Jueves, diciembre 08, 2016

HOMILÍA PARA EL 8 DE MAYO DE 2011

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
VICEPROVINCIA DE OBLATOS EN COLOMBIA "PADRE JULIO MARÍA MATOVELLE"
HOMILÍA PARA El III DOMINGO DE PASCUA 
Hch 2,14.22-33; Salmo 15, 1Pedro 1,17-21; San Lucas 24,13-35

Queridos hermanos y hermanas:

"En sus rostros se veía tristeza", dice el autor sagrado refiriéndose a los dos discípulos que iban camino de Emaús, imagen que deja ver el fracaso humano, producto de la muerte de Jesús, imagen que denota desesperación y abandono, muerte y frustración.

 

Lo anteriormente expresado no habla solamente de la exterioridad de los discípulos, habla de su deterioro interno por la muerte del Maestro; camino hacia Emaús la tristeza los cobijó, la amargura los embargó y la desilusión se apoderó completamente de su ser; con Jesús murió su esperanza, con Jesús murió su alegría, con Jesús murió la novedad en sus vidas y por eso su actitud ahora es vacilante, respiran resignación y un aire de abandono los circunda.

Esta experiencia triste fue de corta duración, pues aquel que estaba muerto, ahora se les convirtió en compañero de camino, aquel que estaba muerto conversó con ellos, aquel que estaba en el sepulcro ahora lo encontramos caminando, aquel forastero, ahora se convirtió en huésped, es decir la muerte se transformó en vida y la derrota en victoria.

Sus rostros tristes se transformaron en palabras alegres y serenas, en invitación sincera para con el que siempre vive: "Quédate con nosotros, que es tarde y ya va a anochecer". Esto le dijeron los discípulos a Jesús, significando con esta expresión no simplemente el deseo de su compañía agradable, sino de su presencia y permanencia divinas, que los hace recordar más tarde cómo en el camino, al oír las palabras del Señor sus corazones se iban encendiendo, es decir estaba aconteciendo en ellos la resurrección y el tránsito de simples discípulos a apóstoles de Jesucristo.

"El quedarse" de Jesús en medio de ellos, es signo de vida, presencia nueva, resucitada y resucitadora, Jesús se quedó en medio de ellos y además de haberlos alimentado con la palabra por el camino, ahora los alimenta con su presencia, clara alusión a la Sagrada Eucaristía; mientras los discípulos compartieron el pan con Jesús, éste les compartió la vida, mientras ellos le ofrecieron un pan perecedero, Jesús se les ofreció como pan de vida eterna.

Al atardecer, al anochecer, los discípulos lo invitaron a quedarse con ellos, nosotros ahora como nuevos discípulos no le digamos al Señor quédate en medio de nosotros, mas bien digámosle queremos quedarnos contigo Señor, intención que habla de una opción sincera, libre y personal del creyente para con Jesús.

Quedarnos con Jesús debe ser sinónimo de alegría y de confianza, debe ser motivo de ánimo y entusiasmo por la vida, actitudes que se pueden observar en la puesta en marcha de los discípulos hacia Jerusalén imbuidos del mensaje del amor, del mensaje de la resurrección, clara muestra de la evangelización y de la misión de todo cristiano que una vez que ha conocido y reconocido al Señor, se lanza a anunciarlo.

Quedarnos con Jesús implica dejarnos amar por Él y al tiempo aprender a amarlo, escucharlo y a la vez hablarle como al amigo, dejar que nuestro corazón arda a causa del fuego de la presencia de Jesús, presencia eucarística, presencia real, presencia cotidiana en medio de los hombres y mujeres que creen en Él.

Hermanos y hermanas los invitamos a vivir de hoy en adelante con mayor fe y devoción la Sagrada Eucaristía, este es un signo que expresa nuestro deseo de quedarnos con Él, de nutrirnos con su Palabra y de comprometernos en el proceso de evangelización, característica inherente de quien ama a Dios.

Que nuestra Madre del Cielo, nuestra compañera de camino nos ayude a reconocer a Jesús resucitado en la cotidianidad de la vida, de manera especial en los momentos en los cuales nuestros rostros tengan aire de tristeza.

P. Ernesto León D. o.cc.ss

Superior Viceprovincial de Oblatos