CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS

OFRECIMIENTO DE UN DÍA DE ENFERMEDAD

OFRECIMIENTO DE UN DÍA DE ENFERMEDAD

Señor: comienzo un nuevo día y me hallo todavía enfermo, entre estas cuatro paredes. Cuando tenía salud no sabía apreciar la alegría de levantarme de un salto y abrir las cortinas para que penetrase a raudales la luz del sol. No apreciaba la felicidad que supone ofrecerte mi cuerpo que despertaba, mis ojos, mis brazos, todos mis miembros, y prepararme a una nueva jornada de trabajo. Ha sido necesaria esta enfermedad, Señor, para comprender mejor que la salud es un don de tus manos y que yo era un ingrato.

Para reparar mi indiferencia de entonces te ofrezco mi cuerpo enfermo, mis dolores, mis horas de insomnio, en fin, este largo día que me espera. Desde ahora uno mis sufrimientos a los tuyos por las siguientes intenciones (se ofrecen las intenciones personales).

Te ofrezco las alegrías que me procurarán los que me visiten. Te agradezco las atenciones que voy a recibir de los que me cuidan. También te ofrezco esos momentos en que me sentiré solo y un poco olvidado, mientras la vida sigue su curso alrededor de mí; haz que entonces sea feliz en tu compañia.

Concédeme en cada instante de este día la fuerza para aceptar la prueba del sufrimiento sin rebelarme, que sea un enfermo fácil de cuidar; que dé buen ejemplo con mi paciencia, delicadeza y disponibilidad. Que sepa mostrarme agradecido. Y que así me presente como discípulo tuyo, Señor Jesús, durante mi enfermedad.

Así sea.

Tomado del libro Oremos viviendo el amor y la misericordia de Dios No 3

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿Quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

Ofrecimiento de un día de enfermedad

Santa Sede

OFRECIMIENTO DE UN DÍA DE ENFERMEDAD