Misioneros Oblatos o.cc.ss
domingo, septiembre 24, 2017

HOMILÍA PARA EL 25 DE SEPTIEMBRE DE 2016

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA EL XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Am 6,1ª.4-7; Sal 145; 1Tm 6,11-16; Lc 16,19-31

Para este XXVI domingo del tiempo ordinario la Iglesia nos ofrece un bello salmo para nuestra meditación, se trata del Salmo 145 frente al cual el pueblo aclama con alegría en medio de cualquier situación: ALABA ALMA MIA AL SEÑOR.  Desde nuestro punto de vista creemos que ésta es la oración que agrada a Dios, una oración de alabanza por las maravillas creadas por Él, una oración de alabanza por la tierra tan hermosa que nos ha dado, una oración de alabanza por la vida completa, adornada ésta de alegría y tristezas, de lágrimas y risas, de desilusiones y esperanzas pero al fin y al cabo vida y vida donde habita un Dios de amor y de perdón.

El salmista manifiesta que Dios en quien nosotros creemos, es un Dios que nos sostiene en toda circunstancia; es un Dios que tiene las puertas de su corazón de par en par para sus hijos e hijas tal y como somos; es un Dios compasivo y misericordioso lento a cólera y rico en piedad; es un Dios al decir del autor sagrado de este salmo, “que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos y que liberta a los cautivos”; en una palabra Dios es AMOR e invita a los  suyos a amar.

Por otro lado, sostiene el salmista  que ese Dios en quien nosotros creemos así como es amor también es PERDÓN, por eso con dulzura en el corazón y reconociéndose frágil y por tanto necesitado de Dios afirma: “el Señor abre los ojos al ciego, endereza a los que ya se doblan, ama a los justos y guarda a los peregrinos”; todos de alguna manera por el camino de nuestra existencia hemos experimentado ceguera y el Señor ha sido nuestra luz, nos han doblegado los azares de la vida, pero Él nos ha sostenido igual que a la casa edificada sobre la roca  de Cristo, hemos sido forasteros y Él nos ha acogido en su pecho; hermanos y hermanas esta es la imagen de Dios en quien hemos confiado nuestra vida, nuestras esperanzas y nuestras ilusiones.

Finalmente el autor sagrado, después de trazar la fisonomía de Dios desde el amor y el perdón, asiente sin temor a equivocarse que Dios es ESPERANZA, pues “sustenta al huérfano y a la viuda”; es ánimo para los corazones vacilantes en la fe; es entusiasmo para aquél que está desilusionado y  triste, y en último término “Él reina eternamente en nuestros corazones”; así pues, si Dios es nuestra esperanza ¿a quién tememos?, ¿quién nos podrá apartar de Él?  Pregunta  San Pablo, ¿el hambre?, ¿el temor?, ¿la desnudez?, ¿el odio?, ¿la venganza?, ¿la indiferencia?; nada, todo lo vencemos en aquél que nos conforta; en definitiva hemos sido creados para amar, servir y perdonar; así es Dios con nosotros, intentemos hacerlo con los demás.

A manera de conclusión y acudiendo  al evangelio de hoy Lc 16, 19-31,  podemos decir que a aquél que ama a sus hermanos, que a aquél que perdona a los suyos y que a aquél que vive con esperanza se le abren las puertas del cielo.

Hermanos y hermanas bajo el regazo amoroso de María Santísima, hagamos de nuestra vida y de la vida de los otros un cielo.

P. Ernesto León D. o.cc.ss