Viernes, diciembre 02, 2016

LECTIO DIVINA PARA EL 31 DE AGOSTO DE 2014

Estudio Bíblico Dominical
Un apoyo para hacer la Lectio Divina del Evangelio del Domingo
22 del Tiempo Ordinario – 31 de Agosto de 2014

La esencia del Discipulado: Seguir al Maestro en su ruta pascual hacia la “Vida” Mateo 16,21-27

Introducción

Siguiendo la secuencia que traemos en el evangelio de Mateo, damos un paso adelante: cuando los discípulos adquieren un conocimiento pleno de la persona de Jesús, éste puede desvelarles abiertamente el destino que le(s) espera, la pasión en Jerusalén.

Es así como el evangelio de hoy nos pone ante el tema del DISCIPULADO. Pero no para tratar un aspecto más de éste sino su núcleo fundamental: el seguimiento de Jesús reproduciendo en la propia vida el camino de la Cruz que culmina en la Resurrección. El camino del seguimiento en y hacia la verdadera “vida”.

La cuestión parece simple pero no es fácil. El evangelio lo ilustra bien: el “cara a cara” de Jesús y Pedro lleno de admiración y felices declaraciones que vimos el domingo pasado, se presenta en este domingo desde la otra cara de la moneda: una desagradable discusión entre Pedro y Jesús.

El hecho es que Pedro no parece estar dispuesto, en un primer momento, a aceptar que el centro de esta identidad de aquel que confesó como “Mesías e Hijo de Dios”, apunta a la comunión con su destino doloroso en la pasión, muerte y resurrección: el tomar la cruz.

Por eso es sorprendente que al mismo a quien Jesús felicitó con la bienaventuranza “Dichoso eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (16,17), en el pasaje siguiente también le diga enérgicamente: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí!” (16,23).

La fe confesada con la boca pide recorrer el camino del Mesías, tal como Él lo propone. Con su reacción negativa frente al anuncio de la Cruz, Simón Pedro parece colocarse, de repente, lejos de los pensamientos del Padre Dios. De hecho, una cosa es lo que uno pueda profesar de boca y otra lo que en la práctica resulte haciendo (la práctica).

El discipulado implica este “escuchar” y tomarse en serio el anuncio de la Cruz y la Resurrección, en el cual se revela la identidad definitiva del Mesías e Hijo de Dios, y seguir ese mismo itinerario. En medio de la sombra de la Cruz se vislumbra enseguida el misterio de la “vida”.

De aquí en adelante el evangelio tratará de ayudarnos a comprender la “necesidad” de la pasión y resurrección de Jesús. Todos estamos llamados a hacer un esfuerzo para comprender más a fondo la necesidad del misterio pascual y dar los pasos respectivos.

1. El texto

El contexto

La conexión con el evangelio del domingo pasado se puede ver, entonces, con claridad. Una vez que ha quedado claro que Israel -como un todo- no reconoce la identidad de Jesús, esto es, no acoge a Jesús como el Mesías e Hijo de Dios, comienzan dos nuevas tareas para este servidor de Dios que ha sido rechazado:

(1) Establecer el Nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, y darle sus instrucciones.

(2) Dar su vida como rescate por muchos: el camino pascual a partir del cual se edifica la nueva comunidad.

Jesús acaba de comenzar, en el pasaje anterior la primera tarea, ahora centra su atención en la segunda.

Estructura

En el texto de Mateo 16,21-28 distinguimos dos partes:

(1) El anuncio de la pasión y resurrección de Jesús, el cual suscita una discusión entre Pedro y Jesús (16,21-23)

(2) Una instrucción de Jesús sobre la verdadera naturaleza del discipulado (16,24-28).

Leamos…

…ahora, muy despacio, el texto completo:

“21 Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día.

22 Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: ‘¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!’

23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!’

24 Entonces dijo Jesús a sus discípulos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

25 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará.

26 Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?
O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?

27 Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta’”.

