Viernes, diciembre 09, 2016

LECTIO DIVINA PARA EL 16 DE NOVIEMBRE DE 2014

Estudio Bíblico Dominical
Un apoyo para hacer la Lectio Divina del Evangelio del Domingo 33 del Tiempo Ordinario
16 de Noviembre de 2014

La Fidelidad de los Discípulos al Maestro en el Tiempo de la Espera (II):
Como los siervos que “hacen” lo que haría su patrón
San Mateo 25, 14-30

Introducción

Seguimos leyendo el capítulo 25 de Mateo, el cual contiene tres grandes parábolas. La parábola de las vírgenes (25,1-13), la parábola de los talentos (25,14-30) y la parábola del juicio final (25,31-46), colocan la vida del discípulo en el horizonte del destino final, señalan lo que espera que “haga” un discípulo de Jesús a lo largo de la historia, que es el tiempo de la “espera” de la Venida del Señor.

Nos ocupa hoy la parábola de los talentos (25,14-30). Toda ella está construida a partir del tipo de relaciones que se establecen entre un patrón y sus tres siervos. Un discípulo se define como un “servidor”. Pero, ¿qué se espera que haga el “servidor”? ¿Qué tan importante puede ser lo que haga o lo que deje de hacer? ¿Cuál es el destino del “servidor” fiel?

Un sencillo estudio bíblico nos permitirá descubrir las respuestas y explorar las riquezas de un pasaje muy diciente para nuestra vida actual como “discípulos” de Jesús y para nuestra sociedad contemporánea durante este tiempo de la historia que es tiempo de “espera”. Como en la parábola de las 10 vírgenes, también aquí nos encontramos ante la exigencia de una preparación cuidadosa y responsable de la Venida del Señor

1.    Primera aproximación al texto

1.1.    La imagen de fondo: el patrón y sus siervos

La historia es simple: un hacendado que, al ausentarse, le encarga grandes cantidades de dinero sus siervos.

Aunque para nuestra sensibilidad contemporánea suena mal, se trata de un patrón y sus tres esclavos (en griego: “douloi”).  

•    El patrón es un comerciante poderoso, esto se ve en las grandes cantidades de dinero que deja. De repente se va a hacia una nueva aventura comercial.

•    No debe extrañarnos que el patrón le tenga tanta confianza a tres de sus esclavos. Conocemos varias historias del mundo grecorromano donde hay esclavos con altas responsabilidades dentro de una casa: en la administración económica y en lo político. Paradójicamente, algunos de ellos lograban alto estatus social.

El hecho de que la parábola se refiera a las relaciones de un patrón con sus siervos, en principio puede sonar chocante. Con todo, la idea que se quiere transmitir es muy bella: somos servidores del Señor. El hecho de que esta relación con el Señor se presente en términos de “doulos” es diciente: le pertenecemos al Señor, pero esta pertenencia no es de dominación, él confía en nosotros, nos ve como prolongación de él mismo, capaces de hacer lo que él haría en el presente y aptos para compartir plenamente su vida en el futuro. La confianza es tan grande, que el Señor entrega sus propios bienes y no está ahí para vigilar ni decir en todo instante lo que hay que hacer; él cree en la buena conciencia, en la madurez y en las habilidades de sus servidores.

Aparece así el tema bíblico de la “creaturalidad”. Somos criaturas de Dios, por tanto nuestra vida se hace plenamente tal en la comunión con aquel de quien proviene todo lo que somos y tenemos. Todo lo que somos y tenemos lo hemos recibido. No nos dimos la vida ni tampoco nos daremos el destino final: todo es gracia. Incluso nuestras capacidades vienen de Él y es en el uso de ellas que nos jugaremos la realización plena de nuestra vida, una plenitud sobre la que Dios tiene la última palabra.

Sobre esta base se sitúa el tema de la “responsabilidad”. Es lo que vamos a ver enseguida explanado en forma de narración.

