Jueves, diciembre 08, 2016

LECTIO DIVINA PARA EL 11 DE NOVIEMBRE DE 2012

CEBIPAL – CELAM El Evangelio de hoy
Domingo 11 noviembre 2012

AMAR A DIOS MÁS QUE LA PROPIA VIDA
MC 12,38-44

En el tiempo de Jesús el templo de Jerusalén era una construcción imponente, era una de las siete maravillas de la humanidad. Para que nos hagamos una idea, otra de esas siete maravillas eran las pirámides de Egipto. Hoy día no queda más que la explanada donde el templo estaba emplazado y la base de esa explanada es el muro de los lamentos donde los judíos añoran ese esplendor pasado.

Por declaración de los mismos contemporáneos de Jesús sabemos cuánto tiempo se tardó en construir el templo: “Cuarenta y seis años se ha tardado en construir este santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?” (Jn 2,20). Debían haber agregado que en su edificación trabajaban 18.000 obreros. Con razón los apóstoles en cierta ocasión, saliendo del templo llaman la atención de Jesús sobre su magnificencia: “Maestro, mira qué piedras y qué construcciones” (Mc 13,1). Todo judío debía contribuir a la mantención del templo y al culto que en él se ofrecía a Dios. Pedro estaba convencido de que ni el mismo Jesús estaba dispensado. Por eso cuando le preguntan: “¿No paga vuestro Maestro las didracmas?”, él responde: “Sí” (Mt 17,24-25). En esa ocasión Jesús mandó pagar por él mismo y Pedro un estáter que son 14,40 gramos de plata. La mitad de esa cantidad era la contribución de un judío normal para cumplir con su obligación.

El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús sentado frente a la alcancía del templo mirando cómo la gente echaba su contribución: “Muchos ricos echaban mucho”. Pero esto no impresiona a Jesús. De pronto una escena captó su atención y despertó su admiración: “Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as”. ¿Cuánto echó ella? El Evangelio dice textualmente: dos “lepton”. Equivale a una moneda de 2 gramos de cobre. Una cantidad insignificante. ¿Qué puede significar esa minucia para la mantención del espléndido templo?

Oigamos la respuesta de labios de Jesús: “Llamando a sus discípulos, les dijo: ‘Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del tesoro’”. Esta afirmación desafía las matemáticas y exige una explicación, pues 2 gramos de cobre no pueden ser más que las monedas de plata y oro que echaban los ricos. Y Jesús explica en qué sentido es más: “Todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir”. ¡Es más como expresión de amor!

Dios es el Creador y Señor del universo y nada de esta tierra, que es un punto insignificante del universo, puede aportarle algo. Él aprecia sólo una cosa de parte del hombre: el amor con que lo honra. Esa viuda pobre demostró tener mucho más amor a Dios que los otros ricos, porque ella contribuyó al culto de Dios con todo lo que tenía. Para dar gloria a Dios no vaciló en ofrecer lo que tenía para vivir. Ella habría sido una fiel discípula de Cristo, si la condición es esta: “El que ame su propia vida más que a mí, no puede ser discípulo mío... El que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío” (Lc 14,28.33).

+ Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles

LECTIO DIVINA PARA EL 11 DE NOVIEMBRE DE 2012

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