2. Un dialogo vivaz entre Jesús y Pedro en torno al anuncio de la Pasión y Resurrección (16,21-23)

Vale notar en esta parte del pasaje:

(1) Tres partes: (a) el anuncio de la pasión y la resurrección (en boca del narrador; 16,21), (b) la objeción por parte de Pedro (16,22) y (c) la reprensión a Pedro por parte de Jesús (16,23).

(2) En el v.22: las contraposiciones Satanás/Dios y Dios/hombre (también implícitamente: Discípulo/Maestro).

(3) Un esquema parecido en relatos anteriores: Mateo 9,1-8.10-13; 12,1-8.

2.1. Jesús pone el tema: anuncio de la Pasión en Jerusalén y de la resurrección (16,21)

El texto comienza exponiendo, con los términos sustanciales, el camino de Jesús hacia Jerusalén, donde vivirá la pasión y donde finalmente el Padre se manifestará con la Resurrección del Hijo.

“Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos…”. La indicación “desde entonces” nos remite a la declaración con la que Pedro reconoció a Jesús como Mesías e Hijo de Dios. También el ministerio de Jesús, en Mateo 4,17, se había introducido con esta expresión. Se podría decir que en Galilea se anunciaba la venida del Reino (ver 4,17), pero a partir de ahora, con este nuevo “desde entonces”, se anuncia la necesidad del sufrimiento de Jesús en Jerusalén. Una vez que termina el ministerio en Galilea, la mirada se pone en Jerusalén donde llegará a plenitud el Reino.

La manera como Jesús se expresa es significativa. El término “manifestar” (literalmente: “explicar” o “mostrar”), describe en este caso una instrucción privada a los “discípulos” y deja entender, al mismo tiempo, que se trata de algo que hay que mirar y en lo cual concentrar la atención.

La expresión más significativa de la exposición que hace Jesús es “…que él debía ir a Jerusalén”. El término “Debe”, es equivalente a “está escrito” (el cumplimiento de las Escrituras = el plan de Dios); expresa la convicción de que la pasión de Jesús es la realización en el tiempo de un destino que había sido predicho para el Mesías por las mismas Escrituras, las cuales reflejan el querer de Dios. Algunos pasajes del Antiguo Testamento se pueden entrever, como los Salmos 22; 34,19-22; 89,38-45 (el sufrimiento del justo); Isaías 52,13-53,12 (el cuarto cántico del Siervo sufriente); Daniel 7 (la venida del Hijo del hombre), y otros.

Una secuencia cronológica en tres pasos señalan los acontecimientos en Jerusalén: “Sufrir mucho… ser matado… resucitar al tercer día”.  El lugar, Jerusalén, encaja bien con el espacio en el cual los líderes judíos ejercen su mayor poder. Los tres grupos nombrados -Ancianos, Sumos Sacerdotes y Escribas- aparecen actuando como un solo bloque y representan la cabeza del Pueblo de Dios (ver su actuación concreta en el relato de la Pasión: 26,3.47.57; 27,1.3.12.20.41).

No hay que perder de vista la acción final: “resucitar al tercer día”.  Literalmente dice “ser resucitado”: Dios es el autor de la resurrección. Notamos un contraste entre las fuerzas humanas que llevan a la muerte y el poder de Dios que resucita y exalta a la Vida.

2.2. La objeción por parte de Pedro (16,22)

“Tomándole aparte Pedro…”. Como en sucedió en 16,18, quien reacciona es solamente Pedro. Él trata de interponerse en el camino de Jesús para impedirle que cumpla el objetivo anunciado. El “tomarlo aparte” muestra que no quiere aparecer reprobando al Maestro en presencia de los otros discípulos.

La reacción muy humana de Pedro –quizás “la carne y la sangre” de que hablaba el v.17- está subrayada con el verbo “reprender”. Siendo Jesús el “regañado” por Pedro, es claro que se trata de un gesto de locura e incomprensión por parte del apóstol. Pedro cree que puede mandar a Jesús.

Sus palabras tienen dos partes:

(1) “¡Lejos de ti, Señor!”. Es ante todo una imploración basada en la idea de que toda desventura humana presupone una culpa cometida, o sea, es como si le dijera: “¡Que Dios no te castigue!”. La expresión original griega se podría traducir así: “que Dios tenga misericordia de ti”.

(2) “¡De ningún modo te sucederá esto!”. Quizás obnubilado por la promesa de que “las puertas del infierno no prevalecerán” contra la Iglesia, Pedro no consigue comprender que su Maestro pueda sufrir algún daño y mucho menos que el camino para la vida tenga que pasar por el incomprensible misterio de la muerte.

Pedro quiere que Jesús esté lejos del sufrimiento y de la muerte. Además, con su reacción pareciera que no hubiera escuchado o no hubiera comprendido la palabra “resucitar”. Esto último no parece impresionarlo, él sólo se queda con el impacto de los acontecimientos terrenos.

Pedro aparece como imagen del cristiano que está de acuerdo con el lado agradable del seguimiento pero que rechaza el sufrimiento. Al mismo que acaba de confesar la fe, todavía le falta un largo camino. ¡Qué difícil es aprender los caminos de Dios!

2.3. La reprensión a Pedro por parte de Jesús (16,23).

La reacción negativa de Pedro le da a Jesús la ocasión para afirmar de la manera más fuerte posible la necesidad del mesianismo sufriente. 

“Pero él, volviéndose, dijo a Pedro…”. El hecho que Jesús se voltee indica que continúa adelante su camino pasando por encima de la interposición de Pedro.

La reprensión que viene es fuerte. Contiene tres frases que sacan a la luz tres contrastes:

(1) “¡Quítate de mi vista, Satanás!”.  El verdadero contraste aquí es entre Satanás y Dios.

Al tratar de apartar a Jesús de su camino, Pedro se convierte en instrumento de Satanás (ver el relato de las tentaciones en Mateo 4,1-11).

(2) “¡Escándalo eres para mí!”. El contraste aquí es entre Pedro y Jesús.

Pedro es llamado, literalmente, “piedra de tropiezo” (significado del término “escándalo” en griego), esto es, la trampa tendida para hacer caer a Jesús en su camino. Jesús se refiere a él como “tentación” que hace caer (ver Sabiduría 14,11) y apartar del querer del Padre, o sea, un obstáculo para desviar del camino que conduce la cruz pasando por el Getsemaní y el Gólgota.

Podría verse una relación, en el fondo una ironía, entre esta reprensión y la promesa que se le había hecho a Pedro de ser “piedra (ver Isaías 8,14).

(3) “¡Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!”. El contraste aquí es entre los hombres y Dios.

Se explica el “por qué” de lo anterior: “porque tú no concuerdas con los caminos de Dios (que incluyen el sufrimiento y la muerte del Mesías) sino con el punto de vista de los hombres (esperar un Mesías triunfante sin pasar por el dolor)”.

La contraposición entre los puntos de vista humanos y divinos muestra que Pedro, en su manera de comportarse, está guiado por intereses egocéntricos. No sólo priman los cálculos humanos sino sus propios intereses (ver también Mateo 12,40; Romanos 8,5; Filipenses 3,19; Colosenses 3,2).

Sintetizando, en términos negativos, vemos cómo Jesús –con pocas palabras- coloca a Pedro en la raya, mostrando la distancia de pensamiento que hay entre los dos; por otra parte, en términos positivos, notamos cómo Jesús le hace a Pedro una nueva invitación al seguimiento, cuando éste parece comenzar a decaer (ver 4,19), solicitándole que aprenda lo que el discipulado implica.

Una interesante explicación actualizante de esta frase del Evangelio se la escuchamos a san Juan Crisóstomo en su comentario de san Mateo:

“Todos los que huyen de la Cruz de Cristo escuchen esta palabra (que Jesús le dirige a Pedro). Si el príncipe de los apóstoles, quien no pudo aprehender de Dios este misterio, es llamado ‘Satán’ por el mismo Jesucristo, ¿qué deben esperar aquellos que renuncian a esta cruz después que ella ha sido adorada por toda la tierra? Si el Hijo de Dios le hizo un reproche tan severo a aquel que acababa de llamar ‘bienaventurado’ y que había hecho una confesión de fe tan excelente y tan revelada (por Dios), juzguen cómo tratará un día a aquellos que después de tantas pruebas no reciban ni adoren aún el misterio de la Cruz” (Homilía 54,4).

3. Instrucción sobre la verdadera naturaleza del discipulado (16,24-27)

¿Cuál es el “pensamiento de Dios” qué Pedro y los discípulos deben aprender? El verdadero discipulado no se logra fácilmente porque es un “seguimiento” (16,24c) del ejemplo del Maestro Jesús y esto tiene su precio.

Es así como comienza una instrucción de Jesús, “a sus discípulos”, sobre la naturaleza del discipulado. La enseñanza tiene tres partes:

(1) El “Qué”: (una sentencia + un “porque”)

Si el Maestro Jesús soporta un camino de sufrimiento y muerte (16,21-23), igualmente los discípulos están llamados a dar sus vidas y cargar la cruz (16,24). Se da la motivación fundamental para hacerlo (16,25: un paralelo que contrapone “salvar la vida” / “perder la vida”).

(2) El “Argumento”: (una sentencia + un “porque”)

Con dos preguntas retóricas (es decir, que traen implícita la respuesta), una positiva y una negativa, Jesús enseña que hay que “trascender”, que la vida plena no se gana en este mundo (16,26) sino en el venidero (16,27). Aquí se da una contraposición de valores: “ganar el mundo entero” / “ganar la vida”.

(3) La “Verificación”: (un segundo aspecto del “porque” anterior)

En la confrontación final con Jesús, quien vendrá en su gloria de “Hijo del hombre”, se verá quién ha sido verdadero discípulo a partir de un criterio fundamental: “Su conducta” (16,27).

Tenemos una serie de frases que se desprenden de la propuesta fundamental del “negarse a sí mismo, tomar la cruz y seguir” a Jesús. Es difícil que se le pueda pedir algo más alto a un ser humano. Pero lo que se tiene en vista es la “Vida”: nótese cómo en los vv.25 y 26 se repite cuatro veces el término “Vida”. Pareciera que se estuviera hablando en términos negativos, al proponer “tomar la cruz”, sin embargo, todo el énfasis de la enseñanza es positivo: la victoria de la Vida.

3.1. Seguir al Maestro cargando la Cruz (16,24-25)

“Si alguno quiere venir en pos de mí…”. Después de la imprudente, pero honesta, reacción de Pedro, Jesús enseña que ser discípulo significa seguirlo en el camino hacia Jerusalén, donde le espera la Cruz. Entrar en esta ruta supone una escogencia libre: “Si alguno quiere…”.

En el horizonte está la Cruz de Jesús, la que Él ha tomado primero. Ante ella, e imitando al Maestro el discípulo hace tres cosas:

(1) Se “niega a sí mismo”. Negarse a sí mismo significa no anteponer nada al seguimiento. El valor de Jesús es tan grande que se es capaz de dejar de lado aquello que pueda ir en contradicción con Él y sus enseñanzas.

(2) “Toma su (propia) cruz”. El estar prontos a seguir llevando la cruz implica el estar prontos a dar la vida. Puede entenderse como:

(a) la radicalidad de quien está dispuesto a ir hasta el martirio por sostener su opción por Jesús;

(b) la fortaleza y perseverancia frente a los sacrificios y sinsabores que la existencia cotidiana del discípulo comporta;

(c) la capacidad de “amar” y de transformar la adversidad en una fuente de vida.

(3) “Sigue” a Jesús. En fidelidad al Maestro, como alguna vez propuso san Francisco de Asís, el discípulo pone cada uno de sus pasos en las huellas del Maestro.

La motivación fundamental es ésta contraposición:

“Porque quien quiera salvar su vida, la perderá / pero quien pierda su vida por mí, la encontrará” (16,25).

Estas dos posibilidades contrapuestas, puestas ahora en consideración, iluminan  el sentido del seguir a Jesús con la cruz partiendo de la idea de la vida. En pocas palabras: la meta del discipulado es encontrar la vida, lo cual corresponde al deseo más profundo de todo ser humano. Ahora bien, esta meta puede ser lograda o fracasada solamente de manera radical, no hay soluciones intermedias.

La vida, aquí y más allá de la muerte, se consigue mediante un gesto supremo de donación de la propia vida. Hay falsas ofertas de felicidad (o “realización de la vida”) que conducen a la pérdida de la vida; la vida es siempre un don que no nos podemos dar a nosotros mismos, en cambio, siempre estamos en capacidad de darla. En esta lógica: quien pierde la propia vida por Dios y por los demás, “la encontrará”.

El discipulado, bajo la perspectiva de la cruz, no es un camino de infelicidad, todo lo contrario: ¡El sentido último del seguimiento es alcanzar la vida!

3.2. Una sabia decisión que hay que tomar con base en argumentos sólidos (16,26)

Enseguida Jesús plantea dos preguntas que llevan a conclusiones irrefutables. Éstas están  formuladas de tal manera que sólo pueden tener una respuesta negativa:

(1) “¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?”. Respuesta obvia: “De nada”

(2) “¿Qué puede dar el hombre a cambio de su vida?”. Respuesta obvia: “Nada”.

Para captar lo específico de este dicho de Jesús hay que considerar la característica propia de la idea de la vida. No se habla aquí de la vida como de un valor biológico, de una vida larga y ojalá con buena salud. Se trata del sentido de la vida. La verdadera vida, la cual según la Biblia se alcanza en la comunión con Dios, se logra –en última instancia- mediante el seguimiento de Jesús. El seguimiento de Jesús es, entonces, un camino completamente orientado a la vida, a la existencia plena y realizada.

Ésta se pone en riesgo cuando se vive de manera equivocada, cuando se construye sobre falsas seguridades. Al referirse a gente que quiere “ganar (=conquistar) el mundo entero”, Jesús denuncia la falsa confianza puesta en propiedades y riquezas. A esto se había referido ya el relato de las tentaciones de Jesús: la búsqueda y apego al poder, al prestigio, a lo terreno, como caminos de felicidad o como metas de vida.

Nadie puede darse a sí mismo la vida y su sentido. Así se había expresado ya en el Salmo 49,6-8: “¿Por qué temer en días de desgracia / cuando me cerca la malicia de los que me hostigan,/ los que ponen su confianza en su fortuna/ y se glorían de su gran riqueza? / ¡Si nadie puede redimirse (a sí mismo) / ni pagar a Dios su rescate!”.

Pero es verdad que si el Salmo 49 es una advertencia sobre la muerte, el evangelio prefiere enfatizar la verdadera vida.

Por lo tanto, un serio peligro amenaza a quien quiere desaforadamente “ganar” el mundo entero apoyándose en imágenes de felicidad que parecieran convertirse en fines en sí mismos, entre ellos la carrera, el prestigio o el orgullo por los propios logros.

El verbo en futuro, en la expresión “¿de qué le servirá al hombre?”, invita a poner la mirada en el tiempo final, en el cual cada uno verificará si ha logrado o no el objetivo de su vida.

3.3. La responsabilidad del discípulo en el tiempo final: dar cuenta de la “praxis” (16,27)

“Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta”. Finalmente, y extendiendo más aún la mirada hacia el futuro, Jesús hace referencia al tiempo final de la venida del Hijo del Hombre: donde se valora la vida como un todo. La valoración está en manos del Hijo del hombre; los ángeles aparecen formando su corte.

La expresión “en la gloria de su Padre” indica a Jesús como Hijo de Dios. El “Hijo del hombre”, quien –habiendo pasado por la humillación y el rechazo- culmina su camino triunfante, es, en última instancia, el “Hijo de Dios”; el mismo a quien Pedro –sin captar todas las implicaciones- había confesado como tal un poco antes. Y frente al “Hijo” por excelencia se desvela la verdad de todo hombre.

En este momento de revelación final, cada hombre debe responder por su vida. Este es un pensamiento bíblico bien afirmado (ver Salmo 62,13; Proverbios 24,12; Romanos 14,12; 1 Corintios 4,5; 2 Corintios 5,10). Particularmente para el “discípulo” de Jesús es la hora de la verdad de su discipulado.

La síntesis del criterio de juicio sobre el obrar humano no es lo que haya dicho o prometido hacer (ver Mateo 7,21-23) sino su “hacer” real: “Pagará a cada uno según su conducta” (el texto griego dice “praxis”). En el Sermón de la montaña, Jesús había dicho: “el que haga la voluntad de mi Padre celestial” (7,21) y también “por sus frutos los conoceréis” (7,16ª); también en la parábola del rey: “cuanto hicisteis… cuanto dejasteis de hacer” (25,40.45).

Esta praxis no está referida solamente a acciones particulares -como pensaban los rabinos- sino al estilo de vida, la vida entendida como unidad.

En fin…

No es suficiente haber bellísimas confesiones de fe de boca, como vimos hace una semana. El discipulado es moldear la vida entera en la dinámica del seguimiento del que fue camino a la Cruz para recibir allí, del Padre, la vida resucitada. La Cruz no sólo es para ser contemplada sino para hacerla realidad en todas las circunstancias de la vida. De esta manera el discípulo reconoce y asume el destino de su Maestro en el propio. El discipulado es un camino de vida, una verdadera vida que vale la pena descubrir. Y es para todos, no sólo para los apóstoles.

Esta es la lección fundamental. Seguiremos los próximos domingos un curso de discipulado, a la manera del evangelista Mateo.

4. Releamos el evangelio con un Padre de la Iglesia

“¡Qué persona, hermanos míos, no reacciona ante estas marcas augustas y adorables de nuestra salvación!

La cruz de Jesucristo es la fuente de todos nuestros bienes. Es por ella que vivimos y que somos lo que somos.

Carguemos la cruz de Jesucristo y hagamos de ella como una corona de gloria. Ella es como el cumplimiento de todas las cosas que se refieren a nuestra salvación.

• Si somos regenerados en las aguas sagradas del bautismo, la cruz allí está presente.

• Si nos acercamos a la mesa del Señor, para recibir su santo cuerpo, allí ella se manifiesta.

• Si nos imponen las manos para consagrarnos al ministerio del Señor, allí ella está presente.

En fin, en todo lo que hacemos, vemos en todo este signo adorable, que es al mismo tiempo la causa y el sello de nuestra victoria.

Nosotros la tenemos en nuestras casas, la colgamos en nuestras murallas, la grabamos en nuestras puertas, la imprimimos en nuestras miradas y la llevamos siempre en el corazón.

Porque la Cruz es un signo y monumento sagrado, que le recuerda a nuestra memoria la obra de nuestra salvación, la recuperación de nuestra antigua libertad y la misericordia infinita de nuestro salvador Jesucristo, quien por el amor que nos ha dado, ha sido como una oveja llevada a matadero”.

(San Juan Crisóstomo, Comentario sobre Mateo, homilía 54,3).

5. Cultivemos la semilla de la Palabra en el corazón

5.1. ¿Cómo se conecta el pasaje de este domingo con el del anterior? ¿Cómo se confiesa la fe en el Mesías e Hijo de Dios?

5.2. ¿Qué es el discipulado? ¿Cuáles son los requisitos?

5.3. ¿Cómo aparece el camino de Jesús hacia Jerusalén? ¿Qué camino está llamado a recorrer el discípulo de Jesús? ¿Por qué hacerlo?

5.4. ¿Por qué Pedro reaccionó negativamente ante el anuncio de la cruz? ¿Cómo reacciono frente a mis sufrimientos, dificultades y adversidades? ¿Qué le digo a Dios? ¿Qué “visión” se esperaría que tuviera un discípulo de Jesús?

5.5. No caminamos solos, lo hacemos en Iglesia. ¿Qué implica este evangelio para mi familia, mi pequeña comunidad, mi parroquia? ¿Qué debe diferenciarnos frente a otros modelos de felicidad que plantea la sociedad actual?

P. Fidel Oñoro, cjm
Centro Bíblico Pastoral para América Latina
del CELAM

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