Viernes, diciembre 02, 2016

LECTIO DIVINA PARA EL 8 DE FEBRERO DE 2015

Estudio Bíblico Dominical
Un apoyo para hacer la Lectio Divina del Evangelio del Domingo
5to del Tiempo Ordinario – 8 Febrero de 2015

EL PRIMER DÍA DE MISIÓN DE JESÚS:
los puntos clave de su ministerio
Marcos 1, 29-39

Introducción

Seguimos, poco a poco, conociendo al Maestro que proclama y enseña que “ha venido el Reino de Dios”. Intentando poner honestamente nuestros pasos en sus huellas lo vamos descubriendo y admirando.

No puede haber seguimiento y misión si no se capta el estilo de vida, las preocupaciones y las prioridades de Jesús. Es importante saber: ¿Qué hace? ¿Dónde lo hace? ¿Con quién lo hace? ¿Por qué lo hace? y ¿Cuál es su fuente de inspiración? Esto es lo que encontramos en el pasaje propuesto para hoy: los puntos clave de la acción misionera de Jesús.

El evangelista Marcos introduce el ministerio público de Jesús con la narración del primer día misionero. Éste sucede en Cafarnaúm y abarca una jornada entera:

(1) Primero –y se sobreentiende que sucede por la mañana- Jesús va a la sinagoga;
(2) luego Jesús sigue a la casa de sus dos primeros discípulos;
(3) al atardecer, acoge la multitud de enfermos y posesos que se aglomeran en la puerta;
(4) pasada la noche, al amanecer, Jesús se va a orar a solas.

Enseguida vemos que lo que se hizo en Cafarnaúm se repite muchas veces en los pueblos vecinos. Sabemos así, qué es lo que Jesús hace en su misión en Galilea: “Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios” (Marcos 1,39).

El primer pasaje, el exorcismo en la sinagoga (1,21-28), precisamente la primera acción misionera de Jesús en el evangelio de Marcos, ya fue leído el domingo pasado. Leamos ahora los otros pasajes, sin perder de vista que se trata de una unidad: la jornada “modelo” de la misión de Jesús.

1. Jesús en casa de Simón y Andrés (Mc 1,29-31)

“Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella.  Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles”

Cuando Jesús y sus discípulos salen de la sinagoga se dirigen a casa de Simón y Andrés, se hace acompañar de la otra pareja de hermanos Santiago y Juan. Los discípulos, que han dejado todo por Jesús, ahora reciben la bendición de la presencia del Maestro en su propia casa: allí Jesús cura de la fiebre a la suegra de Pedro. De esta manera Él se revela como el Señor sobre otra plaga de los hombres: la enfermedad.

La primera curación que Jesús realiza beneficia a una mujer.  Lo hace en la simplicidad y en la intimidad de una casa y de una familia. Concretamente, insistimos, en la familia de las mismas personas que llamó para ser sus discípulos.

Lo que hemos dicho sobre la perícopa anterior acerca de la autoridad de Jesús (ver las anotaciones del domingo pasado), también vale para este pasaje. Pero valga destacar que, en el v.31, cuando se dice que Jesús se acercó, se dice expresamente: “Tomándola de la mano, la levantó”.  La frase evoca una victoria sobre el mal, el cual intenta retener a la mujer “atada” a la cama. La palabra que aquí se coloca para decir “levantó”, pertenece al vocabulario de la resurrección de Jesús. 

La prueba de que esta mujer queda realmente curada es que ella se pone a servir a los huéspedes.  Marcos coloca el término “diakonía”.

¿Para qué es sanada la mujer? como puede verse en la frase final, la mujer se convierte en una auténtica discípula, ya que comienza a hacer aquello que distingue al Maestro: “El Hijo del hombre… ha venido a servir…” (10,45).

2. Jesús en la puerta de la ciudad (Marcos 1,32-34)

“Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta.  Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían”

La actividad de Jesús, centrada en exorcismo y curación, es decir, en la restauración del ser humano en todas sus dimensiones, se repite ahora en la “puerta” de la casa. De la intimidad de la casa pasamos al escenario público.

La población entera capta de quién puede esperar una verdadera ayuda en sus necesidades. Por eso, al atardecer, le traen a Jesús sus enfermos y endemoniados.

