Sábado, diciembre 10, 2016

HOMILÍA PARA EL 23 DE ABRIL DE 2011

Misioneros Oblatos de los cc.ss de Jesús y María
Gn 1,1-2,2; Salmo 103¸Gn 22,1-18, Salmo 15; Exodo 14,15-15,1, Salmo Éx 15,1-18; Isaías 54,5-14, Salmo 29; Isías 55,1-11, Salmo Is 12,2-2.4-6; Baruc 3,9-15.32-4,4, Salmo 18; Ezequiel 36, 16.17ª.18-28,  Salmo 41 y 50; Romanos 6,3-11, salmo 117, Mateo 28,1-10
HOMILÍA PARA EL SABADO SANTO
SOLEMNE VIGILIA PASCUAL

Queridos hermanos y hermanas en Jesucristo Resucitado.

La noche de la muerte ha terminado ya y con el canto alegre del aleluya, canto de vida y de victoria, se anuncia el nuevo día que comienza con Jesucristo que ha abandonado el sepulcro y que ahora se enseñorea sobre el mundo entero como el Hijo de Dios que ha vencido las ataduras de la muerte.

 

Con la resurrección de Jesucristo e iluminado este acontecimiento con los pasajes del Génesis que proclamamos al inicio de la liturgia de la palabra, ha empezado la nueva  creación, la esclavitud de la muerte ha cesado y ahora se empieza la vida en Cristo que clama “Dios nos creo libres”. La vieja creación, nuestra antigua condición de pecadores han quedado sepultadas en el sepulcro del pasado y con la resurrección gloriosa del Señor no obstante nuestra fragilidad, la esperanza se renueva, las ilusiones se cumplen y los buenos propósitos generan en la vida de los otros progreso y bendición.

En la Vigilia Pascual de esta noche santa, se les ofrece a los creyentes el dato que sostiene el edificio de la fe, se trata de la resurrección del Señor que se convierte en la piedra angular de la tradición cristina, sustento firme que nos permite seguir creyendo en aquel que ha abandonado el sepulcro de la depresión y de la angustia.

En esta noche santa, Jesús resucita para el mundo entero, resucita para los buenos y para los malos, resucita para los santos y también para los pecadores, para los sensatos y para los necios, para el sabio y para el ignorante, para el pobre y para el rico; Jesús resucita para quienes promueven la paz y también para los gestores del conflicto a quienes los invita a enterrar las armas en el sepulcro de la guerra y a empuñar a cambio las herramientas de la paz y de la reconciliación. 

La resurrección del Señor constituye para el pueblo cristiano un nuevo comenzar, un renacer en Él y en su esperanza, y por eso nuestra oración de hoy junto a la alegría del resucitado, se ha de elevar a Dios en una sola plegaria diciendo, concede la paz a nuestros corazones para que podamos ser pregoneros en nuestra Patria de paz y de concordia.

En la Vigilia de la resurrección del Señor todos encendemos un cirio, ese cirio es Jesucristo iluminando las tinieblas de nuestra vida, esa luz es la presencia viva y real del Señor Jesús entre nosotros, gracias a esa luz que ilumina nuestra conciencia podemos discernir ahora cuáles comportamientos resultan ser de resurrección y cuáles de muerte. Como antorchas humanas tenemos el compromiso de iluminar la vida de nuestros hermanos, así como Jesús ilumina las nuestras, no podemos ocultar o negar  para los demás la luz de nuestros valores y capacidades, la luz de nuestro entusiasmo y fortaleza, ni mucho menos la luz de una palabra de aliento que anime a los decaídos. Hermanos y hermanas que la luz de Jesucristo no se eclipse jamás en el horizonte de nuestra existencia.

Por otra parte el agua bendecida en esta Santa Vigilia de Resurrección, lejos de ser un agüero o una simple costumbre propia de una fe infantil, es para la humanidad signo de resurrección, de renovación, de regeneración en el espíritu, por medio de ella, esa noche renovamos nuestras promesas bautismales y por tanto  nuestra adhesión a Jesucristo ahora es consciente e incondicional. En la narración del libro el Éxodo encontramos una  alusión expresa sobre el agua, cuando Dios  - independientemente de toda interpretación – se vale del agua del mar Rojo para concluir la conquista de la libertad para el Pueblo de Israel.

Hermanos y hermanas, la Vigilia Pascual de esta noche, cuando Jesús resucita ha de ser para todos nosotros motivo de alegría y esperanza, anhelando ante todo, que el Dios de la vida nos conceda a nosotros y a nuestro pueblo resucitar a la paz tan anhelada. Felices Pascuas de resurrección.

 

P. Ernesto León D. o.cc.ss

Superior Viceprovincial de Oblatos