Miércoles, diciembre 07, 2016

HOMILÍA PARA EL 7 DE JULIO DE 2013

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
VICEPROVINCIA DE OBLATOS EN COLOMBIA
HOMILÍA PARA EL XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C
Is 66, 10-14c Sal 65, 1-3a. 4-5. 16 y 20 Gál 6, 14-18 Lc 10, 1-12. 17- 20

Estimados hermanos y hermanas:
Luego de la meditación en torno al tema del seguimiento del Señor que nos proponía la liturgia de la palabra en los domingos antecedentes, ahora nos encontramos con la MISION encomendada por él a los apóstoles y que enmarcaremos en esta homilía en lo que hemos querido llamar: “El reto de la humanización”, entendido éste como el establecimiento del Reino de Dios en la tierra bajo los presupuestos de la justicia, el amor y la paz.

En la primera lectura del profeta Isaías, notemos cómo el concepto “Jerusalén”, se refiere a la nueva Jerusalén, es decir a un nuevo establecimiento, en el que la profecía se concreta en la resurrección, en la vida del Señor que campea por encima del reino de la muerte y del pecado, se trata del imperio de la nueva humanidad recreada por Jesús en el ara de la cruz; es no el deseo, sino la realidad de la instauración de la predicación de Jesús en medio de los corazones de buena voluntad, quienes con apertura han comprendido el sentido de las palabras de Isaías: “Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones”.

Esto último se sintetiza en la consideración que es necesario hacer sobre el “reto de la humanización”, en el que la paz para las naciones y para el mundo es un don de Dios pero al mismo tiempo  una tarea de los hombres, tarea que ha sido desconocida y llama que ha sido apagada por los hacedores de ríos no de paz sino de sangre, y por los generadores de torrentes de violencia alrededor de la tierra; si esto es así, con mayor razón nuestras fuerzas se han de redoblar para allanar el camino que conduce al cumplimiento de la profecía de Isaías arriba mencionada, en la que se anuncia un reino nuevo inundado de paz y de riquezas para el mundo.

Ahora bien, en el caso del evangelio de hoy, y siguiendo la lógica del “reto de la humanización”, encontramos en primera instancia que el mandato fundamental por parte de Jesús a los apóstoles lleva consigo no sólo el saludo de: “Paz a esta casa” sino el compromiso de concretarla con las acciones diarias de la vida en medio del rechazo que puedan experimentar por parte de la gente, como bien lo evidencia el relato, materia de nuestra reflexión; en segunda instancia, el “reto de la humanización” no se puede entender aquí al margen de las obras de misericordia y por esta razón el Señor les dice: “Curad a los enfermos”, que equivale a entender que en efecto en la realidad del mundo hay corazones y cuerpos enfermos, corazones que viven muertos por el peso de los sufrimientos, por las cargas del pasado, por los anhelos irrealizados, por las incomprensiones de quienes dicen amar y como es obvio, por el monstro del egoísmo y de la indiferencia que genera muerte y desolación alrededor de las personas; y en última instancia de cara a la “humanización”, el Divino Maestro les dice también, “No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo”, mostrándoles de esta forma,  que hacer el bien en todas sus manifestaciones, es decir comprometerse con hacer más humano el mundo de la vida, no puede conocer interés alguno, no puede esperar retribución ni muchos menos dinero a cambio, pues la recompensa está en el cielo, entendido éste como el ESTAR CON DIOS, aquí y ahora en el hoy de nuestra vida.

De todo lo dicho antes, pensamos que dos son las conclusiones más relevantes a saber:
1.- La predicación del Señor Jesús así como sus obras, fueron, son y serán para las épocas del mundo un himno a la humanización, en el que la instauración del respeto por la dignidad de las personas fue y es su objetivo y el amor por las mismas fue y es el núcleo fundamental del concepto “Salvación”.

2.- Con San Pablo en la segunda lectura podemos decir que en el “reto de la humanización”, “lo que cuenta no es la circuncisión o incircuncisión, sino una CRIATURA NUEVA”, entendida esta realidad como el nuevo nacimiento de los creyentes en Jesucristo, producido en el bautismo y concretado en la cruz y en su resurrección.

En este XIV domingo del tiempo ordinario, supliquémosle a María Santísima que suscite en todos nosotros un corazón nuevo, grande para amar, para perdonar y para proyectar las acciones del Señor.

P. Ernesto León D. o.cc.ss
Superior Viceprovincial de Oblatos