Todo el cruel panorama del sufrimiento humano es expuesto en la presencia de Jesús. De repente lo vemos asediado y circundado por una mar de dolor y miseria. Lo que habíamos visto en la sinagoga –un poseído por el demonio- y luego en la casa –una mujer enferma-, parece ser la realidad de mucha gente, por eso se dice que “le trajeron todos los enfermos y endemoniados” de toda la ciudad.

Toda la esperanza de la ciudad está puesta en Jesús.  Él está en capacidad de afrontar estas necesidades. Él tiene el poder para ayudarlos y, de hecho, les ofrece su ayuda: “curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios”.

El silenciamiento de los demonios va en la misma línea de lo sucedido poco antes en la sinagoga (ver el pasaje del domingo pasado).

La presencia de Jesús se va notando gradualmente y el poder deslumbrante de la “autoridad” del Reino va ampliando su radio de acción: de la sinagoga a la casa, ambos espacios restringidos de vida comunitaria y familia, se pasa a la sanación del tejido urbano, la sociedad entera.

3. Jesús se va a orar a solas al amanecer (1,35)

“De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración”.

Bien de mañana, Jesús se retira, en la soledad a orar.  También en esta ocasión, como en el primer milagro, Marcos evita darnos detalles, para él es suficiente decir que Jesús se va a orar en un lugar solitario, al alba, en el silencio, en la paz de la mañana.

No sabemos de qué tipo de oración se trate: si Él le esta agradeciendo a Dios por el buen comienzo que ha tenido su obra, si Él le está dirigiendo una súplica insistente por su actividad futura, si está simplemente en compañía del Padre, tranquilo y serenamente recogido en la quietud de la mañana, o si está contemplando el lago y el paisaje circundante que va emergiendo claramente en la medida en que se disipan las tinieblas de la noche, maravillándose por la obra creadora de Dios, bendiciéndolo.

De la figura de Jesús en el Evangelio de Marcos, hacen parte no solo los rasgos de una actividad incesante, sino también el tiempo para estar con Dios en la quietud y en el recogimiento.  Jesús vive en una relación fuerte con Dios, una relación incomparable.

No se dice qué participación tengan los discípulos en esta oración de Jesús. Probablemente ninguna. Pero es cierto que el comportamiento del maestro está marcando la pauta para su estilo de vida, por lo tanto, también ellos están siendo invitados a orar junto a él, de una manera o de otra, en esta atmósfera de paz y de tranquilidad.

4. La jornada misionera “modelo” se repite en “toda Galilea”: Un estilo de vida y de misión “abierto” (1,36-39)

Notemos, finalmente, que el “día modelo” de Jesús se replica en todas los puntos de Galilea.  Veamos lo que sucede en Mc 1,36-39:

“Simón y sus compañeros fueron en su busca;  al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan.»   El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.»  Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios”

Jesús ha despertado y ha confirmado la confianza del pueblo.  La gente está contenta de poder presentarle todas sus propias enfermedades y todas sus propias necesidades.  No nos extraña, por tanto, que la gente quiera retenerlo y asegurase de manera permanente su ayuda.  Sin embargo, Jesús, no se queda ahí.

“Vayamos a otra parte”. La anotación no está puesta por casualidad.  La vida misionera tiene su esquema pero también es dinámica, ella se va “reinventando” en nuevos lugares, tiempos y situaciones. La misión tiene una fuerza expansiva irreprimible.

Pedro y los otros seguidores de Jesús deben aprender la lección: el Maestro no se amarra a una sola actividad ni a un solo lugar.  Él mismo dice que debe llevar su mensaje a “toda Galilea”. 

5. Síntesis: Los puntos clave del estilo de vida de Jesús y de sus discípulos

Después de aproximarnos un poco a los textos que describen la agenda del primer día de Jesús, que es modelo de los demás días (el evangelista no tendrá necesidad de volver a contarlo y se centrará más bien en las variantes de las jornadas misioneras), podemos sacar algunas conclusiones sobre el estilo de vida que Jesús le propone a los discípulos, estilo de vida que ellos ya están aprendiendo en el “estar” a su lado todo el tiempo.

