Viernes, diciembre 09, 2016

LECTIO DIVINA PARA EL 7 DE OCTUBRE DE 2012

Un apoyo para hacer la Lectio Divina del Evangelio del Domingo
Vigésimo séptimo del Tiempo Ordinario (B)
7 de Octubre de 2012

EL CAMINO DE JESÚS HACIA JERUSALÉN
Y LA FORMACIÓN DE LOS DISCÍPULOS (IV):
Consecuencias del discipulado para la vida de pareja
Lectio de Marcos 10,2-12

Introducción

En calidad de discípulos seguimos subiendo con Jesús hacia Jerusalén. Desde la escena de la Transfiguración el Padre le había dicho a los discípulos: “Este es mi Hijo amado, escuchadle” (Marcos 9,7).

El tema de la enseñanza que hay que “oír” de labios del Hijo es el seguimiento negándose a sí mismo y cargando la propia cruz (ver 8,34), lo cual implica una fe en su persona y en su palabra (ver 8,35 y 9,43-49), así como el servicio sin límites a todo el que lo requiera (9,35).

Ahora vemos cómo Jesús avanza en su enseñanza mostrando cómo espera que se viva el discipulado en el ámbito familiar, particularmente dentro de la relación de pareja. Tengamos presente que la enseñanza de Marcos 10,2-12 no puede ser aislada del conjunto de la formación que Jesús le da a sus discípulos en el camino hacia Jerusalén. Por eso vemos aquí una consecuencia del discipulado para la vida de pareja.

Ciertamente la propuesta que le vamos a escuchar a Jesús hay que vivirla junto con sus otras enseñanzas. Me explico, en todo lo que se refiere a la relación entre marido y mujer se aplican las actitudes características del discipulado enumeradas hasta ahora: el negarse a sí mismo, el tener fe en la persona y la palabra de Jesús y la disponibilidad para servir.

Entremos en la lectura de un pasaje del evangelio que es exigente pero que al mismo tiempo da mucho ánimo.

1. El texto, su contexto y estructura

1.1. Leamos Marcos 10,2-12

[1Y levantándose de allí va a la región de Judea, y al otro lado del Jordán, y de nuevo vino la gente donde él y, como acostumbraba, les enseñaba.]
“2Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban:
‘¿Puede el marido repudiar a la mujer?’
3El les respondió:
‘¿Qué os prescribió Moisés?’
4Ellos le dijeron:
‘Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla’.
5Jesús les dijo:
‘Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón
escribió para vosotros este precepto.
6Pero desde el comienzo de la creación,
El los hizo varón y hembra.
7Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre,
8y los dos se harán una sola carne.
De manera que ya no son dos, sino una sola carne.
9Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre’.
10Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto.
11El les dijo:
‘«Quien repudie a su mujer y se case con otra,
comete adulterio contra aquélla;
12y si ella repudia a su marido y se casa con otro,
comete adulterio’”.

1.2. El contexto

En Marcos 9,33-50, Jesús y los discípulos estaban ubicados en Cafarnaúm. Ellos vienen descendiendo desde Cesarea de Filipo (el lugar más alejado hacia el norte en Palestina) y se dirigen hacia el sur, hacia Jerusalén. En Cafarnaum han hecho una parada en la “casa” (9,33), allí Jesús ha pronunciado el llamado “discurso de Cafarnaum”, uno de los tres discursos extensos del Señor en este evangelio de Marcos, el tema central ha sido el servicio (9,35) y sus consecuencias.

En Marcos 10,1, se indica un cambio de lugar: “va a la región de Judea, y al otro lado del Jordán”.  Jesús y sus discípulos han retomado el camino hacia Jerusalén y, aunque ya está cerca, todavía no llega. Entonces se da otra parada.

En esta ocasión Jesús no se dedica exclusivamente a los discípulos sino que vuelve a su costumbre de educar a la multitud (“les enseñaba”). Con todo, vemos cómo al final, en 10,10-12 (de nuevo “en casa”), Jesús les explica en particular a sus discípulos el sentido de su enseñanza. Esto nos recuerda lo dicho anteriormente: “Pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado” (4,34).

Curiosamente, en medio de la enseñanza de Jesús a la multitud, de repente interviene un grupo de fariseos para hacer una pregunta. Esto provoca la enseñanza de Jesús en este pasaje.

