Martes, diciembre 06, 2016

HOMILIA PARA EL 22 DE ENERO DE 2017

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILIA PARA EL 22 DE ENERO DE 2017
III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Isaías, 8,23-9,3; Salmo 26, 1Corintios 1,10-13.17; Mateo 4,12-23

Queridos hermanos y hermanas

Es importante referirme hoy al contexto histórico de la primera epístola de San Pablo a los Corintios, con el ánimo de interpretar mejor el mensaje que este texto nos trae este domingo.

Corinto era una ciudad muy populosa y moderna, contaba con mucho comercio y al tiempo la corrupción en todo sentido se enseñoreaba, contaba con un templo dedicado a Afrodita y de manera fundamental la desigualdad social y por tanto la división entre unos y otros era evidente.

En Corinto habría vivido Pablo por un año y medio, estableciendo allí una comunidad cristiana; mientras estuvo animándola todo marchaba bien; sin embargo, a su partida todo cambió, las diversas posturas doctrinales empezaron a aflorar, generándose una división al interior de la comunidad fundada por Pablo, unos decían somos de Pablo, otros decían somos de Apolo, de Cefas, y algunos somos de Cristo; así como hubo división en lo religioso, también hubo división en lo social.

Pablo entonces al darse cuenta de la situación, escribe la primera epístola a los Corintios, que es la que tenemos en nuestras manos en la segunda lectura, carta que habría sido escrita en el año 57 d.C. en la cual llama a la comunidad a la unidad tanto en lo doctrinal como en los social, profundizando en temas tales como las inmoralidades, la corrupción, el orgullo, los bandos, los partidos, la cena del Señor, los tribunales paganos, el matrimonio, la jerarquía religiosa, el himno a la caridad y la resurrección, entre otros.

Le habla Pablo a esa comunidad en un tono enérgico recordándoles que Cristo murió por ellos, que les ha dado la salvación y que por tanto su obrar no es digno de un cristiano.

Posiblemente esta epístola nos venga bien a nosotros, pues vivimos inmersos en un mar de divisiones doctrinales, en divisiones sociales que saltan a la vista, se sigue estableciendo en nuestro mundo la gran brecha entre ricos y pobres y lo que es peor las divisiones exteriores ahora se evidencian también en el seno de nuestras familias como si Cristo no hubiera muerto por la unidad de sus hijos, los diversos actores del conflicto en el mundo entero han sembrado a su paso la división que Pablo denuncia, la guerra que Dios no quiere, estableciendo así en nuestras culturas un culto especial a la muerte.

Hermanas y hermanos, nuestro compromiso producto de la primera epístola a los Corintios ha de ser el de instaurar en nuestro corazón el deseo de ser instrumentos de unidad y de paz, el deseo de ser para nuestras familias pregoneros de buenas noticias, la buena noticia de Jesucristo que trae consigo la unidad.

Por otra parte el evangelio de hoy según san Mateo, muestra a un Jesús empezando su vida pública, es decir el ejercicio de la predicación, su obrar prodigioso, en una palabra haciendo presente en el mundo la salvación llevada a su plenitud en la cruz.

San Mateo nos muestra hoy a un JESÚS que invita a sus apóstoles porque necesita ayuda, que llama porque los obreros son pocos y la mies es mucha, que atrae porque su palabras son vida, que convoca porque el Reino es para todos, nos muestra a un Jesús humilde amigo de los sencillos y compañero de los pescadores a quienes llamó primero. Hoy Jesús nos llama a todos a servirle, a amarle y a seguirle y lo hace en la persona de Pedro, Andrés, Santiago y Juan, quienes sin miedo, sin pero, sin obstáculo alguno le dijeron al Señor, “Te seguiremos a donde vayas”.

Hoy también nosotros con gran amor y alegría vamos a decirle desde los más profundo de nuestra vida que queremos emprender este año 2017 en su presencia, que queremos que el Señor se suba a la barca de nuestra vida y que sea nuestra compañía, que queremos que el Señor navegue con nuestras familias por el mar del mundo, un mar a veces tranquilo y en ocasiones impetuoso, le pedimos que navegue junto a nuestra comunidad para que podamos ser pregoneros de su palabra que es vida para el mundo.

No podemos terminar esta reflexión sin antes decirle al Señor recordando una de las tantas acciones que realizó a favor de la gente como la planteada al final del evangelio de hoy cuando dice el autor: “curaba toda clase de enfermedades y dolencias en el pueblo”, que cure nuestras enfermedades ya del alma ya del cuerpo, que le conceda la salud a nuestros familiares y amigos que se encuentran enfermos y que sea para todas aquellas personas que tienen a sus familiares postrados en el lecho del dolor, consuelo y esperanza.

Hermanos y hermanas que este nuevo año que estamos empezando sea para todos nosotros un tiempo de bendiciones y para nuestras familias tiempo de grandes éxitos y que María Nuestra Madre del Cielo sea el ánimo que necesitamos para afrontar situaciones conflictivas.

P. Ernesto León o.cc.ss