Retengamos ocho rasgos que son, al mismo tiempo, otras tantas lecciones para el discipulado y la misión apostólica, si es que quiere hacerse bajo el paradigma evangélico:

(1) La misión empieza en el ámbito de la propia comunidad de fe.
(2) La misión debe traer también bendiciones para la propia familia (Marcos señala que la misión no sólo es hacia fuera sino también hacia dentro).
(3) La misión debe llegar al mayor número posible de personas (Marcos presenta a todos los enfermos de la ciudad).
(4) La misión apunta a todos los aspectos de la vida de la persona y no a uno solo.
(5) La misión tiene como un objetivo la derrota de las diversas formas del mal (o maldiciones) que empobrecen y esclavizan la vida humana. De esta victoria emerge un hombre nuevo cuya característica es la entrega a los demás en el servicio. El paradigma es la suegra de Pedro.
(6) Hay que saber integrar la vida comunitaria, con la vida íntima, con la vida pública.  Se trata de un equilibrio difícil de lograr, pero hay que hacerlo. Jesús lo hacía.
(7) Hay que saber integrar la predicación con las acciones que hacen presente el Reino de Dios (ver para qué llama a los discípulos en 3,14s y para qué los envía a la misión en 6,12s).
(8) Hay que saber integrar la misión intensa con la intensa oración.

En fin, el estilo de vida de Jesús y de sus discípulos, que constituye su “vida nueva”, está caracterizado por una fuerte relacionalidad, una relacionalidad según el Reino, en cuyo centro está Dios (=por la oración), que se inserta en los diversos ámbitos relaciones que una persona sostiene en su cotidianidad y les da un nuevo sentido.  Allí, se vence el mal, las personas se cristifican y surge un hombre y una comunidad nuevos. Entonces puede decir con toda certeza que el programa de Jesús efectivamente está aconteciendo: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca” (1,14).

6. Releamos el Evangelio con un Padre de la Iglesia

San Gregorio Magno trata de responder por qué no se ven hoy tal cual esos mismos milagros.

“¿Será, hermanos míos, que os debéis considerar faltos de fe porque no realizáis estos signos? Éstos fueron necesarios en los primeros tiempos de la Iglesia: la fe tenía necesidad de milagros para consolidarse, como cuando nosotros plantamos los árboles, los debemos regar hasta que los veamos firmemente fijos en la tierra y, cuando estén enraizados, dejaremos de echarles agua. Este es el significado de la expresión de Pablo: las lenguas no son un signo para quien cree, sino para quien todavía no tiene fe (1 Corintios 14,22).

Podríamos hacer otras consideraciones más sutiles en torno a estos signos y prodigios. La Santa Iglesia realiza cada día, espiritualmente aquello que en otro tiempo hacía de manera sensible por medio de los Apóstoles”.
(San Gregorio Magno, Homil. 29, 4)

7. Para cultivar la semilla de la Palabra en la vida

7.1. ¿Qué pretendía el evangelista Marcos al comenzar la narración del ministerio de Jesús con la descripción de un día “modelo” de la misión de Jesús? ¿Cómo transcurre un día en mi vida: dónde voy, a quien busco, a qué le doy prioridad en mi agenda?

7.2.  ¿Cuáles son los criterios que determinan nuestro uso y distribución del tiempo? ¿Qué motivaciones sostienen mis actividades?

7.3.  ¿Qué lugar ocupa la oración en la jornada misionera de Jesús? ¿Qué lugar ocupa en mis jornadas? ¿Cómo valoro el significado de la oración?

7.4.  ¿Tiene valor la quietud, el silencio, la soledad orante? ¿Cuánto tiempo le doy a Dios cada día o no consigo detenerme en medio de las actividades frenéticas cotidianas, de las cuales a veces me vuelvo esclavo?

7.5 . ¿Cómo me aproximo a Jesús en mis necesidades? ¿Quisiera obligarlo a que siempre esté a mi disposición de la manera como yo lo determino? ¿Confío de manera total en su poder y en su bondad, sin tratar de imponerle nada?

P. Fidel Oñoro, cjm
Centro Bíblico del CELAM

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