Domingo, diciembre 11, 2016

HOMILÍA PARA EL 21 DE AGOSTO DE 2011

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
VICEPROVINCIA DE OBLATOS EN COLOMBIA “JULIO MARÍA MATOVELLE”
HOMILIA PARA EL XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A
Is 22,19-23; Sal 137, Rm 11,33-36: Mt 16,13-20

Queridos hermanos y hermanas:
En el evangelio de hoy según San Mateo en el capítulo 16, encontramos cuatro aspectos importantes que a continuación tratamos.

 

En primera instancia la confesión de fe por parte de Pedro a la pregunta ¿quién soy yo?: “Tu eres el Hijo de Dios vivo”, por encima de la respuesta clásica de: “Tu eres el Mesías”, manifiesta una novedad interesante; se trata de una profesión de fe más elaborada, proveniente de una comunidad cristiana que ha desarrollado su fe de manera madura.  Con la expresión “Tu eres el Hijo de Dios vivo”, se quiere mostrar fundamentalmente tres aspectos:

1.- La relación íntima y absolutamente filial que existe entre el Padre y el Hijo y la comunicación de amor entre los dos como signo de unidad.

2.- La fe se fundamenta, se construye y se sostiene sobre la base de un Dios de vivos y no de muertos y en este mismo sentido la fe de los apóstoles del Señor, como la de nosotros, quienes somos los nuevos discípulos y misioneros de Jesucristo, se edifica sobre la presencia de un Dios real que camina a nuestro lado, que siente compasión de nosotros, que nos ama, que nos perdona y que se ha  revelado por su Hijo amado Jesús.

3.- La fe en el hombre es un don de Dios,  es una iniciativa de Él; que exige una respuesta por parte del creyente a la manera de Pedro, pero no una respuesta académica, no una respuesta cimentada solamente sobre la base de innumerables enseñanzas; sino una respuesta sembrada por Dios en el corazón de quien lo ama, quien le hace capaz de proclamar: TU ERES EL HIJO DE DIOS VIVO; por esta razón la confesión de mesiandad hecha por Pedro se atribuye a una revelación divina por encima de todo saber humanamente construido.
En segundo lugar, en el relato de hoy, notamos que Jesús le dio a “SIMON” un nombre nuevo: “Pedro”, que procede del griego “PETROS” que es la forma masculinizada del nombre femenino “petra”, que significa “roca”, la razón preponderante por la que Jesús llama a Pedro, “roca”, es en virtud de la fe que este último demostró en su confesión; se trata de una fe capacitada para dar la vida por Jesús, claro está sin desconocer la condición humana de ese Pedro que más tarde dice no conocer a Jesús; es claro en todo caso, que en el contexto del capítulo 16 de San Mateo, Pedro es el modelo para los 12 y al mismo tiempo su portavoz en la fe profunda que hay que profesar en Jesucristo el Mesías. Desde esta perspectiva, los invitamos a entender una vez que la fe en el Señor no puede ser sinónimo  de nuestros sentimientos y emotividades que en realidad son pasajeros; sino por el contrario, de nuestra adhesión incondicional a Él, principio y fin de nuestra condición creyente.
En tercer lugar,  la expresión presente en el evangelio de hoy: “el poder del infierno no la derrotará”, refiriéndose a la Iglesia, no  se puede entender literalmente; porque en este contexto el infierno no se refiere al poder del mal, sino al poder de la muerte. En la Sagrada Escritura y hablando del pasaje que nos ocupa, el tratamiento teológico  que se le da al infierno es  el de “s’eol”, que es la morada bíblica de los muertos, lugar donde fue Jesús de acuerdo a nuestra profesión de fe dominical: “Jesús descendió a los infiernos” que se traduce en el hecho mismo de que Jesús murió, de que Jesús descendió al lugar de los muertos y que con la fuerza de la vida resucitó al tercer día. Lo anterior nos lleva a concluir que nuestra Iglesia no morirá porque su fundamento está vivo: Jesucristo, quien actúa todos los días a favor de la misma, quien es su esposa; de igual forma concluimos que nuestra profesión de fe cotidiana se hace sobre la presencia real de un Dios vivo y no sobre la “presencia inerte” del dueño de la vida.
En cuarta instancia, el acto de “conferir las llaves”,  es un signo con el cual se confiere autoridad a alguien, en este caso a Pedro; lo anterior es muy semejante a la situación que encontramos relatada  en la primera lectura de hoy  de Isaías 22,22 en donde observamos que  Dios le dice a Sobná que lo destituirá de su cargo y que le entregará las llaves de palacio real a Eliacín, hijo de Elcías; mostrando con este hecho que todo está regido por la autoridad de Dios, quien sigue actuando en la historia y que mientras la autoridad humana es minada, su autoridad permanece por los siglos. 
En el pueblo de Israel “la llave”, era el símbolo del cargo que ostentaba el jefe de palacio, por cierto, el cargo  más alto entre los dignatarios de la corte israelita,   de lo cual podemos deducir que Jesús siguiendo esta línea cultural, le entrega las llaves a Pedro como  jefe del nuevo palacio que es la Iglesia, fundada por Jesucristo, edificada sobre la roca de Pedro y sostenida por la asistencia del Espíritu Santo.
Hermanos y hermanas, que la liturgia de la palabra de hoy nos ayude a comprender bajo la mirada dulce del Corazón Inmaculado de María, que nuestro nuevo nombre es el de los Hijos de Dios, que nuestra fe está edificada sobre Jesucristo, “Señor de vivos” y que a semejanza de Pedro todos los días hemos de decirle al Señor postrados ante la Divina Eucaristía: “Tu eres el Hijo de Dios Vivo".

P. Ernesto León D. o.cc.ss

Superior Viceprovincial de Oblatos