Viernes, diciembre 09, 2016

HOMILÍA PARA EL 26 DE JUNIO DE 2011

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
Viceprovincia de Oblatos en Colombia “Padre JULIO MARÍA MATOVELLE”
HOMILÍA PARA LA FIESTA DEL CORPUS CHRISTI
Deuteronomio 8,2-3, 14b-16; Salmo 147; 1Corintios 10,16-17; Juan 6,51-58

La solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo es para todos los Oblatos el motivo de su existencia y de su consagración, pues el carisma fundacional es eminentemente eucarístico y por tanto Jesús Sacramentado resulta ser la columna vertebral de la espiritualidad oblata.

Como es de su conocimiento, un CARISMA, - “ser hostias vivas en la tierra”, carisma oblato – no es algo privado, es un regalo de Dios dado por el Espíritu Santo al Fundador – Padre Julio María Matovelle y transmitido a su vez a la familia religiosa –Oblatos-.

Un carisma entonces si bien empieza como algo privado, luego es público; muchas personas lo asumen como espiritualidad, se convierte en un camino de santificación y es garantía de identificación con Jesucristo, en tanto en cuanto, todo carisma es una forma particular de vivir un aspecto de la vida de Él.
En la vida del Padre Matovelle, fundador de Oblatos y Oblatas, la Eucaristía ocupó siempre un lugar excelso; la fiesta del Corpus Christi era para Él la contemplación de la vida de Jesús bajo las características de hostia e inmolación; componentes esenciales de la oblatividad. Esta solemnidad arrancó de lo más profundo de sus entrañas poemas y versos bellos, que solo los podía componer un enamorado de Cristo.
A continuación un fragmento de la oda a la SAGRADA COMUNION.
Ven, Hostia divina,
Ven, hostia de amor,
Ven haz en mi pecho
Perpetua mansión.

Todo calla en torno
Del altar sagrado:
¡Oh, brisas, cuidado,
Ni un leve rumor!
No turbéis os pido,
No turbéis el sueño
De mi amante Dueño
Y amado Señor.
Vino de las vírgenes
Manjar de escogidos
Que en Ti hallan unidos
Sustento y amor:
¡ay, de quien no come
El pan de la vida!
¡Ay, del alma herida
Que a Ti no acudió!
¡Oh pan de los ángeles!
¿hay quién no se asombre,
Al ver como el hombre
Desprecia tal don?

Oh amor ignorado
No correspondido
Amor en olvido
Ultrajado amor.

Moras en los templos
Cual rey solitario,
Belén y Calvario
Tus altares son:
Atónitos gimen
Los ángeles mismos
Al ver este abismo
De infinito amor.

Hermanos y Hermanas, los versos antes mencionados no son más que flores nacidas en el corazón de Matovelle para quien fue su tesoro desde la infancia y a quien después ofreció su vida entera: Jesús.

A la fiesta del Corpus Christi concurre hoy todo hombre y mujer de buena voluntad que han entendido lo expresado en la segunda lectura tomada de San pablo a los Corintios cuando dice: “Beber de la copa bendita de la Eucaristía, ¿qué otra cosa es sino comulgar con la sangre de Cristo?, y tomar parte en la fracción del pan, ¿qué otra cosa es sino comulgar con el cuerpo de Cristo?”; estas son preguntas que se vuelven afirmaciones en sí mismas y hablan de la grandeza del misterio Eucarístico, que no es otra cosa sino la presencia real y verdadera del Hijo de Dios en medio de la humanidad, dándose como alimento de vida, alegría y esperanza.
La fiesta del Corpus Christi es para la Iglesia vida abundante, según lo expresado por San Juan en el evangelio, es signo de resurrección, es presencia permanente, es degustar desde ya la salvación, es degustar con el paladar del corazón humano, la divinidad infinita de aquel que un día ofrendó su vida entera por la humanidad.
Nuestras rodillas así como nuestro corazón se han de postrar en adoración frente a este gran misterio eucarístico; si bien el jueves santo se arrodilló la divinidad para besarle los pies a la humanidad, hoy en la fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, la humanidad se ha de arrodillar para besar con el alma el misterio divino de la presencia real de Jesucristo.
Esta Solemnidad nos debe hacer pensar también en las realidades de dolor que nos circundan, tenemos el pan espiritual, pero muchos hermanos nuestros no cuentan con el pan material ya no para calmar su hambre de infinito, sino para saciar lo que es vital para su cuerpo; a nuestros hermanos secuestrados se les ha retirado de la mesa el pan de la libertad, el pan de la alegría les ha sido vedado, el pan de su familia ha sido usurpado, y a cambio se les ha dado el pan de la barbarie, el pan de la esclavitud, el pan de la tristeza.
Nuestro pueblo, a raíz de los últimos sucesos que han oscurecido la vida política, se está alimentando con el pan de la incertidumbre, con el pan de la fatalidad, con el pan del desprestigio y por tanto de la incredulidad, y es que nos hemos olvidado de Dios, nos hemos olvidado de Cristo, pan vivo bajado del cielo y las consecuencias son notorias, corrupción, debilidad en la instituciones y desánimo estructural en la construcción de un mundo nuevo.
Hermanos y hermanas, poner nuestras voluntades a los pies de este misterio insondable, la Santa Eucaristía, es decirle al Hijo de Dios con ferviente fe, queremos volver a Ti, no nos escondas tu rostro, mira a nuestro pueblo que sufre violencia, consuela a los desvalidos, alza de la basura al pobre, y a nosotros bajo la protección amorosa del Corazón Inmaculado de María, concédenos ser pan de vida y consuelo para nuestros hermanos.
P. Ernesto León D. o.cc.ss
Superior Viceprovincial de Oblatos