Lunes, diciembre 05, 2016

OBLATIVIDAD 10

Frente al tema de la salvación se han suscitado diversidad de posturas, unas consideran que es providencia de Dios, otras relacionan la salvación con expresiones y   creencias culturales, para otras la salvación se centra en el progreso económico y material; y aunque lo anterior pueda tener validez, hoy la Palabra de Dios nos revela como hay que salvar la vida.

Desde el profeta Ezequiel se puede afirmar que la salvación no es una acción exclusiva de Dios, sino que se requiere de la voluntad y la participación libre y decidida de cada uno de nosotros; dicha participación consiste en llevar una vida justa, recta, honesta, sincera, reflexiva y humilde; también implica saber reconocer las debilidades, asumir las consecuencias de los actos y conductas y replantear la forma de llevar la vida; por lo tanto, para salvar la vida se requiere del concurso de la acción divina y de la voluntad sincera del creyente.

Junto a ello el Evangelio nos dice que la salvación está dada, más no desarrollada, para ello se requiere de un proceso dinámico de construcción que debe partir de la decisión libre de cada uno, porque Dios no obliga, solamente presenta y sugiere “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña” y es el hombre quien responde desde el valor y significado que le dé a la vida; según esto la vida es un proyecto que se desarrolla desde la interioridad del hombre, que tiene que ver con procesos de autorreflexión en los cuales se permite la acción de Dios,  en otras palabras la vida se salva desde el crecimiento espiritual, por que él nos lleva a tomar conciencia de nuestros actos para replantear nuestras conductas y modos de vida.

San Pablo afirma que para salvar la vida es importante tener amor, compasión, humildad, ser alegres, estar unidos, buscar intereses comunes, no hacer ostentación, tener los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús.

Fuente: Oblatividad  No 10 Septiembre  28 de 2008. Publicación de la Congregación de Misioneros Oblatos de los corazones santísimos de Jesús y María.