1.2.    El texto y su estructura

El texto tiene tres escenas. En cada una de ellas hay dos partes. Leamos el pasaje, con todas sus palabras, observando detenidamente la estructura:

Primera escena: el patrón le confía su propiedad a tres de sus esclavos (25,14-15a)

a) El patrón llama a los esclavos (25,14)
“14[El Reino de los cielos] Es también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda…”

b) El patrón le confía cantidades de dinero a sus esclavos (25,15a)

•    Al primero: “A uno dio cinco talentos…”
•    Al segundo: “A otro dos…”
•    Al tercero: “Y a otro uno…”

Con un criterio:
“…A cada cual según su capacidad”

Segunda escena: los esclavos sacan adelante sus negocios (25,15b-18)

a) El patrón se va (25,15b): “Y se ausentó”

b) Los esclavos entran en acción (25,16-18)

•    El primero (25,16): “Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco”
•    El segundo (25,17): “Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos”
•    El tercero (25,18): “En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor”

Tercera escena: el patrón pide cuentas (25,19-30)

a) El patrón regresa (25,19): “Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos”
b) Los esclavos hacen rendición de cuentas (25,20-30)

•    Declaración del siervo que duplicó los cinco talentos y recompensa por parte del patrón (25,20-21):

“20 Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo:
‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’.
21 Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!;
en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré;
entra en el gozo de tu señor’”.

•    Declaración del siervo que duplicó los dos talentos y recompensa por parte del patrón (25,22-23):

“22 Llegándose también el de los dos talentos dijo:
‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’.
23 Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!;
en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré;
entra en el gozo de tu señor’”.

•    Declaración-excusa del que recibió un solo talento y castigo por parte del patrón (25,24-30):

“24 Llegándose también el que había recibido un talento dijo:
‘Señor, sé que eres un hombre duro,
que cosechas donde no sembraste
y recoges donde no esparciste.
25 Por eso me dio miedo,
y fui y escondí en tierra tu talento.
Mira, aquí tienes lo que es tuyo’.
26 Mas su señor le respondió:
‘Siervo malo y perezoso,
sabías que yo cosecho donde no sembré
y recojo donde no esparcí;
27 debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros,
y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses.
28 Quitadle, por tanto, su talento
y dádselo al que tiene los diez talentos.
29 Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará;
pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.
30 Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera.
Allí será el llanto y el rechinar de dientes’.”

1.3.    Cinco observaciones sobre la estructura del pasaje

Volviendo sobre el texto y su estructura, pongamos de relieve algunas características:

(1) El manejo del tiempo en la parábola nos permite ver sus grandes partes. Notablemente, la segunda y la tercera escena tienen al principio indicaciones temporales: “Enseguida” (25,16) y “Al cabo de mucho tiempo” (25,19).

(2) La parábola está construida sobre series de tríadas: tres escenas, en tres actos los tres siervos “reciben”, en tres actos los tres siervos “hacen” algo con lo recibido, en tres actos los tres siervos dan cuentas.

(3) La parábola utiliza muchos paralelismos: por semejanza y finalmente por contraposición.

(4) Puesto que cada escena y, finalmente toda la historia, termina con la presentación del siervo “malo y perezoso”, podemos pensar que ahí está el énfasis: se trata de una advertencia para quien se comporta de esta manera. Esto se ve reforzado por el hecho de las palabras finales sobre el castigo del tercer siervo, quien además es llamado “inútil”, sean tan extensas. Tenemos, entonces, una exhortación que quiere sacudirnos para que no orientemos nuestra vida en esa dirección.

(5) Claro está, los elementos positivos también se dejan ver: los siervos “buenos y fieles” son felicitados y recompensados. Su mayor recompensa no serán solamente los nuevos talentos sino el hecho de lograr el máximo en la relación con el patrón: “entra en el gozo de tu señor” (25,21.23).

1.4.    Cinco lecciones sobre el discipulado

En una primera ojeada de la parábola podemos ver las primeras lecciones:

(1) En cuanto “siervos”, los discípulos de Jesús no son personas independientes, que todo lo determinan únicamente según su libre arbitrio, por el contrario: están obligados a rendir cuentas.

(2) Los discípulos de Jesús tienen conciencia de que todo lo que tienen es un bien que le ha sido dado. Lo recibido es un encargo, una responsabilidad.

(3) Los discípulos “buenos y fieles” son aquellos que sacan adelante lo recibido en el sentido querido por Jesús.

(4) De lo que cada discípulo “haga” depende la realización de su vida, el logro de la plenitud de su existencia que es la comunión total y definitiva con su Señor.

(5) Pueden darse dos tipos de discípulo. El comportamiento y el destino de los servidores “buenos y fieles”, ilustra al discípulo ideal, el que sabe gestionar su vida. Por otra parte, el comportamiento y el destino del servidor “malo y perezoso” se convierte en una advertencia: por ser así su vida termina en la ruina total. Esta visión del discipulado está propuesta para que nos evaluemos y tomemos las decisiones pertinentes: hacia dónde y cómo debemos orientar nuestra vida.

1.5.    Ocho elementos alegóricos

Muchos intérpretes ven en este pasaje mucho más que una parábola, ven una “alegoría”, esto es, un tipo de relato construido sobre símiles, donde cada elemento es significativo, se puede traducir. Se pueden ver ocho elementos alegóricos:

(1)  El patrón = Jesús.
(2)  Los esclavos = la Iglesia, cuyos miembros han recibido diversas responsabilidades.
(3)  El marcharse del patrón = la partida del Jesús terreno.
(4)  El largo tiempo de la ausencia = el tiempo de la Iglesia.
(5)  Su regreso = la segunda venida (parusía) del hijo del hombre.
(6)  La recompensa a los buenos servidores = la recompensa celestial dada en gran cantidad a los servidores fieles.
(7)  El gozo de su señor = el banquete mesiánico al final de los tiempos.
(8) El castigo al siervo malo = aquellos que, dentro de la Iglesia, por causa de sus omisiones se condenan a sí mismos a las tinieblas.

 2.    Profundización

Teniendo en cuenta los datos que hemos visto en la primera aproximación, sumerjámonos de nuevo en el pasaje siguiéndole el hilo a su desarrollo interno.

2.1.    La primera escena: el patrón le confía su propiedad a tres de sus siervos (25,14-15a)

(1) El patrón llama a sus siervos (25,14)
(2) El patrón le confía cantidades de dinero a sus siervos (25,15a)
- Cinco talentos para el primero
- Dos talentos para el segundo
- Un talento para el tercero

Se trata de una parábola sobre el “Reino de los cielos”. La primera línea no lo dice expresamente, pero la formula inicial “es también” nos remite al comienzo del capítulo, donde leemos: “El Reino de los cielos será semejante a…” (25,1). Este dato es importante porque es clave de lectura: la parábola quiere ayudarnos a pensar según la lógica del “Reino”, que es la obra de Jesús que ha irrumpido aquí y se consumará en la parusía: “Venga a nosotros tu Reino” (6,10). Este “Reino” ha sido puesto en nuestras manos, es nuestro “tesoro”, no se puede permanecer indiferente ante él.

“Al ausentarse”. Desde el principio se habla de la “ausencia” del patrón. Este parece ser el motivo de todos los sucesos narrados. Como ya se dijo, es una alusión una dimensión fundamental de la vida cristiana: la tensión hacia la venida del Señor (parusía). El regreso no tiene fecha fija. ¿Cuál es el rol de los cristianos en el mundo en este “mientras tanto”?

“Les encomendó la hacienda”. En la parábola de las diez vírgenes la tarea era “vigilar” (25,13), en esta otra parábola es el asumir la responsabilidad de la hacienda del patrón. Se acentúa el “entregar” por parte del patrón y el “recibir” por parte de los siervos. Lo curioso es que el patrón no da instrucciones (a diferencia de Lc 19,13, donde se les encarga “negociar”). Él deja abiertas las posibilidades.

El relato nos pasea en medio de cifras exorbitantes. Lo entregado es el equivalente de un gran tesoro que está calculado en “talentos”. Hoy es muy difícil decirlo con matemática exactitud, pero si nos podemos aproximar: un solo “talento” ya es una gran fortuna, era en oro o plata, y su peso oscilaba entre los 25 y los 35 kilos (¡un solo talento!).

Otra forma, para hacernos una idea de cuánto dinero se trata, es seguir el cálculo salarial. Sabemos que un talento equivalía a unos 6.000 denarios. Un “denario” es lo que normalmente gana un trabajador de campo por una jornada (ver 20,1-16). ¿Cuánto gana Usted en un día de trabajo? Ahora multiplíquelo por 6.000. Eso es un talento. El que menos recibió, no recibió poco.

Los tres siervos recibieron esto:
•    5 talentos = 30.000 denarios aproximadamente;
•    2 talentos = 12.000 denarios aproximadamente;
•    1 talento = 6.000 denarios aproximadamente.

Es para sorprenderse: es una manera de hablar de la grandeza de los dones de Dios a su pueblo.

La entrega de los talentos se guió por un criterio: “A cada cual según su capacidad”. Desde el punto de vista de los siervos vemos cómo cada uno se le reconocen sus habilidades. Desde el punto de vista de Dios, la idea es esta: los dones de Dios son variados, pero siempre generosos, no importa cuales sean.

Al respecto tanto Pablo como Pedro nos dan lecciones:

•    En el plano de la fe: “Tened una sobria estima según la medida de la fe que otorgó Dios a cada cual… Pero teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada…” (Romanos 12,3.6).
•    En el plano del servicio: “Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios” (1 Pedro 4,10).

2.2.    La segunda escena: los siervos sacan adelante sus negocios (25,15b-18)

(1) El patrón se va (25,15b)
(2) Los siervos entran en acción (25,16-18)
- Se duplican los cinco talentos (25,16)
- Se duplican los dos talentos (25,17)
- El que tiene un talento lo entierra (25,18)

“Y se ausentó”. El patrón se va lejos a hacer nuevos negocios dejando su fortuna en manos de sus servidores. No se prevé cuándo regresará, lo que sí es claro  es que vendrá de nuevo.

“Se puso a negociar”. Los dos primeros servidores se comportan de la misma manera: no dejan inactiva la fortuna sino que la duplican.

De lógica, se espera que el tercer siervo sea capaz de duplicar el único talento. Pero no sucede así. Veamos sus acciones: “se fue” (=alejarse), “cavó un hoyo en la tierra” y “escondió el dinero”. Se trata de la creación de una guaca. Se intuye el sentido de responsabilidad de este siervo frente al “tesoro”: pone el dinero en un espacio seguro, fuera del alcance de los ladrones. Esto parecía ser una costumbre en la época (de ahí que no sea extraño  lo que sucede con otra parábola, la de 13,44, el “tesoro escondido en la tierra”).

El tercer siervo hace algo que en principio es correcto, pero olvida un detalle: él debía tener sentido de pertenencia y haber tratado el tesoro como lo hubiera hecho el patrón. Esto ya se había enseñado antes: el siervo debe ser como el patrón (ver 10,24-25).

Los dos primeros siervos habían procedido interpretando el querer del patrón: se sometieron a sus objetivos y defendieron sus intereses. Y este proceder resultó en fruto abundante.

2.3.    La tercera escena: el patrón pide cuentas (25,19-30)

(1) El patrón regresa (25,19)
(2) Los siervos hacen rendición de cuentas (25,20-30)
- Recompensa para el que duplicó los cinco talentos (25,20-21)
- Recompensa para el que duplicó los dos talentos (25,22-23)
- Castigo para el que enterró su talento (25,24-30)

Toda la parábola apunta a esta última escena. Esta es completamente sorprendente. Quiere decir, a propósito de la parusía, cuando Cristo regrese, la pregunta será: “¿qué has estado haciendo?”. No será suficiente dar las cuentas exactas de lo recibido, como si el problema fuera cuantitativo, sino si el comportamiento se inspiró en lo que haría el patrón: una cuestión cualitativa.

“Después de largo tiempo… vuelve el señor… ajusta cuentas con ellos”. Comienza la rendición de cuentas.

Los siervos “buenos y fieles”

Los dos primeros siervos hablan de forma casi idéntica y reciben una respuesta similar. Vale detenerse en las palabras de felicitación del patrón:

(1) “¡Bien, siervo bueno y fiel!” (25,21.23).
•    “Siervo bueno” es aquel que acepta plenamente su posición y se pone al servicio de su patrón; no se apoya en sus propias ideas ni en sus variables estados de ánimo, no se mantiene a distancia del patrón sino que se identifica con sus búsquedas e intereses.
•    “Siervo fiel” es aquel se ocupa con mucha premura y con plena conciencia de aquello que ha recibido.

(2) “¡En lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré!” (25,21.23). Es tipo de contrastes ya lo hemos visto antes en Mateo (por ejemplo: “mucha mies” / “pocos obreros”, en 9,37; “muchos llamados” / “pocos escogidos”, en 22,14). La idea es que se incrementa la confianza (y por lo tanto la responsabilidad): todo el que haya incrementado sus talentos recibirá más. Esto se comprende en el plano de la sabiduría (la sensatez), como lo dice Proverbios 9,9: “Da al sabio, y se hará más sabio todavía; enseña al justo, y crecerá su doctrina”.

(3) “¡Entra en el gozo de tu señor!” (25,21.23). Se le invita a entrar en el banquete mesiánico (ver la parábola de las vírgenes; 25 1-13). El discípulo y su Señor se alegran juntos, en la máxima expresión festiva (quizás como un banquete de bodas). El discípulo es llamado a la felicidad plena: al principio se le había invitado a “entrar en el Reino” (5,20; 7,21; 18,3), luego se le invitó a “entrar en la vida” (18,8-9; 19,16), ahora se le invita a “entrar en el gozo”. Las tres invitaciones son equivalentes: plenitud de vida y felicidad sin límites. El patrón tampoco mantiene distancia de sus siervos: los acoge en su ámbito de vida, en su felicidad perfecta.

Ambos siervos reciben la misma recompensa: muestra que lo que es valorado no la cantidad que ellos rinden sino el hecho de la fidelidad en la tarea encomendada: su compromiso total. El servicio del Señor es el camino para lograr la plenitud.

El “siervo malo y perezoso” e “inútil”

El tercer siervo parece esperar que lo feliciten por su precaución, quizás por la virtud de la “prudencia”: guardó astutamente el dinero. Sin embargo el patrón lo ve como un perezoso.

Las palabras del Siervo

En su rendición de cuentas, que termina con la frase “Mira, aquí tienes lo que es tuyo”, antepone una larga justificativa de su comportamiento:

•    Lo llama “Señor”. Esta manera de comenzar nos remite a la ironía que se escuchó en el Sermón de la montaña: se le llama “Señor, Señor”, pero no se “hace” su voluntad (ver 7,21-23).

•    “Sé que eres un hombre duro, que…”. En la práctica el siervo está regañando a su patrón, para ello le cita las palabras de juicio de Miqueas 6,15: “Sembrarás pero no segarás”. Este siervo, por una parte se reconoce dependiente de él, pero por otra le deja entender que no le tiene confianza. Para este siervo la dependencia del patrón es una dominación, una dura opresión, y por eso lo acusa de abusivo:

que pide más de la cuenta,
que hace trabajar a los otros para sí
y que vive a costas de ellos.

•    Con base en ello se auto-acusa de “miedo”. Esto parece explicar todo: se comporta como alguien que siente una gran distancia –de corazón, de comunión de voluntad– con su patrón. Es el miedo paralizante que inactiva el servicio: el talento se queda escondido.

“Aquí tienes…”. Con estas palabras se declara que no se ha comprendido el tipo de relación que el patrón esperaba: “lo que es tuyo”; el siervo nunca lo sintió “suyo”. Por eso hace la devolución de lo recibido, tal cual, inutilizado.

Es importante tener en cuenta lo anterior. Algunos sacan la moraleja de la parábola como una invitación a la acción, pero esto no corresponde al texto, porque el siervo “malo” sí actuó; otros la aplican como una invitación a asumir riesgos, lo cual tampoco es exacto, porque el siervo “malo” sí los corrió. El problema de fondo es el tipo de relación que sostiene el servidor con su Señor: cómo lo ve a él, cómo se ve a sí mismo, cómo interpreta lo que tiene que hacer.

Las palabras del patrón

Quizás el siervo espera al menos un agradecimiento por reintegrar completo el dinero confiado. Pero no es así.

La reacción del patrón es adversa: ve la actuación de su siervo desde otro punto de vista y en lugar de la recompensa le aplica un castigo.

Otro punto de vista: El siervo había dado la explicación del “miedo”, pero ahora el diagnóstico del patrón es otro: la “pereza”. Inicialmente se le dice: “malo y perezoso” (25,26; en contraposición a “bueno y fiel”), luego “inútil” (25,30). Los tres calificativos lo señalan como uno que ha fracaso totalmente su misión y su misma identidad de servidor.

Esto nos remite al Sermón de la Montaña: este siervo se comportó como una persona insensible ante la esencia del discipulado, ya que “escondió” la lámpara debajo del celemín (5,15). El bien recibido era para ponerlo en función de los demás.

La incompetencia (“siervo malo”) no puede ser mayor: si él sabía cómo era el patrón, con mayor razón debía actuar. Es incompetente precisamente por su desidia, por no proceder al menos por lo que ya sabe. El tercer siervo es un anti-modelo, el ejemplo perfecto de lo que no se debe hacer. ¿Cómo es que el siervo “sabiendo” cómo es su Señor cometa un error tan trágico? Si no se sentía buen negociante, al menos había otras alternativas, él tenía autoridad para entregar el dinero a los banqueros, para que ellos ganaran los intereses (25,27); también esto “lo sabía”.

El castigo: “Echadle a las tinieblas de fuera” (25,30). Es la ruptura definitiva de la relación, no es admitido en la comunión íntima de vida con su señor: puesto que se ha mantenido a distancia del patrón, ahora el patrón toma distancia de él. Dos imágenes lo expresan:

•    Las “tinieblas” (oscuridad total) aluden a un espacio donde no hay alegría sino “llanto”, infelicidad, pérdida de la visión de futuro.
•   El “rechinar de dientes”, alude a la rabia y al sentimiento de fracaso (ver 8,12), es la desesperación de quien se ha provocado a sí mismo una existencia miserable e insoportable.

El siervo no logra el destino para cual había sido llamado, queda excluido de la comunión con Dios, de la luz y del calor de su presencia.

En fin…

La parábola nos devuelve a nuestra realidad actual: ¿Qué estamos haciendo? Jesús nos enseña que la manera de esperar su venida es trabajando, con sentido de pertenencia, haciendo en todo momento lo que él haría en nuestro lugar, incrementando lo recibido y pensando siempre en función de los demás.

Todo este “actuar” en el mundo debe estar basado en la confianza en Dios. Dios no es un déspota ni un patrón avaro, es ternura y bondad. Piensa en el bien de todos sus hijos y da a cada uno según sus capacidades. El más grande de los bienes es su propio Hijo: en Él nos entregó un tesoro vivo que no puede ser escondido. Es así como un discípulo no puede permitirse esconder la lámpara, debe hacerla brillar para bien y provecho de todos.

3.    Releamos el Evangelio con un Padre de la Iglesia

El Padre de la Iglesia Orígenes, le hace eco al evangelio con la exhortación: “Pon a rendir el tesoro de la Palabra de Dios”.

“Este temor [de Dios que “cosecha donde no sembró”] no es bueno y no nos libra de aquellas tinieblas exteriores a las cuales seremos condenados como malvados e indolentes. Malvados por no haber usado la preciosa moneda de las palabras del Señor, con las cuales habríamos podido difundir la doctrina del cristianismo y penetrar en los profundos misterios de la bondad de Dios.

Perezosos por no haber invertido la Palabra de Dios en orden a nuestra salvación y en la de los otros. Hemos debido poner en el bando las riquezas de nuestro Señor, esto es, depositar sus palabras en oyentes que, como banqueros, ponen a prueba y examinan todo para retener la doctrina buena y verdadera, rechazando la que es mala y falsa. De manera que, cuando el Señor viniese, pudiera recoger con frutos y ganancias las palabras que nosotros difundimos en los otros.

En efecto toda la riqueza, esto es, toda la palabra que tiene el timbre real de Dios y la imagen de su Verbo, es un auténtico tesoro”.

(Orígenes, Sobre Mateo, 69)

4.    Para cultivar la semilla de la Palabra en la vida:

4.1.    ¿Qué idea del Señor tienen los dos siervos buenos y qué idea tiene el siervo malo?

4.2.    ¿Qué imagen de Dios tengo y cómo veo mi relación de dependencia (señorío de Dios / mi servicio) con él?

4.3.    ¿Qué dones me ha dado Dios? ¿Consigo verlos y reconocerlos con gratitud? Por ejemplo: ¿Qué me ha dado en este día?

4.4.    ¿Cuáles son los dones más grandes e importantes para mí? ¿Qué es lo que más aspiro?

4.5.    ¿Cómo utilizo los dones recibidos? ¿Qué quiere Dios hacer con los demás a través de mí? ¿A quién quiere ayudar a través de mí?

P. Fidel Oñoro, cjm
Centro Bíblico del CELAM

LECTIO DIVINA PARA EL 16 DE NOVIEMBRE DE 2014

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