Domingo, diciembre 04, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: 6 DE JUNIO DE 2014.

Pentecostés nos llena de la misma vida de Dios.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien. Que el Espíritu Santo, cuya fiesta celebraremos el próximo domingo, nos permita, por la efusión de sus dones, vivir conformes a la vocación que hemos recibido y nos sintamos partícipes de santidad única de Dios.

La Pascua tiene tres momentos culminantes: la resurrección del Señor, su ascensión y la venida del Espíritu Santo. Pentecostés es una fiesta pascual; está dentro del misterioso encanto de Dios que se va dando procesualmente, que se entrega por completo. Hasta que se queda para siempre con nosotros y en nosotros.

Pentecostés es también la celebración del aniversario de las actividades de la Iglesia, de ese salir. De ese día en el que los discípulos se atrevieron a gritar, a predicar, a anunciar, a enfrentarse con los amigos y enemigos. Ese día en el que ellos salieron porque una fuerza interior los llenó de tal manera que se dispusieron a todo, se comprometieron realmente con el evangelio, con la causa del reino de los cielos.

Jesús se había entregado y había llegado la hora que ellos se entregaran por una causa noble que trajera, en el nombre de Dios, alegría y paz a los corazones.

En Pentecostés desciende el Espíritu de Dios sobre los discípulos de Jesús, de la misma manera que descendió sobre María para hacerla madre; sobre Jesús, en el día del Bautismo, para ungirlo; sobre los discípulos para hacerlos agentes del perdón de Dios. Ellos, ese día de Pascua, recibieron el mismo Espíritu que condujo a Jesús al desierto y luego a las ciudades para invitar a todos a la conversión porque el reino de Dios había llegado. Ese Espíritu que se posa sobre cada uno para ungirnos, para llenarnos de fuerza y de palabra. Que nos hace capaces de hacer y perseverar en el bien.

Pentecostés es un anuncio: Está vivo, ha resucitado y nos ha enviado al Espíritu Santo que nos llena de fuerza, nos quita los miedos y nos lanza a la predicación de la Buena Noticia. Pentecostés es la fiesta de los que estamos convencidos que la fuerza del amor, que la ternura y que la misericordia son las bases para construir un reino nuevo y para aquellos que, habiendo creído, se han llenado de miedos y han preferido encerrarse y no anunciar para “no ir en contra corriente” de tantas personas en las que el servicio, el amor, la entrega, la generosidad y el compartir son acciones que no van con ellos.

Pentecostés es un llenarnos del aliento del Señor, de su propia vida porque tenemos que ser en el mundo lo mismo que él ha sido; nuestras relaciones ahora nacen de Dios y nuestra vida debe convertirse en una propuesta nueva que desde el Espíritu de las bienaventuranzas tracen sendas y se hagan camino que conduzcan a Jesús.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd