Miércoles, diciembre 07, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: ABRIL 10 DE 2014.

Sentir con Jesús lo que estamos sintiendo.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de San José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Un abrazo y los mejores deseos de paz y bien. Jesús que entra triunfante a Jerusalén nos ayude a comprender que la fidelidad a un proyecto de vida puede costar la muerte pero que la última palabra la tiene la resurrección. Por eso a luchar por nuestras opciones de amor hasta resucitar.

La comunidad que acompaña a Jesús con los ramos este domingo debe ser la misma comunidad que lo acompañe en toda su pasión y muerte para que sea también testigo de la resurrección.

La semana santa es un pasar nuestra vida junto con la vida de Jesús. Es sentir con Jesús lo que muchos estamos sintiendo en el silencio del Padre Dios, en la persecución de los enemigos y en las burlas de aquellos que solo miran nuestra vida como un fracaso.

Hoy comenzamos con Jesús a caminar, llevamos sobre nosotros ese amor que siendo locura, llega hasta Jerusalén lugar del martirio. Comenzamos a caminar con Jesús encontrando momentos de intimidad con los amigos a los que les dejamos todo, a los que les entregamos lo más preciado: la presencia real en el símbolo del amor; caminamos con Jesús asumiendo todas las consecuencias del amor y cargando con dolor, pero con dignidad, lo que será nuestro trono: la cruz.

Caminamos con Jesús a la muerte del pecado y dejamos que la sangre del mismo Jesús nos lave y purifique para ser también redimidos por el Cordero de Dios que quita el pecado y nos da nueva vida, esa que se hace eterna en el bautismo.

Con el domingo de Ramos comenzamos la semana santa; nos ponemos en camino abajándonos, como lo hizo Jesús, asumiendo con humildad el dolor y la persecución y las calumnias pero nunca negociando nuestros principios ni dejando de mirar hacia la meta que es ser como el Padre Dios: compasivo y misericordioso. Santo y perfecto

Comenzamos la semana santa que no solo para conmemorar la pasión, muerte y resurrección del Señor sino que es también una invitación a contemplar y luego imitar un amor que se hace comida, cruz, muerte y eternidad. Un amor que se hace pasión para que quien es amado no padezca sino que por el contrario se redima y se haga libre. Es que cuando me doy, me quedo sin nada, pero quien recibe se hace rico para que pueda darse.

Y es que cuando perdono me quedo tal vez sin dignidad para dársela a quien es perdonado y así él también la pueda entregar cuando le ofendan.

Y es que cuando muero entrego la vida para que otro la tenga y así el día que deba entregarla esa persona no tenga miedo de entregarla. “Quien muere por mí tiene la vida eterna” y… “hay que morir para vivir” nos lo enseña también Jesús.

El que más nos ama, Jesús, conoce nuestro dolor y sufrimiento. Ha sido crucificado como tantas veces lo hemos sido tú yo.

¡Tantas veces hemos crucificado tú y yo, también a personas que nos aman!

El mal nos desborda y por eso los crucificados siguen siendo miles. Cada vez que la ceguera llega a tu corazón eres capaz de crucificar a quien antes aclamabas como tu amor, tu rey y salvador; cada vez que actúas en contra de los demás influenciado por lo que dicen los otros o por partidismos, cuando tu conciencia la vendes por estar más cómodo y tranquilo: muchas personas son y seguirán siendo crucificadas.

Semana santa para convertirnos al amor y para dejarnos seducir y comprar por el amor que se hizo muerte para darnos vida y sangre para liberarnos del pecado.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd