Viernes, diciembre 02, 2016

HOMILÍA PARA EL 30 DE OCTUBRE DE 2011

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
VICEPROVINCIA DE OBLATOS EN COLOMBIA “JULIO MARÍA MATOVELLE”
HOMILIA PARA EL XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A.
Malaquías 1,14b-2, 2b,8-10; Sal 130; 1Tes 2,7b-9,13; Mt 23,1-12.

Queridos hermanos y hermanas:
Motivados en este domingo por la Palabra del Señor, es muy grato ofrecerles la presente reflexión acerca de nuestra Santa Madre Iglesia Católica; que encuentra en la Santísima Trinidad su fuente y su identidad, en la Palabra de Dios su fuerza y en la Sagrada Eucaristía su alimento para la vida eterna.

En el Catecismo de la Iglesia Católica en el No  751 encontramos lo siguiente: “La palabra "Iglesia" ["ekklèsia", del griego "ek-kalein" - "llamar fuera"] significa "convocación". Designa asambleas del pueblo (cf. Hch 19, 39), en general de carácter religioso. Es el término frecuentemente utilizado en el texto griego del Antiguo Testamento para designar la asamblea del pueblo elegido en la presencia de Dios, sobre todo cuando se trata de la asamblea del Sinaí, en donde Israel recibió la Ley y fue constituido por Dios como su pueblo santo (cf. Ex 19). Dándose a sí misma el nombre de "Iglesia", la primera comunidad de los que creían en Cristo se reconoce heredera de aquella asamblea. En ella, Dios "convoca" a su Pueblo desde todos los confines de la tierra. El término "Kiriaké", del que se deriva las palabras "church" en inglés, y "Kirche" en alemán, significa "la que pertenece al Señor"”.
De acuerdo con lo anterior es importante decir que la acepción IGLESIA no sólo se refiere a la asamblea litúrgica sino también a la comunidad universal de los creyentes reunidos en torno a Jesucristo, desde esta perspectiva el Catecismo  afirma en el No 752:
“La "Iglesia" es el pueblo que Dios reúne en el mundo entero. La Iglesia de Dios existe en las comunidades locales y se realiza como asamblea litúrgica, sobre todo eucarística. La Iglesia vive de la Palabra y del Cuerpo de Cristo y de esta manera viene a ser ella misma Cuerpo de Cristo”.
Entender lo anterior es muy importante porque nos permite captar el mensaje del santo evangelio de hoy, en el que el trasfondo es la no identificación de Jesús con los saduceos, perteneciente a la institución sacerdotal; ni con los zelotes, revolucionarios violentos, ni con los esenios, ascetas religiosos; ni con los fariseos, moralistas piadosos, ni con los escribas, minoría de tipo intelectual; contrario a esto, Jesús intenta enseñar que la Iglesia no es la reunión de quienes ostentan un cierto poder de índole político o religioso, dado por la tradición familiar, la cultura o la ley; sino la comunidad conformada por los bautizados quienes superando distinciones, puestos y honores viven en unidad teniendo como cabeza a Jesucristo el sumo pastor quien no mira el exterior, sino el corazón de quienes deciden seguirlo.
Cuando Jesús en el evangelio de hoy dice que en la Cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos, está criticando el hecho de que éstos se creían poseedores de la verdad y por tanto con el derecho de juzgar o absolver a quienes ellos quisieran en virtud de un poder artificial, fortalecido por sus palabras y por la ley, en desmedro de la dignidad de los menos favorecidos; y es por esta razón que aunque ostentaran títulos nobiliarios como padres, maestros o consejeros, Jesús no los trata como tal, porque habían desvirtuado su misión de servir al pueblo en lo atinente a asuntos sociales y religiosos.
Por otra parte cuando Jesús les critica a las autoridades de su tiempo el hecho de crear leyes para oprimir al pueblo, no busca otra cosa sino hacerles notar que la ley por la ley no salva y siendo ésta, sinónimo de esclavitud, no podía favorecer los derechos de quienes la obedecieran; por lo tanto Jesús con valentía predica la necesidad de hacer vida el mandamiento del amor, entendido éste como el camino a la felicidad y por supuesto como la vía más expedita para ser felices y vivir como hermanos profesando su adhesión a una sola fe, a un solo bautismo y a un solo pastor.
Finalmente con afirmaciones como: “Todo lo que hacen es para que los vea la gente, alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les encanta ocupar los primeros puestos en las sinagogas y los asientos de honor en los banquetes”(Mt 23, 5-7) y también “Os habéis hecho tropezar a muchos en la ley, no os habéis guardado mis caminos”(Mal 2,8) Jesús denuncia una espiritualidad falsa, basada en ritos y en prácticas exteriores, no nacidas del corazón sino de un mandato legal que había que cumplir. Jesús con estas expresiones muestra la necesidad de experimentar la presencia de Dios en las entrañas más profundas del ser humano por encima de las formas ritualistas que le hacen vivir una espiritualidad disfrazada, vacía de contenido y por tanto sin sentido.
A manera de conclusión podemos decir que dos son las enseñanzas que nos ofrece hoy la Palabra de Dios, en primer lugar, que la Iglesia somos todos los bautizados y no solamente la jerarquía, y que debe ser una Iglesia que vive en comunión y participación, en la cual cada bautizado encuentre un espacio para vivir su adhesión incondicional a Jesucristo. Y en segundo lugar que la Iglesia considerada como el cuerpo místico de Cristo no puede convertirse en un escenario para ostentar puestos y cargos de honor; no puede ser el escenario donde se condene a quien no esté de acuerdo con ella; por el contrario como Madre y Maestra que es, ha de abrigar a su hijos en su regazo, sin distinción de puestos, cargos y funciones que aunque siendo importantes, no pueden convertirse en herramientas de subyugación y de opresión.
En virtud de lo todo lo anteriormente mencionado le suplicamos a María Santísima que nos conceda considerarnos miembros vivos de la Iglesia comunidad, de una Iglesia Madre, de una Iglesia en la cual sabiéndonos todos hijos de Dios, propugnemos por la creación de una nueva mentalidad, la mentalidad de la vivencia del amor que nos hace hermanos en Cristo y que nos sitúa en la senda del servicio a Dios y a los hermanos.

P. Ernesto León D. o.cc.ss
Superior Viceprovincial de Oblatos