Domingo, diciembre 04, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: ABRIL 3 DE 2014.

Llenemos la fe de esperanza, la muerte de vida y la vida de amor

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Un abrazo cargado de bendiciones y buenos deseos para el fin de semana que comenzamos.

Muchas veces, nosotros, como lo hicieron Marta y María, las hermanas de Lázaro, le hemos dicho, le hemos mandado a decir, al Señor, de nuestros dolores, de las enfermedades de los seres queridos (Jn 11, 1-45), le hemos hecho saber que las personas que amamos y que sabemos él también ama, están mal o enfermas o pasan momentos difíciles.

Y de nuevo en el Evangelio, Jesús, nos indica que todo lo que sucede para el creyente es para gloria de Dios, para que nosotros aprendamos que en el pecado hay gracia, que en la ceguera hay luz, que en la enfermedad hay salud y que en la muerte hay vida; hay resurrección. Y Dios es luz, salud, misericordia y resurrección. Dios es eternidad manifestada en la temporalidad. Dios es amor expresado en la misericordia y en la ternura. Dios es vida entregada en la muerte y resucitada en el Espíritu que da vida y hace nueva todas las cosas.

Dios tiene su tiempo; ni la muerte ni la enfermedad son obstáculos que impiden su ser de Dios, su actuar en medio de la creación. Nada está perdido, basta esperar para ver obras grandes, para descubrir el acontecer de Dios que camina con nosotros y asumió nuestra condición humana. Para Dios no es ajena la muerte como tampoco le es ajena la resurrección. No le es ajena el hambre, ni la sed, ni la prisión ni la enfermedad, como tampoco la compasión, la bondad y la generosidad de tantas personas. La opción de nosotros sigue siendo la luz o la oscuridad, el egoísmo o la generosidad; la fe o la incertidumbre. Triste es vivir la muerte cuando no hay esperanza en la resurrección así como es triste sentir que el final no es más que un fin vacío de eternidad. Que todo está perdido.

Y pasan los días. Lázaro lleva ya cuatro de sepultado. Ya, al parecer nada es posible. ¿Dónde está Jesús, el que tanto le amaba? ¿Dónde estaba el amigo que no llegaba ante el dolor y la soledad de la familia que había perdido a su hermano?

Solo quedaba el espacio del desahogo, de la esperanza. Quedan las lágrimas como expresión de un profundo dolor, de una pregunta sin respuesta… Marta sabe que Jesús es vida, es resurrección. Pero hoy todo es contradicción, es muerte, la fe se mantiene pero se derrumba poco a poco.

A diferencia de Marta, nosotros sabemos que no hay que esperar el último día. La resurrección es ahora, es aquí. Donde está Dios no hay muerte; ha sido vencida. “El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá”. En el dolor de la muerte, en el sufrimiento de la agonía… la certeza de vida eterna, de resurrección, de paraíso, hizo que Jesús llenara de ilusión y creo que hasta de paz, al buen ladrón en el momento de la cruz. Esa misma ilusión es la que hace que nosotros, hoy en día, podamos vivir en la esperanza y en el darle un sentido nuevo a la vida que no acaba.

Quiero terminar con las palabras de Jesús a Marta: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Recuerda que aunque todo parezca muerte, aunque “huela mal”, aunque hayan pasado los días…. La verdad es que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. Llenemos la fe de esperanza, la muerte de vida y la vida de amor.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd