Jueves, diciembre 08, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: 25 DE JULIO 2013.

Pedir ayuda a que acertemos en aquello que la persona que amamos necesita.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Los saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que colma de bendiciones nuestros anhelos y esperanzas y que nos prometió el Espíritu Santo para llevar adelante y con fuerza el proyecto del Evangelio.

En nuestra relación con Dios y sobre todo en los momentos de la oración, que es un trato de amistad con quien sabemos nos ama, Si algo nos sugiere Jesús que debemos pedir (Lc. 11, 1-13) y que es lo mejor que nos puede pasar, es que el Padre Celestial nos regale el Espíritu Santo.

Lo mejor de Dios viene dado en el Espíritu Santo y de verdad que lo necesitamos. Es el regalo que encierra todos los dones y toda la bondad; es el regalo en el que el mismo Padre se nos está regalando. Nos da su amor que es Espíritu.
Este regalo que Dios tiene para cada uno es el mismo Espíritu que Jesús nos prometió y que era y es necesario para poder llevar adelante el proyecto del Reino. Dios regala a quién le pida ese mismo Espíritu que fecundó a la Virgen y que ha llenado de fuerza a los discípulos de Jesús; que ha hecho fuertes a los misioneros y nos ha hecho capaces a todos de poder transformar el mundo desde el Evangelio. ¿Estás dispuesto a vivir conforme al Espíritu?

Pedir el Espíritu es un querer volver a la esencia, a lo que fuimos perdiendo con el pasar de los días o de los años. Es un llenarse de nuevo de fortaleza, de sabiduría, entendimiento, consejo, piedad, temor, ciencia. Es un volver a querer vivir en paz, con alegría siendo generosos, proyectando la riqueza carismática de cada uno.
No es un pedir a Dios por pedir y quedar con una situación o con un caso ya resuelto. No es pedir para salir de un problema. Es un pedir a Dios lo que más nos conviene y lo que realmente necesitamos cada vez que tenemos un problema o una necesidad porque en el Espíritu recibimos la luz y la fortaleza para seguir luchando.

Puede ser que Dios nos ayude cuando necesitamos algo pero lo mejor que le podemos pedir es su Espíritu Santo. Hay que pedirlo porque Dios a cada uno da lo que realmente necesita para salir adelante. No es Dios el que resuelve nuestros problemas pero sí el que nos ayuda a resolverlos. Dios no ha creado seres humanos incapaces pero sí quiere, cuando se lo permitimos, iluminar nuestras decisiones, bendecir nuestras vidas, sanarnos en la enfermedades y darnos siempre y en todo momento fortaleza para afrontar con dignidad las cosas propias de una humanidad que ahora vive del egoísmo, del orgullo y que se encierra en la prepotencia individual de los que olvidan que en el mundo somos mucho más que uno.

Un verbo que Jesús nos enseña a conjugar y es de vital importancia en la relación con el Padre: Pedir
Cuando se pide, quien ama no acaba incomodando a la persona que ama dando cosas que aunque son importantes no vendrían valoradas. Cuando se pide las cosas de Dios serán valoradas porque son dadas en lo que se pide.

Pedir ayuda a que acertemos en aquello que la persona que amamos necesita. Es poder decir “quiero que me des esto y te lo pido porque tengo la certeza que, si me conviene, me lo darás, de lo contrario sabré esperar lo que más me conviene y conviene a los demás porque nunca dejas de dar”

Pedir a Dios significa también que creemos y que sabemos que el Padre Celestial, que da cosas buenas a sus hijos, nos dará lo que nos conviene. Pedir se traduce en confiar y confiar es la certeza de quien sabe que no tiene nadie más que a Dios para que le ayude. Pero no hay que desesperarse. Dios nos dará todo aquello que pedimos y no es eximirnos de penas, ni de dolores, ni de sufrimientos, ni de necesidades. Es un darnos todo en las mismas capacidades que tenemos, desde la recta intención, de hacer las cosas.
Dios se hace presente en los dones, en los talentos, en los carismas y en cada detalle que pueda llenar la vida misma de esperanza. Pidamos por eso el Espíritu Santo.

Pidan. Sin miedo, con seguridad, con insistencia.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd