Sábado, diciembre 03, 2016

NUESTRA SEÑORA DE LA ACCIÓN DE GRACIAS

Virgen María

La Virgen Inmaculada se dignó dispensarme otra gracia muy preciosa.

 

Por bastante tiempo no pude dar con un método fácil, sencillo y provechoso del cual me auxiliara para la acción de gracias después de la Santa Misa. Ciertamente, mediante la protección del Cielo que ha sostenido mi debilidad, contra el espíritu de incons­tancia, jamás he dejado de emplear una media hora, po­co más o menos, en la acción de gracias después de ce­lebrar el augusto sacrificio; pero me ha ocurrido varias veces no sentir entonces la suavidad y encanto de la devoción, sino hallarme árido y desolado. ¿Qué hacer en tal caso? Valíame en ocasiones de un libro espiritual, otras poníame a meditar en algún punto de la Pasión del Señor; pero a pesar de todo esto no hallaba paz ni re­poso completo en ninguna de estas prácticas. Enton­ces recurrí a la Virgen de mi ermita y, sin saber cómo ni cuando, el hecho es que de repente me hallé con la siguiente sencilla, fácil y para mí gratísima práctica de acción de gracias para después de la Santa Misa.

Me represento a la Virgen Inmaculada llevando en sus purísimas manos la Hostia consagrada en la custo­dia, hollando, con sus plantas virginales, a la serpiente infernal de mis vicios y pecados y de pie sobre el altar de mi corazón. He aquí ahora el modo como adorno la ermita de mi pecho. La fe y la caridad que procuro ejer­citar con varios actos son las dos lámparas que enciendo delante de la Hostia Santa. Cual ramillete de oloro­sas flores, procuro depositar a las plantas divinas de Jesús mis propósitos y resoluciones de ejercitarme en varias virtudes, ya que la castidad es azucena del cielo, la caridad es rosa encendida y la humildad es la peque­ña y balsámica violeta.

Luego, uniéndome a los nueve coros de los Ángeles y a la Reina de todos ellos, la Virgen Inmaculada, me ejercito en los siguientes actos que ofrezco a Nuestro Divino Salvador Sacramentado, actos: 1° de fe, 2º de adoración, 3° de acción de gracias, 4º de desagravio por todos los pecados del mundo, 5º de súplica, por el remedio de todas las necesidades públicas y privadas, 6º de reparación y dolor, por mis propias culpas, 7º de adora­ción, 8º de alabanza, y 9º de amor a Dios y abandono de todo mi ser en las manos del Señor. De modo que, u­niéndome a los ángeles, para que me enseñen a hacer actos de fe, termino asociándome a los serafines, para que me enseñen a hacer actos de amor a Dios.

Con este método sencillo y fácil paso dulce y agradablemente ocupado todo el tiempo de mi acción de gracias que se me pasa rápidamente, de suerte que la me­dia hora me parece sólo un cuarto, Todo esto es obra de la Virgen de mi ermita, que ha venido a ser para mí Nuestra Señora de la Acción de gracias.

Fuente: www.oblatosdematovelle.com