Domingo, diciembre 04, 2016

HOMILÍA PARA EL 6 DE MARZO DE 2011

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
VICEPROVINCIA DE OBLATOS EN COLOMBIA "PADRE JULIO MARÍA MATOVELLE"
IX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Dt 11,18.26-28; Salmo responsorial 30; Rom 3,21-12.28; Mt 7,21-27

Hermanos y hermanas, con diversos y variados títulos conocemos a Jesús en la Sagrada Escritura; se dice de Jesús que es el Buen Pastor, el viñador, el Mesías, el Salvador, el Enviado, el tesoro escondido, la perla preciosa, el Hijo del Hombre, el Hijo de Dios, el Maestro, el Cordero de Dios, la Palabra encarnada, el Templo,  el Redentor, entre otros; pero de manera muy especial la liturgia de la palabra de este IX domingo del tiempo ordinario considera a Dios en el salmo responsorial como la roca y de igual forma lo hace el evangelio con respecto a Jesús.

León Dufuor, afirma con claridad que “Dios es la “Roca de Israel” (2Sa 23,3); de la roca, signo de aridez, hace Dios brotar el agua que da vida; la dureza de la roca la convierte para el fugitivo en un refugio seguro como la montaña, ofrece abrigo y salvación (Jer 48,28). A Dios se le llama la roca de Israel porque es quien le proporciona la salvación. Los títulos divinos que van de la mano con éste, subrayan el siguiente sentido: Dios es ciudadela, refugio, muralla, escudo, torre fuerte, abrigo; en Él hay que poner la confianza, pues es la roca eterna y única; es fundamento sólido, Dios es roca por su fidelidad; el que tiene fe en Él no vacilará”… ( ) “La piedra a causa de su increíble abundancia en Palestina, se halla siempre presente en la mano y en la mente de los hebreos. Por otra parte, en la mentalidad primitiva y en la simbólica común a todos los hombres, la piedra, sólida, duradera y pesada, es signo de fuerza. Estos dos hechos reunidos explican el que la Biblia se sirviera de las imágenes proporcionadas por las piedras, bajo sus diversas formas, para aplicarlas al Mesías”. (Cfr. Vocabulario de teología bíblica. Herder. 1993)

La comprensión anteriormente expuesta de Dios como roca o piedra no puede ser solamente causa u objeto de meditación; debe convertirse en el sustrato de nuestra fe; en el fundamento de nuestra esperanza y en la puesta en práctica de la caridad; considerar por tanto a Dios como la roca y como el fundamento de nuestra vida es afirmar con convicción que Él es nuestro refugio, nuestro baluarte, nuestro cimiento, nuestro bastión y nuestra defensa; pues no en vano canta el salmista de manera suplicante:

 Sé la roca de mi refugio Señor, a ti Señor me acojo, no quede yo nunca defraudado;
Tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame.
Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor. (Salmo 30).

Hermanos y hermanas, efectivamente Dios es quien sustenta y sostiene nuestra vida; y por esta razón  con alegría en el corazón afiancemos nuestra existencia en aquél que es la roca de Israel, la roca que nos da estabilidad en medio de la debilidad, la roca que se reveló en Jesucristo convirtiéndose así en el ara donde ofrecemos a Dios la oblación de nuestro propio ser.

Antes nos habíamos ocupado del tema de la roca en el Antiguo testamento; ahora es importante abordarlo en el contexto del Nuevo Testamento, en donde encontramos sin lugar a dudas en Cristo “a la piedra de fundamento (Rom 9,33; 1Pe 2,6ss), aquella por la cual podemos mantenernos en pie, no en virtud de una seguridad humana, sino por la gracia de Dios fiel” (LD).
Si la piedra en el A.T era la materia prima para levantar los templos y los altares; en el N.T  Cristo es el fundamento inquebrantable del Reino de Dios, de la Iglesia y de la vida de todo hombre y mujer de buena voluntad, con razón el salmo 118 proclama: “la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”.
Hermanos y hermanas estamos edificados sobre la roca de Cristo y si esto es así, los vientos fuertes no nos derrumbarán; las temibles tormentas no acabarán con nosotros; los huracanes no nos harán daño y aunque se salgan los ríos al decir del evangelio de hoy según San Mateo en el Capítulo 7, nuestra casa edificada sobre Cristo nunca se hundirá. No podemos entonces construir nuestra vida de fe sobre la base del “Señor, Señor”, es decir desde ritos imbuidos de formalidades pero vacíos de contenido, llenos de palabras pero ausentes de sentido; ricos en fórmulas preestablecidas pero sin las oraciones propias del corazón; por el contrario, debemos construirla sobre el puntal de nuestra adhesión incondicional al Señor, que no es otra cosa sino confiar y esperar en Él en toda circunstancia.
Al Corazón Inmaculado de María le pedimos perdón porque hemos despreciado a su Hijo Jesucristo como la roca que sostiene nuestra vida; le pedimos perdón porque hemos construido sobre la arena de nuestra propia voluntad contando solamente con la debilidad de nuestra fuerza; a Ella le pedimos perdón porque hemos sido hombres y mujeres imprudentes que prescindiendo del Señor Jesús nos hemos empeñado en construir nuestras torres de Babel al margen de su amor y su misericordia.
María Santísima ayúdanos a edificar nuestra vida sobre roca de tu Hijo y no sobre arena de nuestra propia voluntad.

P. Ernesto León D. o.cc.ss

Superior Viceprovincial de Oblatos