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miércoles, septiembre 20, 2017

HOMILÍA PARA EL 9 DE OCTUBRE DE 2016

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA EL XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C.
2Reyes 5,14-17; Sal 98; 2Timoteo 2,8-13; Lc 17,11-19.

QUERIDOS HERMANOS:

Sin querer detallar sobre cada palabra que compone el Santo Evangelio, vale la pena en todo caso fijar nuestra atención sobre algunas frases a saber:

"SALIERON AL ENCUENTRO DE JESÚS, DIEZ LEPROSOS".

Esta frase denota interés, empuje, entusiasmo, vitalidad y esperanza por parte de los leprosos, no obstante su enfermedad; hay un movimiento al interior de ellos que los hace tomar la iniciativa para acercarse a Jesús, no esperaron a que Jesús los buscara, ellos buscaron a Jesús y lo encontraron. De parte de nosotros, no busquemos a Jesús solamente los domingos sino siempre, no esperemos encontrarnos con Jesús en un templo, encontrarnos con Él en la calle, en nuestro sitio de trabajo; pero hagamos el gran esfuerzo de encontrarnos con Él, en el hermano que a diario interactúa con nosotros.

Como los leprosos salgamos todos los días de nuestra vida al encuentro de Jesús.

Otra frase significativa sobre la cual quiero referirme es la expresión pronunciada por los leprosos: "JESÚS MAESTRO TEN COMPASION DE NOSOTROS", que implica hacer una triple reflexión. En primer lugar los leprosos le llamaron a JESÚS por su nombre, es decir sabían con quien estaban tratando, lo identificaron y con el hablaron, no se encontraron con un extraño, con un desconocido, con un anónimo, se encontraron con Jesús el Hijo de Dios, el mismo que está con nosotros en la Santa Eucaristía. En segundo lugar lo llamaron MAESTRO, un título significativo para aquel tiempo, implicaba sabiduría al margen de la edad y de las canas; discernimiento en medio del conflicto, serenidad en el mar de la desesperación y consejo en las tinieblas de la incertidumbre; pero todo lo anterior se puede predicar de un maestro cualquiera, en el caso del evangelio de hoy se habla de un único maestro: Jesucristo, Maestro de la vida de la paz y del consuelo.

Los leprosos no estaban hablando con cualquier maestro, estaban hablando con el maestro de maestros, con el único Maestro, con aquel que enseña en la pizarra de la vida con la inteligencia de quien un día formó el mundo.

Cada vez hermanos y hermanas que escuchemos la Palabra del Señor, nutrámonos con la vida que subyace en esas letras cargadas de divinidad y predicadas por el Maestro a quienes los leprosos le hablaron.

En tercer lugar es relevante la frase que estamos tratando, la expresión:

"TEN COMPASION DE NOSOTROS"; tal vez ésta, sea un gemido cargado de dolor y desesperanza y puede ser la antesala de una de las frases pronunciadas por Jesús en la cruz: "DIOS MIO, DIOS MIO PORQUE ME HAS ABANDONADO", una frase pidiendo compasión, pidiendo auxilio, una frase desesperada de frente al rostro de la muerte. "Ten compasión de nosotros", le dijeron los leprosos al Señor; se trata de un grito hecho oración, de un gemido hecho melodía, de un alarido transformado en bendición, pues Jesús los escuchó y los curó. No se escuchó Maestro ten compasión de "MI", sino de "NOSOTROS", aún adornados por la lepra, no los había carcomido el egoísmo; fustigados por la enfermedad no se les había olvidado que eran hermanos.

Una vez interpretada la frase antes en cuestión: "JESUS MAESTRO TEN COMPASION DE NOSOTROS", es bueno referirnos al episodio sucedido después de la sanación recibida por parte de los leprosos, me refiero más que a la escena, a la expresión que hoy estremece nuestras entrañas "¿Y NO QUEDARON LOS DIEZ LIBRES DE LA ENFERMEDAD, DONDE ESTAN LOS OTROS NUEVE?"

El "NOSOTROS" se esfumó y se transformó en "MI"; la oración colectiva se transformó en una oración anticomunitaria, la alegría fue repentina, tan solo uno dio gracias. Mientras que Jesús a los nueve los CURÓ, al único leproso agradecido lo SALVÓ. No nos contentemos con ser curados por Jesús, pidámosle la gracia de vivir como salvados, es decir siempre en su presencia.

Que María Santísima nos ayude a ser agradecidos con Dios, con nuestros padres y con la vida.

P. Ernesto León D. o.cc.ss