1.3. La estructura

El texto puede subdividirse así:

(1) El diálogo de Jesús con los fariseos (10,2-9)

• Una “prueba” para poner a la gente y al rey en contra de Jesús (10,2)
• La enseñanza de Moisés sobre el divorcio (10,3-4)
• La enseñanza de Jesús (10,5-9)

o Jesús interpreta la razón de ser de la norma de Moisés (10,5)
o Jesús interpreta el querer del Padre Creador sobre la vida de pareja (10,6-10)
o Jesús no se deja intimidar por los que lo ponen a prueba

(2) El diálogo de Jesús con sus discípulos (10,10-12)

2. El diálogo de Jesús con los fariseos (10,2-9)

Un grupo de fariseos se acerca a Jesús para confrontarlo. Le plantean una pregunta (10,2), a la cual Jesús responde con otra pregunta (10,3-4) y, a partir de la respuesta de ellos, expone su enseñanza (10,5-9).

2.1. Una “prueba” para poner a la gente y al rey en contra de Jesús (10,2)

“Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: ‘¿Puede el marido repudiar a la mujer?’”

Antes de transmitirnos la pregunta que los fariseos le hacen a Jesús, el evangelista la califica de “prueba” (o “tentación”). En este evangelio solamente Satanás (1,13) y los fariseos (8,11; 10,2; 12,15) ponen a “prueba” a Jesús.

¿Qué pretende esta “prueba”? La prueba consiste en:

• Poner a la opinión pública en contra de Jesús, apenas éste pronuncie exigencias fuertes y no palabras halagadoras. Si comparamos con el pasaje de Mc 12,13-17, donde la prueba consiste en generarle a Jesús un conflicto con el emperador o con el pueblo, comprendemos que eso es precisamente lo que sucede aquí.
•  Poner a Jesús y al rey en contra. Es claro que se busca poner a Jesús en aprietos con el rey Herodes Antipas, del cual es conocido el problema matrimonial (divorcio y luego concubinato); precisamente un problema por el cual había muerto Juan Bautista (ver 6,17-29).

En la pregunta “¿Puede el marido repudiar a la mujer?”, se destaca pone en cuestión (1) si el hombre puede por sí mismo deshacer el vínculo matrimonial y (2) que el único que puede tomar la iniciativa de “repudiar” (=deshacer el vínculo) es el varón (Nota: esto en el mundo hebreo, porque las leyes griegas la mujer también lo podía hacer). Todo se concentra en una sola idea: qué es lo que le es permitido hacer al hombre.

La respuesta de Jesús replantea enseguida la misma formulación de la pregunta: si sus adversarios se han referido solamente a lo que le es concedido hacer, Jesús más bien quiere saber qué es lo que Moisés, en cuanto profeta de Dios, ha prescrito. La reacción de Jesús, entonces, tiene dos partes:

• La clarificación de la prescripción de Moisés sobre el divorcio (10,3-5).
• Lo que importa ahora que ha sido anunciado el Reino de Dios, esto es, lo que realmente vale a partir del actuar del Padre Creador (10,6-9).

2.2. La enseñanza de Moisés sobre el divorcio (10,3-4)

“El les respondió: ‘¿Qué os prescribió Moisés?’. Ellos le dijeron: ‘Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla’”

La respuesta de los fariseos se remite a Deuteronomio 24,1: “Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, y resulta que esta mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le redactará un libelo de repudio”.

Estamos ante una solución jurídica frente a un caso matrimonial que termina en separación, la cual se concluye con el acta de repudio.

Los fariseos interpretan esta acta de repudio como un permiso de divorcio. Esto quiere decir que si una persona deja a su mujer, no debe simplemente despacharla de la casa. El documento de repudio que él debe redactarle, tiene que atestiguar que ella ya no está casada, que es libre. También debe protegerla, no sea que la acusen después y le apliquen la pena de muerte por adulterio (ver Dt 22,22).

2.3. La enseñanza de Jesús (10,5-9)

Sobre la respuesta de los fariseos, Jesús desarrolla una enseñanza que (1) interpreta la razón de ser de la norma de Moisés y (2) interpreta el querer del Padre Creador sobre la vida de pareja.

(1) Jesús interpreta la razón de ser de la norma de Moisés (10,5)

Pero si los fariseos leen la norma de Dt 24,1 como un permiso de divorcio, Jesús tiene otra interpretación: “La dureza de vuestro corazón”. En otras palabras, se trata de una prescripción divina para regular un caso conflictivo en la vida de pareja, el cual se ha vuelto insoluble debido a la “dureza de corazón”, esto es, a la cerrazón, a la terquedad, al capricho de los sentimientos, a la incapacidad de abrir el corazón un poco más y de ceder.

La “dureza de corazón” había sido mencionada en Deuteronomio 10,16 (en sintonía con Jeremías 4,4). El contexto es un llamado a la conversión de un corazón cerrado: hay que abrirse ante la bondad y la grandeza de Dios, e inclinarse ante su voluntad. Del hombre que “sigue los caminos” de Yahvé se espera un amor total a Dios con todo el corazón y poner en práctica sus preceptos: “Y ahora, Israel, ¿qué te pide tu Dios, sino que temas a Yahvé tu Dios, que sigas todos sus caminos, que le ames, que sirvas a Yahvé y sus preceptos que yo te prescribo hoy para que seas feliz?” (ver Dt 10,12).

En pocas palabras la “dureza de corazón” es la resistencia del corazón humano frente a la Palabra de Dios, el no querer convertirse.

Y una vez que Jesús va a la raíz del problema en el corazón del hombre, se va enseguida a la raíz de la Palabra de Dios en la acción creadora del Padre.

(2) Jesús interpreta el querer del Padre Creador sobre la vida de pareja (10,6-10)

Jesús ahora se remonta al que es el origen de la Ley: Dios mismo. ¿Cuál era la voluntad primera del Creador que, luego por la “dureza del corazón” humano, se adaptó?

Jesús pone en el centro de la atención el relato de la creación citando dos pasajes: Génesis 1,27 y 2,24. Veamos su mensaje:

• Hombre y mujer fueron creados para la complementariedad: “Él los hizo varón y hembra” (Gn 1,27). Son dos formas distintas del ser humano: varón y hembra, pero son el uno para el otro, se dan la mano el uno al otro.
• Hombre y mujer fueron creados para la unidad: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne” (Gn 2,24). Hacerse una sola carne es hacerse un solo ser viviente: todo apunta hacia la unificación, no hacia la disgregación.

Jesús subraya repitiendo con sus propias palabras la última frase del Génesis sobre la complementariedad que se hace unidad: “De manera que ya no son dos, sino una sola carne” (10,8).

De este ordenamiento que proviene del Creador, Jesús saca la conclusión: “Lo que Dios unió, no lo separe el hombre” (10,9). El hombre está llamado a actuar en sintonía con su Creador, por tanto, no le compete al hombre romper la unidad porque iría en contra de su propia naturaleza creada. El llamado a la unidad en la vida de pareja es como una especie de marca de fábrica en el ser humano, es el sello de amor de su Creador, por eso no está en nuestras manos el disolver esta unidad.

¿Cuál es, entonces, el criterio que hay que tener presente en la regulación de la convivencia entre los seres humanos, particularmente en la vida de pareja, espacio en el cual brota la vida? La respuesta es: el ordenamiento del Creador. Es Él quien nos ha hecho distintos y, al mismo tiempo, complementarios; es Él quien nos une. La discusión sobre los detalles de la casuística de la separación puede llevar a perder de vista el horizonte más amplio y fundamental: lo que Dios quiere. Y lo que Dios quiere lo escuchamos ahora por la boca del Hijo: “Escúchenlo” (9,7), dijo el Padre.

(3) Jesús no se deja intimidar por los que lo ponen a prueba

Eso es lo que notamos al llegar a este punto del pasaje. Su respuesta lo pone en contra, tanto de su auditorio como de la de la tradición judía que le permitía al varón el derecho de repudiar a la mujer; pero la mujer no tenía este derecho. A los varones probablemente no les caería bien la pérdida de este aparente privilegio sobre la mujer: el varón y la mujer están en el mismo plano de igualdad frente a Dios, no será el varón el que tome la determinación sobre su mujer.

Además, en las discusiones sobre el matrimonio, se dedicaban más a determinar las razones válidas para el repudio y no a buscar la fuente de la unidad. Para un discípulo de Jesús la cuestión no está en mirar los factores negativos que disgregan su vida de pareja, sino de vivir a fondo el manantial de amor que proviene de su Señor, quien es “el Hijo”, el cual hace presente de manera concreta, real y definitiva la obra del Padre Creador.

Desde el seguimiento del Crucificado, desde su amor sin límites, la relaciones de la pareja son comprendidas de otra manera.

3. El diálogo de Jesús con sus discípulos (10,10-12)

“10Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. 11El les dijo: ‘Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; 12y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio’”

La instrucción de Jesús a los discípulos se realiza “en casa”, que es lugar de profundización reposada de la enseñanza (ver lo mismo en 7,17; 9,28.33).

Notemos cómo Jesús, retomando el tema, se refiere también a la posibilidad de que la mujer repudie al marido, poniendo a los dos en el mismo plano. Como, dijimos antes, esto es posible según el derecho griego. De todas formas, no importa cuál de las partes lo haga, el repudio para comenzar otro matrimonio es calificado como adulterio, o sea, como un acción contraria al querer de Dios que ha sido revelado en el Decálogo (ver Éxodo 20,14; Deuteronomio 5,18).

Que Jesús comience a referirse a los dos como situados en el mismo plano se comprende mejor desde el momento el que presentó su lectura del texto del Génesis. Pero también es y seguirá siendo cierto que de este mismo texto se desprende el que solamente Dios puede deshacer lo que ha unido.

En fin…

Con su pregunta, los discípulos dejan entender que han sentido dificultad para comprender la enseñanza de Jesús. La enseñanza pedía ir a la doble raíz: la del hombre (la “dureza de corazón”) y la de Dios (su proyecto creador en el Génesis). Pues bien, el discipulado –siguiendo estrechamente el camino de Jesús- supone la atención a las resistencias del propio corazón, resistencias que mandan al piso las relaciones más hermosas, como también al corazón de Dios quien nos generó para la comunión.

En el seguimiento del Crucificado, el Hijo que ahora escuchamos y que luego contemplamos de brazos abiertos y manos clavadas declarándonos con dolor su fidelidad hasta el fin, encontramos la fuerza para amar hasta el fin.

4. Releamos el Evangelio con un Padre de la Iglesia

“¿Cómo puedes establecer leyes diferentes para una persona que es tan digna de respeto como tú?
Si miras la culpa, la mujer pecó, pero Adán pecó también: la serpiente los engañó a ambos para llevarlos a la culpa. No es que ella fuera hallada como la más débil y él como el más fuerte.

¿Quieres reflexionar sobre el plan de salvación? Cristo los salvó a ambos con su pasión.
¿Se encarnó por el hombre? Pues también por la mujer.
¿Sufrió la muerte por el hombre? También a la mujer le ofreció la salvación con su muerte.

Él fue proclamado ‘descendiente de la estirpe de David’ y a partir de ahí tal vez concluyas que los hombres deben tener la precedencia a la hora de recibir la honra. Yo sé que sí (que es descendiente de David), pero también “nació de una Virgen”, y esto vale también para la mujer. Por eso dice: ‘Los dos serán una sola carne’. Por consiguiente, la carne, que es una sola, tenga igual honra.

Ya san Pablo […] decía: ‘Este misterio es grande: lo digo en relación a Cristo y a la Iglesia’ (Efesios 5,32). Es bello, para una mujer, venerar a Cristo en el marido; pero es bello también para el hombre no despreciar a la Iglesia en la mujer. ‘La mujer, dice, respete al marido’, como Cristo. Y también el hombre sostenga y ame a la mujer, precisamente como Cristo hace con la Iglesia”.
(San Gregorio Nacianceno, Homilía 37,5-7)

5. Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

5.1. No es extraño encontrar el caso de parejas separadas y en camino de hacerlo. Esto suscita discusiones jurídicas sobre cuándo es válida o no la separación. Según el Evangelio de hoy, ¿Cómo hay que abordar el problema de los conflictos de pareja?

5.2. ¿Qué se entiende por “dureza de corazón”? ¿Qué relación tiene con los problemas familiares y con las separaciones?

5.3. ¿Cuál es la enseñanza del libro del Génesis sobre la pareja humana?

5.4. En el texto de hoy el papel de la mujer es considerado. ¿El hombre es superior a la mujer? ¿Quién es el que está por encima del hombre y de la mujer, y de las decisiones que éstos tomen?

5.5. Todo el pasaje es una maravillosa pieza de discipulado. ¿Qué relación hay entre discipulado y vida matrimonial? ¿Qué le aporta de nuevo el discipulado a una vida de pareja hoy?

P. Fidel Oñoro, cjm
Centro Bíblico del CELAM

LECTIO DIVINA PARA EL 7 DE OCTUBRE DE 2012

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