Miércoles, diciembre 07, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: ABRIL 30 DE 2015.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi saludo que como siempre lleva los mejores deseos de paz y bien en el Señor resucitado que sigue inspirando nuestra vida para que acabemos de entregarnos a los demás sin reservas.

Llamados a dar frutos en Jesús y permanecer en Él son las dos grandes propuestas que el mismo Jesús hace a sus discípulos y a cada uno de nosotros, en el Evangelio de Juan, con el que nos encontraremos el próximo domingo (15, 1-8)

 

Permanecer en Jesús si queremos dar frutos, nutrirnos de Él.

Perseverar hasta el final y dejar que sea el Padre el que nos vaya mostrando el lugar en el que nuestros frutos, desde Jesús, hacen falta. Dejarnos “podar” por el Padre que en su amor quiere lo mejor para cada uno y espera que limpios y en Jesús demos frutos abundantes.

Existen realidades, “cosas” en cada uno que hacen que el fruto no llegue a darse o a madurar. En la acción de “podar” del Padre no olvidemos presentarle a Él mismo lo que consideramos freno en la propia vida, lo que nos hace estériles y no demos los frutos que el mundo espera, que los nuestros esperan.

Entre Jesús y nosotros existe una profunda comunión que nos lleva también a la comunión con los demás. Desde Jesús nos abrimos y nos damos a los demás con mucha más facilidad que no estando con Él, porque nuestra comunión y nuestros frutos serán universales y sin Él serían muy parcializados, se limitarían solo a las personas que amamos o amemos. Hay que beber; hay que alimentarse de Jesús para comprender la grandeza y dignidad de los frutos que damos.

Permanecer en Jesús implica también cumplir sus mandamientos, sobre todo el del amor al prójimo. Este cumplir su mandato nos identifica no solo con Jesús sino también con el Padre que da su alimento a buenos y malos y que hace salir el sol sin excluir a ninguno.

Jesús permanece en quien ama a los demás. Los otros, los débiles, los que nos hacen daño, nuestros enemigos. El desnudo al igual que el hambriento, el sediento, el forastero, el preso, el emigrante…nos piden frutos. Nos piden a Jesús y todas las obras que puedan dar valor a una vida que ya no vale y esperanza a quien la ha perdido del todo. Tenemos la fuente del amor y de todo somos capaces porque somos amados y ungidos con el Espíritu de Dios.

Sin Jesús nada podemos hacer, nos volvemos estériles, no podemos dar frutos. La suerte de los que se alejan de Jesús es la muerte. El sinsentido de la vida y de la entrega. Jesús es el motor que nos impulsa al bien. Por eso la insistencia en el permanecer en Él, salir de nosotros mismos y fundirnos en la vid de la cual brota savia como manantial de vida. Esa vida que estamos llamados a entregar.

Mientras estemos en Jesús nada nos faltará, todo se nos dará. La presencia de Dios en medio del mundo está en los frutos que produzcamos los que hemos creído en Jesús. Si cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que a Él le agrada obtendremos todo lo que pidamos.

Amemos de verdad y con las obras y hagamos todo desde la experiencia con Jesús, prolonguemos su existencia en la nuestra para que nosotros podamos vivir en la de Él. Así todos seremos uno en el Uno eterno y trino que es Dios.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd