Jueves, diciembre 08, 2016

MISION DEL SACERDOTE Y DEL PONTIFICE


Sacerdote

¡Oh, religión sublime!,
¡Comunión de las almas, cómo llevas


La paz, el bien y la razón por guía,
Donde la cruz, el sacerdote…!qué invenciones
De la diestra de Dios, la diestra pía,
Para curar llagados corazones!

Las oleadas del mal, como diluvio,
Envuelven por doquier toda la tierra;
Mientras el bien impalpable efluvio,
Apenas se percibe en la ardua sierra.
Para sembrar el bien, ¡Que cruda guerra!
¿Dios levanta a la cima del Santuario
A algún Gineés…? Todo está hecho:
¡Contra ese manso, compasivo pecho
Irá a chocar la daga del sicario!

En éste mundo estéril y sombrío
Malógranse los gérmenes de la vida;
Todo es ruinas en él; todo vacío,
Sin la Cruz que le ampara como égida.

¡Feliz el alma que al romper su oscura
Cárcel, de eterno lauro coronada,
Vuelve al seno de Dios, intacta y pura,
En tanto que esta edad se hunde menguada!
¡Quién nos pintará la inquietud secreta
Del sacerdote que consigo mismo
Combate sin cesar, como un atleta,
Para sostener al mundo: ¡Que heroísmo!
A este mundo repleto de venganza,
Que ajeno a toda gloria y esperanza,
Presa de rabia y de rencor profundo
Va rodando sin fin hasta el abismo.
Sacerdote de Dios, noble prelado,
¡Esta es vuestra misión: Salvar el mundo!

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