Sábado, diciembre 03, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: DICIEMBRE 12 DE 2103.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. ¡Feliz día de la Virgen de Guadalupe! A ella encomendamos los anhelos de paz de este continente americano del que ella es patrona y el deseo que cada uno de nosotros tiene de llegar a ser como ella discípula, del Señor que en fidelidad escucha la Palabra y la pone por obra.

Meditando sobre el Evangelio que nos encontraremos el próximo domingo (Mt. 11,2-11) caigo en cuenta que Dios no deja de sorprendernos. Me encantan estos versículos del Evangelio, en donde se muestra que las palabras de Jesús y sus obras se siguen saliendo del parámetro de lo que muchas personas entienden que deben ser. Esas personas que por ser “justas” creen que la justicia es la aplicación de un castigo para los que han fallado. Jesús hace una opción y es por la del amor compasivo No es la justicia la que lo mueve su actuar, sino más bien el corazón de quien quiere ser justo el que le atrae. ¡Y eso sorprende y escandaliza!

Una cosa es que te perdonen cuando pides otra es que quien deba perdonarte salga a tu encuentro a abrazarte y perdonarte. Una cosa es que esperes que vengan a pedirte perdón y otra es que tú salgas a perdonar a quién te ha ofendido. Una cosa es buscar a quien se ha perdido y otra es cargarlo y hacer una fiesta cuando lo encuentras.

Una cosa es hablar y otra hacerlo con autoridad. Una cosa es consolar y otra volver a la vida. Una cosa es que salves a las personas “matando” o “acabando” con los enemigos y otra muy distinta es dar la vida para salvarlos a todos, incluyendo los enemigos.

Dios hizo en Jesús lo que Juan Bautista había anunciado, pero lo hizo como solo Él suele hacerlo: con amor, con ternura.

Dios es fiel y todo lo había dispuesto. Eligió a María por Madre, Juan nació para ser el precursor y ahora vemos que en Jesús se cumplen las promesas: Vino y Anunció la buena nueva a los pobres, sanó, liberó, perdonó. Hizo todo aquello que el profeta Isaías había anunciado y que el mismo Jesús leyó un sábado en la sinagoga de Nazaret (Lc.4, 16s)

Juan Bautista es más que un profeta y le prepara los caminos al Señor. Juan tiene una idea del Mesías, como la tenía mucha gente en Israel. Juan muestra su grandeza y la convicción de su misión cuando decide disminuir ante la verdad, ante Jesús.

Juan Bautista sabe inclinarse y sabe reconocer, en el momento del bautismo de Jesús, al enviado por Dios, al cordero que quita el pecado.

Juan es grande por su austeridad, por su estilo de vida, por su nacimiento, por ser parte del proyecto de Dios y es también pequeño ante Jesús, ante la divinidad. Es pequeño ante quien se hace miembro del Reino que él mismo anticipó cuando le preparó los caminos a Jesús.

Tú y yo hemos sido engrandecidos en Jesús. Estamos siendo invitados a la humildad y a la sencillez que produce la experiencia de Dios de la misma manera que lo hizo Juan Bautista. Estamos siendo invitados a cambiar la idea de Dios. Juan anunció pero entendió que él no era el mensaje. Nosotros no somos el mensaje, nosotros preparamos el camino de Dios, allanamos los senderos y damos testimonio de vida. Pero Jesús es el protagonista, es la Verdad, la Vida, el Camino. Nosotros no somos más que instrumentos para llevar al amor de Dios, para que la gente se enamore de Dios y en ese amor se sanen.

A Jesús se le conoce de cerca, escuchando su palabra, viendo lo que hace y a quién se lo hace. Ver con quién anda, quienes son sus amigos.

Jesús rompe los esquemas de lo prohibido y de lo santo y profano. Él también nos puede sorprender al mirarnos, al llamarnos, al curarnos. Él tiene retos, propuestas. Él te saca de tus propios libretos religiosos y te lanza a otras tierras que no te ofrecen más seguridad que el mismo Dios. Por él puedes curar, predicar, liberar. Pero no es solo escuchar lo que se dice de él, debes atreverte a acercarte, a conocerlo. Con amor, con misericordia, con compasión. Con esa ternura de Dios que tenemos los humanos podemos hacer las obras desconcertantes de Jesús.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd