Viernes, diciembre 09, 2016

MI PACTO CON LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Varias veces había leído, en libros serios y dignos de fe, que hombres miserables llevados del ímpetu de desenfrenadas pasiones habían hecho, con el diablo, el pacto horrendo y criminal de vender su propia alma a este espíritu réprobo, si él les facilitaba satisfacer algún apetito brutal de esas innobles pasiones.

Entre otros casos se me vino a la mano el siguiente. Un mozo perverso se había enamorado perdidamente de una joven, pero no habiendo logrado seducirla, a pesar de todos los artificios empleados para ello, invocó en su favor al dia­blo, y, habiéndosele aparecido, en justo castigo de sus crímenes y por permisión de Dios, este espíritu infernal ofreció a aquel libertino que le facilitaría la realización de sus malvados intentos si, en cambio, le vendía el alma, por escritura firmada con su sangre. El desgracia­do joven accedió a todo cuanto le propuso el tentador, vendió a éste el alma, cometió el pecado infame que ma­quinaba, y, luego fue su alma arrebatada por el diablo y se condenó para siempre. Cuando leí este caso, dije, para mis adentros: "Si esté desgraciado pecador pudo vender su alma al diablo y quedó efectivamente vendida y se perdió por toda la eternidad. ¿Por qué no podré yo vender mi alma a la San­tísima Virgen, si esta poderosa Reina, por precio de esta venta me alcanza de su divino Hijo un tierno y ferviente amor a Dios, me libra de todo pecado mortal en todo el resto de mi vida y me alcanza la gracia de mi sal­vación eterna?" Meditado el asunto durante algún tiem­po, al fin tomé la pluma y firmé con mi sangre la obliga­ción siguiente, cuyo original coloqué como en el mejor archivo y depósito, en el pecho de una imagen de la Santísima Virgen:

MI PACTO CON LA VIRGEN SANTISIMA

"En presencia del cielo y de la tierra e invocando como testi­gos a los Ángeles y Santos, vendo mi alma, irrevocablemente y pa­ra siempre, a Maria Santísima, Madre augusta de Dios, Reina del cielo y Madre amabilísima mía. Por precio de esta venta me alanzará mi Reina dulcísima tres gracias: 1º profesar toda mi vida un amor ardentísimo a Jesucristo Señor nuestro; 2º salir de este mundo purificada plenamente mi alma, de todo pecado; y 3º morir en un acto de amor purísimo a Dios. En cambio la Santísima Vir­gen tendrá derecho perfecto para disponer, en tiempo y eternidad de mi alma, como de cosa y propiedad que exclusivamente le pertenece; podrá, por lo mismo, atravesar con las siete Espadas de sus Dolores, enclavarla en la Cruz e inmolarla a su voluntad, sin que luego tenga yo derecho a quejarme jamás de sus disposiciones, por se­veras que parezcan a mi débil y miserable naturaleza, pues toda co­la es de su dueño y, toda propiedad, de su señor. En fe de lo cual " después de invocar el auxilio de la gracia divina, firmo con, mi sangre el presente PACTO, en Cuenca, a veinte de Septiembre de mil novecientos tres, en la Fiesta de Nuestra Señora de los Siete Dolores. - Julio María Matovelle".

Firmado este Pacto que lo renuevo todos los días, antes de celebrar la Santa Misa, no tengo cosa alguna mía, pues cuanto soy y tengo o de cualquier modo me per­tenece, todo se lo he dado y cedido a la Santísima Vir­gen; por consiguiente, cuerpo y alma, sentidos y potencias, bienes materiales y espirituales, virtudes y méri­tos, salud y vida, todo, absolutamente cuanto me perte­nece, todo es propiedad de la Santísima Virgen. Sin ningún esfuerzo, pues, sino como una consecuencia lógica de este Pacto, hice el Voto en favor de las almas del Pur­gatorio, cediendo en bien de ellas, esto es en sufragio de estas benditas almas, todos los méritas sobrenaturales que yo, con la gracia de Dios, pudiera adquirir en vida, de modo que todo el mérito satisfactorio que pudiera te­ner por alguna obra buena que hiciese con la gracia de Dios, todo sea aplicado a esas almas justas, a elección d e la Santísima Virgen, quien como dueña de esas méritos tiene derecha perfecto para disponer de ellos, como fuese, de su agrado.

Advocaciones Marianas

Fuente: www.oblatosdematovelle.com