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viernes, septiembre 22, 2017

HOMILÍA PARA EL 26 DE JUNIO DE 2016

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA EL XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C
1Re19, 16b. 19-21,  Sal 15, Gál 5, 1. 13-18, Lc 9, 51-62

El domingo pasado Jesús nos invitaba a confirmar nuestra fe en él y a cargar con la cruz de cada día para luego seguir sus huellas, y en consonancia con lo dicho, hoy el Señor nos recuerda que el imperativo de todo creyente es consagrarle su vida a él y sin excusas seguirlo con absoluta determinación.

En el caso de la primera lectura observamos en Eliseo, todo aquello que significa seguir a Dios más allá de las cosas temporales; nos referimos en primera instancia a la escucha abierta que tuvo éste para con Elías, escuchó su voz y se dejó estremecer, escuchó a Dios por medio de Elías y se dejó cautivar el corazón en aras de seguir a Yahvé; en segundo lugar, obedeciendo al llamado, respondió positivamente y con total confianza abandonó su cotidianidad y se fue detrás de Elías; y en último término en medio de su arraigo a su cultura, a sus tradiciones, a su profesión, a su juventud, a su trabajo cotidiano representado en las yuntas de bueyes y a su familia, Eliseo tomó una determinación, ofreció en holocausto una de las doce yuntas de bueyes a Dios y con decisión se entregó a sí mismo a Dios siguiendo los pasos del profeta más eximio del Antiguo testamento; en este sentido, Eliseo no sólo le ofreció a Dios como oblación una yunta de bueyes, le ofreció su vida completa como muestra de su adhesión incondicional a sus planes revelados a Elías.

Lo anterior nos lleva a pensar que siguiendo la imagen de Eliseo tres son las características del cristiano a la hora de seguir a Dios: La escucha de su palabra, la obediencia a la misma y el ofrecimiento de nuestra vida a él, reconociendo como es obvio el sentir del salmo 15 cuando el autor sagrado dice:

Mi suerte está en tu mano, hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me enseñarás el sendero de la vida

Ahora bien, aproximándonos al santo evangelio de hoy, acentuemos de manera consciente lo que significa SEGUIR A JESUCRISTO a través de tres escenas:

Escena 1. Mientras Jesús y sus discípulos iban de camino, se acercó un hombre y le dijo: Te seguiré a donde vayas, a lo que Jesús le respondió: “Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. Lo que podemos leer en esta narración es que el hombre que deseaba seguir a Jesús lo hacía animado  por las emociones, por la emotividad y por su sensibilidad; y en esta lógica, Jesús conociendo su corazón, ubica al personaje en la realidad, le hace saber que su reino no está cargado de triunfalismos mezquinos, que su característica nuclear es la cruz y  ésta plantada sobre tierra firme, la de la humildad y la del servicio. Por esta vía, la famosa expresión: “Te seguiré a donde vayas”, fue reevaluada por aquél hombre y aunque no sabemos si finalmente siguió a Jesús, lo que sí sabemos es que produjo en él una reacción reflexiva, la de comprender que no se puede ser discípulo del Señor sin haber entendido que más allá de los sentimientos, es necesario seguirlo con la vida.

Escena 2. A otro le dijo: Sígueme. Él respondió: “Déjame primero ir a enterrar a mi padre. Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios”.
En esta narración es Jesús quien toma la iniciativa, y en medio de la fuerza que contenía  su palabra, nunca eclipsó la libertad de aquél hombre, le permitió hablar y por tanto tomar sus propias decisiones; no obstante esto, Jesús con su respuesta lo invitó a considerar que él es el camino, la verdad y la vida; que el amor que hay que profesarle es más fuerte que el amor manifestado a quienes “más se ama”, que el amor a él ha de ser ilimitado y que en medio de los obstáculos, el amor hacia él, ha de salir siempre vencedor. Por este camino es importante decir que siendo los apegos a esta tierra muy fuertes porque están arraigados a nuestras entrañas, es necesario tomar decisiones serias hasta considerar que seguir al Señor conlleva la superación de todo aquello que aparece ante nuestros ojos como vida y que en el fondo es muerte, para luego asimilar que en él y sólo en él, tenemos vida en abundancia.

Escena 3. Te seguiré, Señor. “Pero déjame primero despedirme de mi familia. El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios”.
La iniciativa de este hombre fue muy loable y digna de admiración como lo son también la mayoría de nuestros propósitos, solamente que en el planteamiento de su deseo, el personaje de este relato le puso condiciones a Jesús, conociendo de antemano que el seguimiento al Señor desborda las fronteras, rompe cualquier tipo de límites y sobrepasa todo aquello que aparece como un obstáculo en la consecución de tal  propósito; así las cosas, hemos de entender que seguir a Jesús poniendo trabas y objeciones, se convierte en una cruz dolorosa que hay que llevar sobre los hombros porque aparece en nuestro ser la idea que es más fuerte el amor por las cosas y por las personas que el amor por él, cumpliéndose de esta forma todo aquello que conlleva “mirar hacia atrás”, que no es otra cosa sino añorar el pasado, amar la muerte, adorar lo viejo y recordar lo que ya fue; cerrándonos a la oportunidad de considerar lo nuevo que es Cristo, de amar la vida que es su proyecto de salvación y de seguir sus pasos que es su deseo.

Hermanos y hermanas, que la Virgen María nos ayude a fortalecer nuestra fe y a avivar nuestra esperanza para seguir al Señor sin vacilación alguna, sin límites, sin obstáculos, pero si con un corazón capaz de amar y perdonar en medio de los avatares de este mundo.

P. Ernesto León D. o.cc.ss

HOMILÍA PARA EL 26 DE JUNIO DE 2016

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