Domingo, diciembre 04, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: ABRIL 23 DE 2015.

Entre nosotros y Jesús existe una eterna y profunda identidad. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo cargado de bendiciones. Lo mejor para el fin de semana que comenzaremos.

El domingo estaremos celebrando la fiesta de Jesús el Buen Pastor. Y el texto del evangelio de san Juan (10, 11-18) nos muestra que a Jesús nosotros le importamos y por eso está dispuesto a dar la vida por cada uno. Es una lectura que se hace después del acontecimiento de la Pascua y que da sentido a la obra realizada por Jesús que en todo cumplió la voluntad del Padre y en todo nos amó. El proyecto era mostrarnos el amor de Dios y salvarnos.

Las realidades que vivió Jesús, aunque ajenas a un proyecto de Dios, fueron la prueba del amor que llegó hasta el extremo. Cada cosa fue asumida con la certeza de la fe en el Padre que nunca abandona.

Jesús no huyó ante el dolor, ni la tragedia. No mermó y mucho menos abandonó la causa del reino ni el compromiso de salvarnos; cuando llegó la persecución, la calumnia, la campaña de desprestigio. Jesús no cedió, se mantuvo en fidelidad y en compromiso. Y es que Él nos sintió como parte suya; le importamos y le importó la misión encomendada por el Padre. Jesús no tiene miedo ni siente pena al identificarse con el Buen Pastor ya que en la entrega a la humanidad fue coherente hasta la muerte así ésta en una cruz.

Uno es bueno con quien conoce pero sobre todo con quien ama. Y Jesús es buen pastor, nos conoce y ya nosotros sabemos a qué atenernos con él, qué es lo que espera y quiere y de nuestras vidas. Su propuesta ha sido clara y su proyecto sigue siendo el del amor como único sentimiento capaz de cambiar o transformar el corazón de los demás. Un mundo nuevo solo es posible desde el amor.

Entre Jesús y nosotros existe una eterna y profunda identidad, nuestras vidas responden a un mismo proyecto, el de la creación. Jesús ha venido para mostrarnos que es posible, desde el amor, la salvación del mundo, porque el respeto al otro afecta de manera positiva a la creación. Y nosotros hemos venido para amar, para dignificar y engrandecer y dominar la creación. Unidos a Cristo viviremos en comunión con el Padre. Nosotros mantenemos la identidad con Jesús, la comunión con Él en la medida que escuchamos su palabra, la voz del Pastor y nos hacemos obedientes a la misma con la certeza infinita que en Dios todo lo tenemos y no correremos peligro alguno. Dios es nuestra seguridad, su amor no tiene límites y está dispuesto, en Jesús, a llegar hasta donde sea necesario.

El compromiso de Jesús para con nosotros llega hasta donde el Padre mismo lo ha querido; la opción del Padre por nosotros ha sido salvarnos, rescatarnos, protegernos, darnos seguridad, amarnos, perdonarnos y esto lo hace porque bien sabe que somos de Él, que Él es nuestro origen y porque sigue le sigue apostando a la salvación del mundo desde nuestra misma vida y realidad. Dios es el que salva para que el ser humano salve. Dios da la vida, para que nosotros demos vida.

La fiesta del buen pastor se convierte también para nosotros en la invitación a darnos sin medida, a ser coherentes frente a las vidas de las personas que se nos han sido encomendadas y a volver sobre nuestra misión en el mundo. Tener palabras de vida, dar seguridad a la personas bajo nuestro cuidado y tratar con amor a los demás es ya ser un buen pastor que seguramente dará la vida, la gastará por sus ovejas.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd