Y es que hay comportamientos que son “sí” a la obra de Dios. Hay palabras y actitudes que son el sí que Dios quiere para el mundo. Solo así entenderemos que se puede seguir engendrando y haciéndose carne el Hijo de Dios. Todos estamos llamados a trabajar en la viña. Todos estamos siendo invitados a reconocer en los demás a Jesús y de manera especial en los más necesitados de bondad, misericordia y generosidad.

Para todos hay un ángel enviado por Dios que nos habla de la seguridad, de disponibilidad, de elección. Un ángel que nos alegra y que nos reconoce también como llenos de gracia y que nos pide darle vida humana al que existe eternamente amando la humanidad. Un ángel que necesita ser escuchado y que jamás se ha quedado en silencio pero que sabe respetar tu libertad.

Existen personas que se convierten en los ángeles en cuanto nos piden que la presencia de Dios en nuestra vida se encarne de tal manera que seamos portadores, como María, de las buenas nuevas de Dios. Que Dios se encarne en nuestra carne y así lo divino se haga carne, Pan partido, para los demás.

Y claro… que en un mundo que no habla Palabra de Dios porque no tiene tiempo o perdió el interés por las cosas de Dios, a un mundo que ya Dios dejó de importar, pasa lo que pasó a María después de haber dado su consentimiento. ¿Con quién hablar lo que acontece entre nosotros y Dios?, ¿a quién contar esas cosas intimas y misteriosas del amor que todo lo hace posible?

Muchos no nos atrevemos a hacer las cosas de Dios, a ayudarle a la redención del mundo, porque nos dejamos llevar por los miedos, porque nos da miedo perder amigos y hasta llegar a perder la vida. Lo que se traduce en falta de confianza en el que hace lo imposible posible, el que colma todas nuestras expectativas, en el que nos fortalece y nos llena de amor y de fuerza en el Espíritu.

El Espíritu sigue dando vida al ser, sigue haciendo de cada uno lugar de la morada de Dios. Llevamos un tesoro, como lo escribió Pablo, en vasijas de barro. Nuestra aparente nada es un sagrario, es templo, es también arca de la morada de Dios. Que a donde vayamos seamos conscientes que llevamos a Dios y que todos puedan alegrarse al vernos y digan como Isabel a María. Dichosos porque hemos creído que lo que Dios promete se cumple.

Hay que creer, hay que confiar. Hay que dejar que las cosas de Dios fluyan. María hizo preguntas, yo también tengo dudas, todos tenemos miedo. Dios irrumpe y eso implica una nueva vida. Pero nos respeta, espera nuestro sí, como aquel “si”; “hágase” de María en día de la anunciación. Del resto se encarga Dios, vamos a ponernos en sus manos y en su amor para que veamos que una persona que dice si a Dios hace del mundo un recinto de paz y de amor. ¡Llena todo de vida!

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd