Jueves, diciembre 08, 2016

LECTIO DIVINA PARA EL 22 DE NOVIEMBRE DE 2015

Un apoyo para hacer la Lectio Divina del Evangelio del Domingo
Solemnidad de Cristo Rey – Noviembre 22 de 2015

El Rey que da vida en plenitud
Lectio de Juan 18,33b-37

CRISTO REY DEL UNIVERSO

En este domingo nos postramos en adoración ante el Rey del Universo. El evangelio de Juan nos sumerge en esta realidad mediante un precioso camino que se traza en el diálogo entre Jesús y Pilato en la hora del juicio en el pretorio de éste último en Jerusalén.

Leamos Juan 18,33-37:

“33 Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: ‘¿Eres tú el Rey de los judíos?’
34 Respondió Jesús: ‘¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?’
35 Pilato respondió:  ‘¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí.  ¿Qué has hecho?’
36 Respondió Jesús: ‘Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí’.
37 Entonces Pilato le dijo: ‘¿Luego tú eres Rey?’ Respondió Jesús: ‘Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo:
para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz’”.

El pasaje coloca frente a frente a dos reyes. Pilato, quien representa al emperador romano, es el hombre que detenta en Judea el máximo poder y es el único que puede aplicar la pena de muerte, él tiene derecho sobre la vida y sobre la muerte.  Jesús, quien llega atado como un malhechor, se presenta a sí mismo como un Rey, pero de un tipo distinto al de Pilato.  Jesús aparece sometido a la autoridad de Pilato (“Tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?”; 19,10), pero –como se concluirá de los interrogatorios- este poder no es decisivo (“No tendrías sobre mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba”; 19,11).

La confrontación entre Pilato y Jesús es extensa en el relato de la Pasión. Hoy nos vamos a detener solamente en uno de los interrogatorios (18,33-37), el cual se desarrolla básicamente a partir de tres preguntas que provocan un triple pronunciamiento de Jesús:

- “¿Eres tú el Rey de los judíos?” (18,33)
- “¿Qué has hecho?” (18,35)
- “¿Luego, tú eres Rey?” (18,37).

El pasaje va alternando pausadamente en tres ocasiones el esquema pregunta-respuesta.

Las tres preguntas y respuestas, además, están concatenadas. La pregunta inicial coloca en primer plano el tema principal, el “reinado de Jesús”, tomando como base las acusaciones recibidas. Ésta lleva a que, en las sucesivas preguntas, Jesús asuma la responsabilidad de su misión (el “hacer” de Jesús) y que explique qué tipo de Rey es Él (nótese que en la tercera pregunta ya no se dice que es “Rey de los judíos” sino simplemente “Rey”). El énfasis del pasaje recae sobre la respuesta a la tercera pregunta.

(1) La primera pregunta (18,33-34)

Jesús le responde con otra pregunta, confrontándolo así sobre su actitud. Pilato, como todo verdadero juez, debe estar seguro si lo que dice viene de su propio conocimiento o simplemente está repitiendo lo que otros sostienen (que es grave).

El acusado interpela la conciencia del acusador. Un juez tiene la responsabilidad de verificar con exactitud las acusaciones. De esta manera, Jesús comienza poniendo en cuestión la autoridad de su juez.

(2) La segunda pregunta (18,35-36)

La segunda pregunta que Jesús debe responder está precedida por otra en la que está supuesta la repuesta (“¿Es que soy judío?”, 19,35; y es claro que no). Pilato demuestra que tiene conciencia de cuál es su deber, que no es responsable de las valoraciones de los otros, y le lanza a Jesús la pregunta que debía haber hecho desde el principio, para mostrar que no está haciendo un juicio sumario.

Para emitir sentencia hay que dejar que el acusado haga su propia declaración. Por eso: “¿Qué has hecho?”.

Jesús no le da a Pilato la lista de todas las actividades de su ministerio público, sino que le presenta globalmente su obra. En su respuesta repite tres veces “Mi Reino no es de este mundo” (18,36abc). Trata de decirle que su reino no tiene nada que ver con territorios, ni con ejércitos, ni con hacienda pública, ni con nada de lo que caracteriza al imperio o cualquier otro tipo de reino terreno conocido. La prueba es que sus discípulos no han combatido para evitar la captura, oponiendo violencia a la violencia.

(3) La tercera pregunta (18,37)

Jesús acaba de decir qué tipo de Rey no es. Esto provoca la pregunta siguiente de Pilato.
Jesús responde con tres afirmaciones:

(a) Primero confirma: “Soy Rey”.
(b) Luego explica la naturaleza de su reino: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad”.
(c) Finalmente invita a acoger su reinado: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.

Subrayemos la segunda afirmación: la razón de ser de su nacimiento y su venida al mundo es el testimonio de la verdad, en esto consiste su obra como Rey.

¿Qué quiere decir Jesús? No toda persona puede dar testimonio, sino solamente quien tienen un conocimiento, una experiencia directa (con sus ojos, sus oídos, su presencia misma, etc.) de aquello que declara.  Ahora bien, la “verdad” que Jesús testimonia no es cualquier verdad, es la verdad sobre Dios. Él lo puede hacer porque tiene acceso directo a Dios y con Él ha vivido desde la eternidad una íntima comunión (ver Juan 1,1-2). Por eso Jesús puede dar a conocer a Dios como nadie más lo puede hacer.

¿Y esto qué implica? Pues si, como muestra constantemente la Biblia, el rey es el pastor de su pueblo, es decir, aquel cuya función es hacer posible la vida de su pueblo, de preocuparse para que las condiciones de vida de su pueblo sean las mejores posibles, entonces la obra de Jesús “Rey”, quien da testimonio a favor de la verdad, es abrirle a todas las personas de la tierra el camino hacia la plenitud de vida, más allá de toda humana posibilidad.

Jesús ejerce su reinado desde la Cruz, allí desde donde nos atrae definitivamente hacia la vida de Dios que Él conoció desde la eternidad y nos sumerge en la eterna comunión con el Padre y el Espíritu.

Al dar testimonio de la “verdad”, Jesús-Rey crucificado hace reales las palabras: “Yo he venido para tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan 10,10).

Releamos el Evangelio con un Padre de la Iglesia

“Venga a nosotros tu Reino. Así como pedimos que sea santificado el nombre de Dios, también suplicamos que venga a nosotros su Reino.

Pero, ¿habrá algún momento en que Dios no reine? ¿Cómo puede comenzar en él lo que siempre existió y nunca dejará de existir? No. Lo que pedimos es que venga nuestro reino, aquel reino que nos fue prometido por Dios y adquirido con la sangre y la pasión de Cristo, de manera que, sirviéndolo fielmente en este mundo, podamos un día reinar con él, según su promesa: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid el reino que os está preparado desde el principio del mundo’.

En verdad, hermanos míos carísimos, podemos entender que el mismo Cristo es el Reino de Dios, cuya venida deseamos ardientemente cada día de nuestra vida. Él es la resurrección, porque en él resucitamos; por eso podemos comprender que él es también el Reino de Dios, porque en él hemos de reinar. Con razón, por tanto, pedimos el Reino de Dios, esto es, el reino celestial, porque también hay un reino terrestre”.

(San Cipriano, Tratado sobre la oración del Señor, 13s)

Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón:

1. ¿Cómo se debe entender la realeza de Jesús?

2. ¿Cuáles son los pasos decisivos del diálogo entre Jesús y Pilato? ¿A dónde conduce?

3. ¿Es Jesús el “Rey” en mi vida, en mi familia, en mi comunidad? ¿Qué implica su reinado?

P. Fidel Oñoro, cjm
Centro Bíblico del CELAM

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