Jueves, diciembre 08, 2016

HOMILÍA PARA EL 25 DE DICIEMBRE DE 2016

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA EL 25 DE DICIEMBRE DE 2016
Isaías 52, 7-10; Salmo 97, Hebreos 1,1-6; Juan 1,1-18.

Queridos feligreses:
Presento a todos ustedes un saludo muy especial en Jesucristo recién nacido para la salvación del mundo, augurando a la vez, que la expresión “FELICES PASCUAS” que nos decimos y deseamos cariñosamente los unos a los otros, sea el preludio de relaciones interpersonales cada vez más fraternas y sinceras, animadas por el bálsamo de la amistad y nutridas por el fuerte abrazo de los hermanos y hermanas que se estiman.
La palabra del Señor en este día de solemne fiesta, nos muestra que Dios se ha manifestado a la humanidad entera de múltiples maneras, pero que si bien las manifestaciones han sido muchas, la Revelación ha sido una sola, que no ha terminado, sino que continúa en Jesucristo. Por lo anterior hermanos y hermanas, nosotros en esta fiesta de la Navidad no vimos nacer una manifestación más en el portal de Belén, o en los pesebres artificiales que hemos fabricado en nuestras capillas y en nuestras casas, hemos visto nacer la única Revelación de Dios al mundo: Jesucristo hecho niño que sobrepasa las diversas manifestaciones de Dios para su pueblo.

No en vano el autor sagrado de la epístola a los Hebreos dice: “En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los Profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo”. Al heredero del mundo lo recibimos con el corazón abierto en esta navidad y es nuestro deseo que se quede a vivir para siempre en el seno de nuestros hogares.

Con Jesús recién nacido ha de nacer la esperanza para nuestro pueblo, con el Dios encarnado ha de nacer la fortaleza para aquellos que la vida ha golpeado; con la única y máxima revelación de Dios a la humanidad: Jesucristo, ha de nacer la libertad para los presos, la libertad para los secuestrados, la ilusión para aquellos que no desean vivir aún estando jóvenes, la luz y la sabiduría para aquellos que caminan por las sendas de la oscuridad y la ignorancia; el consuelo para aquellos que lloran, la frescura del agua para calmar la sed hiriente de quienes han sido víctimas del conflicto, la sanación para los corazones heridos y cómo no el amor para aquellos que han experimentado o han sido artífices del odio, la discordia y la desolación.

Por otra parte, San Juan en el Santo evangelio de hoy nos recuerda que Jesús existía desde siempre, Jesús como Palabra estuvo desde el principio de la creación, estaba junto a Dios, la Palabra era Dios, por medio de ella se hizo todo, porque ella es vida y como vida es luz para los hombres. Pero dice también que esta luz brilló en medio de la tiniebla, y la tiniebla no la recibió, vino al mundo y éste no la recibió, vino a las casas y los residentes no la recibieron; sin embargo a cuantos la recibieron les dio poder para ser hijos de Dios.

Nosotros hoy tenemos en nuestras manos como líderes de una comunidad religiosa, social, familiar o educativa, la grave responsabilidad de recibir o no para nosotros y para los nuestros la Luz y la Palabra que es Jesucristo, una Luz y una Palabra que son sinónimo de Vida, nacimiento y gracia. Tenemos la obligación de propiciar ambientes de serenidad y alegría en donde se respire el suave aroma del recién nacido, que nos constituye en hijos de Dios.

María Santísima ayúdanos a hacer perdurable en nuestras vidas el gozo de esta navidad.

P. Ernesto León D. o.cc.ss