Viernes, diciembre 09, 2016

LECTIO DIVINA PARA EL 11 DE ENERO DE 2015

Estudio Bíblico Dominical
Un apoyo para hacer la Lectio Divina del Evangelio del Domingo
BAUTISMO DEL SEÑOR - 11 de Enero de 2015
Marcos 1, 7-11: Saber quién soy. “Detrás de mi viene uno que es más fuerte que yo”

El evangelio de Juan nos presenta en forma muy bella y secuencial una serie de testimonios sobre Jesús que nos llevan a profundizar más acerca de su identidad como:
    “Cordero de Dios” (1,29)
    “Elegido de Dios” (1,34)
    “Maestro” (1,38)
    “Mesías – Cristo (1,42)
    “Jesús el hijo de José, el de Nazaret” (1,45)
    “Hijo de Dios” (1,49)
    “Hijo del hombre” (1,49)

Una vez que hemos aclarado quién es Jesús, el evangelista Marcos, cuya lectura iniciamos hoy, pasa a narrarnos el quehacer salvífico de Jesús en Galilea.

En el texto que nos presenta la liturgia, Marcos retoma la figura de Juan Bautista, y más concretamente el episodio del bautismo de Jesús. El mismo Juan bautista, tras la pregunta de los sacerdotes y levitas había contestado abiertamente que él no era el Cristo. Juan tiene muy clara su identidad y su misión. Él no es el Cristo, su tarea ha sido precederle para anunciar su venida, como nos dice el evangelio: “Detrás de mi viene el que es más grande que yo” (1,7). Qué no quede ninguna duda. Jesús es más fuerte que Juan. Aquí no se trata de una fuerza física sino espiritual. Esto lo ratifica al decir que “él mismo no es digno de desatarle la correa de su sandalia” (1,7). Este era un gesto típico del antiguo oriente que lo hacían únicamente los esclavos en relación con su patrón. Aquí Juan se considera mucho menos que un esclavo ante Jesús.

La misma idea quiere darnos a entender Juan cuando dice que él bautiza con agua pero “El que viene detrás” (1,7) bautizará en el Espíritu. En realidad, el bautismo de Juan prepara para recibir el bautismo de Jesús.

Marcos hace aparecer entonces la figura de Jesús. Nos dice de dónde viene; de Nazaret y llega al Jordán para ser bautizado por Juan. Al que no se sentía digno de desatarle la correa de la sandalia, se le encomienda ahora la misión de bautizarlo. Aquí el evangelio nos ofrece dos signos claros que nos revelan la dignidad e identidad de Jesús. Dos signos que están estrechamente conectados con dos dimensiones comunicativas del hombre: “ver” y “oír”.

“Vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu Santo en forma de paloma bajaba a él” (1,10). Con frecuencia la liturgia del adviento que acabamos de celebrar, nos traía la expresión “rasgar los cielos y bajar” refiriéndose explícitamente a la salvación de Dios en la figura del Mesías. Aquí indica explícitamente la presencia del Espíritu Santo que desciende. A continuación se oye una voz “Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco” (1,11). Se trata de un momento del todo sublime. Un misterioso momento trinitario. Uno es el bautizado, tres son los presentes: El Espíritu Santo desciende santificando, el Padre habla reconociendo su paternidad y el Hijo recibe el amor y la fuerza que lo lanzan a la misión. Esto nos debería dar la certeza que en todo momento grande en nuestra vida están presentes los Tres, comunidad de amor, enseñándonos cómo se vive profundamente la realidad comunitaria.

Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor. El Señor nos hace un llamado a que pensemos muy seriamente en los compromisos que adquirimos como bautizados.

Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón.

1. ¿En qué sentido Juan bautista afirma que: ‘Detrás de él viene uno que es más fuerte y él no es digno de desatarle la correa de la sandalia’?
2. ¿Qué efectos ha tenido y tiene en mi la realidad de ser una persona bautizada?
3. Toda comunidad debe ser un reflejo de la comunidad trinitaria. ¿En nuestra familia o en nuestra comunidad cómo podemos vivir esta realidad?

Autor: Padre Fidel Oñoro CJM
Fuente: Centro Bíblico Pastoral para la América Latina (CEBIPAL) del CELAM

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