Martes, diciembre 06, 2016

HOMILÍA PARA EL 5 DE JUNIO DE 2011

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
VICEPROVINCIA DE OBLATOS EN COLOMBIA "PADRE JULIO MARÍA MATOVELLE"
HOMILÍA PARA LA FIESTA DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR.
Hch 1,1-11; Sal 46; Ef 1,17-23; Mateo 28,16-20
 
Queridos hermanos en la oblación:

Este Himno de Laudes expresa el contenido más sublime del misterio de la ascensión del Señor al cielo, cuando en su estrofa final la Santísima Trinidad revela su acción salvífica sobre el mundo, cantando a la vez el triunfo de Jesús sobre la muerte.

 

Los invitamos a orar este himno con fe y devoción para luego acercarnos reverentemente al misterio de la ascensión del Señor al cielo.

Emprenda la esperanza raudo vuelo,

siguiendo los caminos de nuestro Salvador,

y libre de nostalgias, camino de los cielos,

alegre el corazón.

Dijeron que te fuiste a las alturas

Juntándote a los coros del "Gloria" de Belén,

Acaban hoy su canto en melodías puras

Con un solemne "Amén".

Jamás te irás, Señor, porque eres nuestro,

Serás Hijo del hombre sin fin de eternidad;

Los hombres por tu nombre, de Dios hijos dilectos,

Hermanos te serán.

Asciende victorioso del combate,

Derrama sobre el mundo tu Espíritu de amor,

Retorna jubiloso al seno de tu Padre,

Tú volverás, Señor, Amén.

 
Hoy Jesucristo nuestro salvador, ha subido a lo más alto del cielo, es decir a la presencia de Dios nuestro Padre, suba con Él nuestra vida, nuestro corazón y nuestras más grandes esperanzas.

Con San León Magno podemos decir que este día es glorioso como el de la resurrección, pues "la pequeñez de nuestra naturaleza, fue elevada, en Cristo por encima de todos los ejércitos celestiales, de todas las categorías de los ángeles, de toda la sublimidad de las potestades, hasta compartir el trono de Dios Padre".

La ascensión del Señor como preámbulo de la fiesta de Pentecostés se constituye para el pueblo creyente en un empuje significativo para la fe, con la ascensión del Señor se aumenta la fe y se motiva la caridad, ésta fue la experiencia de los apóstoles, quienes después de proyectar una fe endeble en medio del acontecimiento de la pasión del Señor, ahora con firmeza proclaman abiertamente su fe en Él, ya no les importa ni los amilana las cadenas, la cárcel, el destierro, el hambre, el fuego, las fieras, ni los tormentos de los perseguidores.

La fe en los apóstoles maduró, progresó; pues, con el evento de la ascensión conocieron a Jesucristo en sus estado glorioso y vislumbraron la Unidad del Hijo con el Padre; en nuestra vida cristiana debe acontecer algo semejante, profundidad en la fe, esperanza en el Hijo glorificado y una adhesión incondicional a aquel que ahora está sentado a la derecha del Padre.

Hermanos y hermanas, en esta fiesta de la ascensión escuchemos las Palabras de San Pablo, quien con acierto nos motiva a ser hombres y mujeres con hambre y sed de infinito, de Dios y de esperanza, hombres y mujeres con el corazón puesto en el cielo, sabiendo que la materialidad es pasajera, mientras Dios es eterno: "Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Poned vuestro corazón en las cosas del cielo, no en las de la tierra".

Grande reto es éste y más cuando nos encontramos sumergidos en un mundo dominado por la inmediatez, por las vanas ilusiones y la pasajera felicidad; el mundo nos absorbe, se respira en la cultura el vacío de Dios, encontramos en las calles corazones adheridos a la tierra sin levantar sus ojos al cielo, las instituciones, así como las familias se han secularizado, y los bienes de arriba se han perdido de vista; bien viene esta fiesta de la ascensión para todos nosotros, pues con ella entendemos que si bien Jesús bajó del cielo por su misericordia, no subió sólo, con Él subimos todos porque nos ama.

Puestos en las manos de María Santísima, hagamos lo posible por fijar nuestros ojos y nuestro corazón en aquel que ascendió a la diestra de Dios Padre.

P. Ernesto León D. o.cc.ss

Superior Viceprovincial de Oblatos