Viernes, diciembre 09, 2016

LA ENFERMEDAD

EnfermedadLa enfermedad es un tesoro para el que sabe amar. El hombre, que no ha sufrido, no sabe lo que es amar de verdad, porque el sufrimiento es el alma del amor y el amor tiene las raíces en forma de cruz. Cuanto más amas, más capacidad tienes para sufrir por la persona que amas. Y yo te pregunto: ¿Cuánto amas tú a Dios? ¿Cuánto eres capaz de sufrir por Él? ¿Eres capaz de dar tu vida por su amor como los mártires? Cuando el dolor llame a tu puerta, no te rebeles contra Dios, ofréceselo con amor. El sufrimiento con amor es la perla más preciosa que puedes ofrecer a Dios.
Por eso, te digo a tí, hermano enfermo; a tí que estás desconcertado ante la injusticia de la vida, a tí que caminas de la mano con el sufrimiento desde tu nacimiento,  con la enfermedad,a tí que te preguntas sobre el sentido de tu vida; a tí que estás cansado de la compasión de los demás y te sientes inútil y deseas morirte para que todo esto se acabe de una vez. A tí, hermano enfermo, te digo de parte de Dios, que tu vida es preciosa a sus ojos. Él tiene contados hasta los pelos de tu cabeza, como dice Jesús. No te lamentes ni llores amargamente por tu mala suerte. Piensa que “Dios todo lo permite por nuestro bien” (Rom 8,28).

Te preguntarás: ¿Por qué Dios me ha castigado de esta manera? ¿Por qué tengo que sufrir esta enfermedad incurable? ¿Hasta cuándo? ¿Por qué Dios se ha llevado a mis seres queridos? ¿Por qué? ¿Por qué? Y podrías seguir preguntándome muchas más cosas. No tengo.  la respuesta,Sólamente Jesucristo  que sufrió más que tú, que es tu Dios y te ama infinitamente, podría responderte.
Hermano enfermo, escúchame, quiero hablarte al corazón, con sinceridad. Una de las penas más grandes que puedes sufrir es tu soledad. Ya sé que los demás no pueden comprender la profundidad de tu dolor interior al sentirte inútil y sin ganas de vivir. Pero Jesús, que ha sufrido más que tú, sí puede entenderte. Acude a Él en este mismo instante y dile que te abra los ojos del alma para que puedas comprender el sentido de tu vida y de tu dolor. Dios tiene para tí una misión especial, que no ha encomendado a ningún otro. Quizás sea una misión poco brillante, quizás sea oculta y oscura a los ojos del mundo, pero no por ello, menos importante. Tú vales infinitamente para Dios.  dile:
Señor, gracias por mi vida. Gracias por haber muerto por mí en la cruz. Gracias por tener un plan maravilloso para mí. Gracias porque a travez de la enfermedad aprendo a entender el dolor del otro,Tú sigues teniendo paciencia conmigo y me amas a pesar de todo.  Señor. Te ofrezco mi vida y te ofrezco mi amor con todos los besos y flores de mi corazón. Amén.