Sábado, diciembre 10, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: AGOSTO 8 DE 2013.

La vida es un don para gastar.

Mis queridos amigos de santa Teresita, san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que en su amor nos ha hecho partícipes del Reino que sigue creciendo como la semilla de mostaza en el corazón de tantas personas.

El mensaje del Evangelio que encontraremos el domingo (Lc. 12, 32-48) inicia con algo que es real: Somos parte, miembros del reino y esto gracias a la bondad de Dios nuestro Padre. Desde esta certeza y la del amor que el Padre nos tiene, Jesús nos invita a la confianza; somos protagonistas de esta historia de salvación que Dios sigue escribiendo con la humanidad. Jesús nos pide no solo confianza al Padre sino también disponibilidad para trabajar en el reino. Somos siervos al servicio de Dios.

Nuestros sueños y proyectos de paz, de verdad y de amor deben convertirse en la razón de ser, de gastar la vida por una noble causa: La salvación del ser humano y del mundo mismo.

Como cristianos, herederos del reino, estamos llamados a vivir al estilo de Jesús; estamos llamados a identificarnos tanto con él que, algún día, seamos capaces de dejarlo todo para poder recibir del Padre lo que nos tiene preparado.

En la medida que nos empobrecemos de los bienes materiales y de las cosas del mundo, nos iremos enriqueciendo de las cosas de Dios que es el tesoro por descubrir. En la medida que confiamos en el Padre y nos ponemos en sus manos seremos más del reino de los cielos.

Algún día, lejano o cercano, no lo sabemos, conoceremos la realidad de la muerte. Tarde que temprano nos encontraremos, de otra manera con Jesús. Estaremos sin este cuerpo, pero con el mismo Ser.

Él vendrá a nuestro encuentro cuando aún vamos de camino hacia la eternidad. El camino lo hemos comenzado a recorrer desde el día mismo de nuestro nacimiento, estamos viviendo para el encuentro con Jesús, para la eternidad.

¡Había tantos proyectos en el corazón de Dios!

Cada uno nació con un proyecto de Dios: El de ser portadores, mensajeros, propulsores del amor. ¡Que no se nos dañe el corazón! ahí está la reserva, el amor. Ese es el lugar de Dios. El corazón es el lugar de donde el “Capitán” timonea esta nave que es la vida, pero las decisiones del corazón y lo que guardas en él dependen de ti y de mí. De cada uno.

Con cada vida, con cada nacimiento seguramente Dios quiere hacerse presente. Cada uno de nosotros somos semilla de amor, somos semilla de paz. Somos ese pedazo o parte o realidad de Dios que se llama amor. Somos su más grande presencia en la creación.

De camino al encuentro con Jesús ya estamos ¿y que le estamos llevando? ¿Lo que no sirve para la eternidad? ¿Lo que es efímero y se corroe? ¿Lo que nos generó angustia y no permitió que nuestro corazón descansara? O, por el contrario, le llevamos la alegría de las personas que compartieron con nosotros, el amor con el que les amamos; las palabras y los gestos que acogieron al pecador, al pobre, al enfermo. De camino él podrá decirnos: ven descansa, siéntate a la mesa y deja que te sirva porque hasta las fuerzas se quedaron soportando la debilidad de tantos que hoy lloran y se entristecen por tu muerte.

Estar atentos y vigilantes, procurar estar “ligeros” de equipaje. Que cuando Jesús se encuentre con nosotros no tengamos ataduras, inconvenientes o tantos compromisos que nos impidan irnos con Él. Desprenderse, aprender a confiar en Dios y servir al Reino al que hemos sido llamados: ¡Qué gran tarea!

Estar dispuestos, vivir en actitud vigilante, de espera. Que Dios sienta que estamos preparados y que hemos vivido para el encuentro. Que sus cosas no nos cojan por sorpresa, que Dios sepa, por lo que hacemos y lo demostramos en la manera que tenemos de vivir, de amar y de servir que estamos viviendo en función de Él, del momento culminante. Del encuentro. Viviendo en función de la propia eternidad.

Ayudar a las personas, servirlas, hace de nuestra vida una realidad mucho más ágil y placentera que nos llena de esperanza y de ilusión. Sirviendo y amando a los demás complacemos al Señor.

Estar atentos es hacer lo que tenemos que hacer; dar lo que estamos llamados a dar y responder por las cosas que Dios nos ha encomendado. Tenemos responsabilidades como creyentes, como cristianos, frente a los demás. Ya la vida es un don para gastar. Muriendo se nace, dando se recibe.

A ti como a mí el Señor nos ha confiado mucho y por eso el nivel de exigencia también será grande. Sintámonos responsables con los demás y con lo creado.

Hay que ser fieles, hay que vivir con confianza. Hay que poner el corazón ante Jesús, hay que dejarse tocar por su Espíritu y luego vivir en fe y en esperanza cada acontecimiento.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd