Miércoles, diciembre 07, 2016

HOMILÍA PARA EL 27 DE MARZO DE 2011

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
VICEPROVINCIA DE OBLATOS EN COLOMBIA "PADRE JULIO MARÍA MATOVELLE"
HOMILÍA PARA El III DOMINGO DE CUARESMA 
Éxodo 17,3-7, Salmo 95; Romanos 5,1-2.5-8; Juan 4,5-42
   

“DAME DE BEBER”, le dijo Jesús a la samaritana, es la petición del Jesús humano, del Jesús histórico, que cansado y fatigado, necesitó de la misma humanidad para calmar su sed, sed que más tarde sería del pueblo y que habría de ser saciada por Él, ya en el sermón del monte  o ya en el árbol de la cruz.

“Dame de beber”, es la expresión de la gente de este tiempo que necesita saciar su sed de infinito en medio de un mundo que propone la inmediatez; su sed de escucha, de diálogo en medio del tumulto de hombres y mujeres que hablan al mismo tiempo; “dame de beber”, es la expresión angustiada del corazón humano que ansía comprensión y solidaridad en una cultura sumergida en la noche del egoísmo.
“Dame de beber” es el gemido de Jesús que está presente en la boca y el corazón del pobre que no tienen el pan de cada día, es la petición del Cristo que está en los enfermos que anhelan saciar su sed con el agua de la salud y la sanación, es el clamor de los secuestrados que imploran a gritos el agua de la libertad y de la compañía de los suyos. Al mismo tiempo “Dame de beber” es la súplica de los familiares de los secuestrados que desean beber el agua de la esperanza para sus corazones afligidos por la ausencia de los suyos.
“Dame de beber” es el clamor de aquellos que no han tenido acceso a la educación y que imploran el agua del conocimiento, el agua de la sabiduría.
“Dame de beber”, es el lamento de los desmovilizados que piden el agua de la inclusión social, no obstante sus delitos.
“DANOS DE BEBER SEÑOR JESUS”, de tu divina presencia, ha de ser nuestra oración en este domingo, tenemos sed de ti, hemos bebido de muchas aguas y nos han saciado poco, creemos en tu agua de vida Señor, sacia por completo los anhelos más grandes de nuestra vida, danos a beber el agua de tu Palabra, el agua de la Eucaristía, el agua de tu amor y de tu bendición.
Así como tu Señor eres agua para el mundo, que nosotros seamos agua para los nuestros, que seamos agua para el desconsolado y para el triste, agua para el que llora y vive acongojado; haz Señor que nosotros como buenos hijos tuyos seamos agua para nuestros padres y no motivo de sed  por nuestra desidia, irresponsabilidad y desobediencia.

María Santísima, que todos los días tengamos sed de Cristo y que nuestra vida sea agua viva para nuestros hermanos.

P. Ernesto León D. o.cc.ss
Superior Viceprovincial de Oblatos