Viernes, diciembre 02, 2016

LECTIO DIVINA PARA EL 30 DE OCTUBRE DE 2011

LECTIO DIVINA PARA EL 30 DE OCTUBRE DE 2011

Lectio Divina. 31o. Domingo del Tiempo Ordinario
Tiempo Ordinario. Oración con el Evangelio. Ciclo A.

1. INVOCA

La oración me lleva a sentir presente al Ausente, y a escuchar el silencio, que me habla.

Me comunica su mensaje desde la Palabra y desde la historia de la salvación de cada día.

Me abre caminos para reconocer la irrupción de Dios en mi historia.

En la oración me abro al Espíritu, que me inspira y me anima a vivir la Palabra de Dios.

Invocamos al Espíritu, con el canto: Veni, Sancte Spiritus

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)

2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mt 23, 1-12) (Qué dice la Palabra de Dios)

Contexto bíblico

El texto que hemos leído es la introducción a un discurso de Jesús, en el cual condena muchas posturas de los líderes religiosos de Israel (23, 13-36). Es la respuesta de Jesús al constante rechazo de su doctrina y actuación por parte de las autoridades religiosas.

Algunos comentaristas ven en estos textos de Mateo la confrontación de los primeros cristianos con la sinagoga, más que un enfrentamiento de Jesús histórico con los jefes religiosos. Recordemos que Mateo escribe su evangelio, sobre todo, para los cristianos provenientes del judaísmo.

Texto

1. No imiten su ejemplo (v. 3)

Jesús reprocha la incoherencia, la falta de correspondencia de las autoridades religiosas entre lo que dicen y enseñan y lo que hacen o practican. La enseñanza va por un lado y su vida, por otro. Es la esquizofrenia, la doble personalidad que se trasmite en sus palabras y en sus obras.

Es la misma acusación que Jesús ya había dicho en la parábola de los dos hijos, enviados a trabajar (21, 28-31). Es el sí de palabra, pero el no de hecho.

Practican también la doble moral: estrictos y exigentes para los demás y laxos y condescendientes consigo mismos. Atan cargas pesadas sobre los demás...; pero ellos no mueven ni un solo dedo para llevarlas (v. 4).

El tercer punto de reproche es la hipocresía: Todo lo hacen para que les vea la gente (vs. 5-7). La única motivación que tienen es: se portan bien sólo para que la gente los vea y los alabe. Es la vana ostentación: les gusta los primeros puestos y que les llamen: maestro, padre y jefe.

2. Todos ustedes son hermanos (v. 8)

Jesús contrapone su estilo al de los escribas y fariseos. En la comunidad de discípulos, todos son hermanos, no hay maestros ni padres. Sólo Dios es el Padre. Sólo Jesús es el único Maestro.

¿Cómo es la comunidad que propone Jesús?

a. Una comunidad de hermanos. En esta comunidad, no hay títulos, honores mundanos ni reverencias. Todos forman una fraternidad, en la que todos son iguales. Les doy un mandamiento nuevo: Ámense los unos a los otros... Por el amor que se tengan los unos a los otros reconocerán todos que son discípulos míos (Jn 13, 34-35). Una misma familia de hermanos, que tienen un Padre común. Un solo es su Padre: el del cielo (v. 9).

b. Una comunidad de servicio. La única autoridad es la atención y el servicio al otro. El que quiera ser el primero entre ustedes, que sea esclavo de todos (Mc 10, 44). No hay jerarquías en la comunidad de Jesús. El distintivo es: servir. Y servir por amor. Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?... Apacienta mis corderos... mis ovejas (Jn 21, 15-17).

c. Una comunidad centrada en Cristo. Él es el único Maestro, porque Él es el camino, la verdad y la vida (Jn 14, 6). Aprendan de mí, que soy sencillo y humilde de corazón y encontrarán descanso para sus vidas (Mt 11, 29).

3. MEDITA (Qué me/nos dice esta Palabra)

Como hijos del mismo Padre y discípulos del mismo Maestro, estamos llamados a ser coherentes y sinceros en nuestro pensar y actuar, en la fe y en las obras.

Hemos de cuidar y vigilar nuestras relaciones con Dios y con los hermanos. ¿Nos acercamos al Señor con el interés de parecernos a Él? ¿Nos acercamos a los hermanos con la única finalidad de amarlos, ayudarlos y servirlos?

¿Qué busco cuando me dirijo al Padre o a Jesús en la oración? ¿Ventajas materiales? ¿Consuelos espirituales? ¿Salvarme? Tengo que purificar todo lo posible mis motivaciones, para que sólo el Amor sea el auténtico móvil de mi búsqueda y de mi encuentro con Él.

4. ORA (Qué le respondo al Señor)

Quiero, Señor, ser sincero con mi conciencia y contigo mismo, que vives en mí.

Quiero aprender a ser discípulo auténtico de tu Hijo Jesús, para identificarme con Él y formar parte de su comunidad.

Que aprenda, Señor, a vivir desde tu Amor y pueda resplandecer amor a mis hermanos. Que no tenga otra ilusión que crecer con mis hermanos y servirles lo mejor posible.

Que tu Palabra, Señor, sea la verdadera maestra que moldee mis sentimientos y mi conducta.

5. CONTEMPLA

A Jesús, que me invita a seguirle y a entrar en su dinamismo de amor y de servicio.

A mí mismo, tan egoísta, tan despreocupado del bien de los hermanos, pero con deseos de crecer en la amistad y en el servicio.

6. ACTÚA

Como María, la Madre de Jesús, quiero reconocer mis limitaciones y alabar al Señor por las maravillas que en mí está realizando.

Proclama mi alma la grandeza del Señor. Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador.

P. Martín Irure

LECTIO DIVINA PARA EL 30 DE OCTUBRE DE 2011

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