Viernes, diciembre 09, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: 20 DE FEBRERO DE 2014.

Perfectos como el Padre celestial es perfecto.

“Solo la caridad puede ensanchar mi corazón. Y desde que esta dulce llama lo consume, Jesús corro alegre por el camino de tu mandato nuevo… Y quiero correr por él hasta que llegue el día venturoso en que, uniéndome al cortejo de las vírgenes, pueda seguirte por los espacios infinitos cantando tu cántico nuevo, que será el cántico del amor” (Santa Teresita. Manuscrito C. 16r)

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo, los saludo y les deseo un fin de semana cargado de bendiciones. Jesús ensanche nuestro corazón para llenarlo cada día de más y más amor.

Comencemos la reflexión para este fin de semana diciendo que el Señor no nos está pidiendo nada distinto a lo que podemos dar. El Evangelio de san Mateo (38-48) Nos recuerda el origen, el ser y la misión a la que estamos destinados.

Todos tenemos la capacidad para ser buenos, todos podemos dar un poco más de lo que se nos pide. Todos tenemos un corazón con una gran, inmensa, capacidad de amar. Para eso está hecho nuestro corazón, para amar. Nos lo escribió santa Teresita.

Estamos siendo invitados, por Jesús, a marcar la diferencia, a poner donde no hay.

Nos ha puesto a elegir amar, perdonar, ayudar, servir, en lugar de odiar, despreciar, encerrarnos en el propio egoísmo. Si queremos un mundo nuevo y lleno de Dios tenemos que comenzar nosotros mismos a llenarnos de Dios que se convierte en el modelo a seguir.

Jesús nos invita a ser perfectos como el Padre es perfecto. Llamados a ser como el Padre porque tenemos la capacidad de la perfección, Dios mismo nos va perfeccionando pero siempre y cuando nuestro corazón esté abierto a la reconciliación, al amor.

Como discípulos estamos siendo invitados a no hacer lo que hacen los demás. Es hacer lo que Dios hace. Jesús hace las obras que ve hacer a su Padre y él y el Padre son uno. Nosotros hacemos las obras que Jesús hace para que en lo que hacemos el Padre sea reconocido y amado como el Dios del amor, de la creación y del perdón.

Llamados a ser santos, llamados a la trascendencia, a mirar las cosas más allá de nuestros caprichos. Ser santos: no odiar, no vengarse, no guardar rencor, amar. Nosotros con nuestro comportamiento podemos cambiar a los demás en la medida que nuestro amor se hace acogida y entrega. Saber que tenemos a Dios eso nos hace capaces de generosidad y perdón.

Amar es un sentimiento que significa aceptación, respeto. El amor despierta en quien lo siente, un deseo infinito de entrega y de servicio. El amor va mucho más allá de lo que parece, trasciende lo corporal, lo social.

El amor es divino y por eso es capaz de salvar lo humano, de realizarse en medio de la humanidad.

El que ama sencillamente se entrega, perdona, salva. Esto era claro para Jesús y por eso es que, desde su dimensión humana y después de haber pasado por desprecios, dolores, injurias y persecuciones, es capaz de seguir apostando al amor y al perdón como los únicos recursos que sin destruir al hombre, lo hacen nuevo y contagia al mundo de una justicia nueva, la que nace del amor.

Todo esto es posible si nuestra vida y nuestra meta es Dios. Si somos realmente creyentes Dios debe ser nuestro modelo: El que es Uno se hace trino, el que es trascendente se hace inmanente; el que todo lo pude se abaja y siendo rico se hace pobre. El que tiene la justicia perdona porque ama. Seamos perfectos como el Padre celestial es perfecto nos lo dice el mismo Jesús.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd